agosto 1, 2021

Mesa ya no puede sostener que no hubo golpe de Estado


Por La Época-.


Las declaraciones de la expresidenta de facto, Jeanine Áñez, ante el Ministerio Público, que la procesa por los delitos cometidos hasta antes que se consumara el golpe de Estado contra el expresidente Evo Morales el 12 de noviembre de 2019, arroja los suficientes elementos probatorios de que hubo una interrupción no democrática e incorpora datos sobre la comisión de delitos por parte de los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Tuto Quiroga, aunque de manera más clara del dos veces derrotado candidato a la presidencia en las elecciones de octubre de 2019 y 2020.

La segunda exvicepresidenta del Senado, que ante la renuncia forzosa de Adriana Salvatierra a la presidencia de esa instancia legislativa “brincó” directamente a instalarse como presidenta de facto en la tarde del 12 de noviembre, dio a conocer nuevos datos, hasta ahora desconocidos, en sus declaraciones ante el Ministerio Publico la semana que termina. Áñez declaró que Mesa se opuso a seguir la línea de sucesión establecida por la Constitución Política del Estado (CPE) luego que Morales fuera derrocado el día 10.

Ante la posibilidad de que la senadora del Movimiento Al Socialismo (MAS) asumiera la conducción del Estado, Áñez dice textualmente: “Y le consulta (Salvatierra) si eso sería aceptado por el señor Carlos Mesa. El señor Quiroga llama al señor Carlos Mesa por teléfono para consultarle y este le responde que la ciudadanía no aceptaría esa sucesión, (que) las protestas continuarían”.

La posición del excandidato a la presidencia es bastante irónica con la historia. En octubre de 2003, después que una poderosa sublevación democrática forzara la dimisión de Gonzalo Sánchez de Lozada, el historiador asumió la titularidad del Estado por voluntad de los movimientos sociales, cuyo apego a la institucionalidad –que Mesa careció en 2019– fue la decisión correcta y la garantía para que la derecha no esgrimiera el argumento de la ruptura del orden democrático. La rebelión popular, unas 20 veces más poderosa que la movilización ciudadana que derrocó a Morales, pudo perfectamente haber conseguido, si se lo proponía, la renuncia plena del Gobierno neoliberal y “tomar el poder por asalto”. Pero no lo hicieron por madurez política y esa posición fue clave, entre otros elementos, para asegurar la victoria de diciembre de 2005.

Pero el autoproclamado demoliberal se encargó de pintarse de cuerpo entero. La democracia le es solo una palabra vacía. Queda demostrado que Mesa, en vez de convocar a respetar la Constitución y el orden democrático, más bien se puso a la cabeza de allanar el camino del golpe de Estado, lo que nos ofrece dos lecciones: primera, que es la derecha en todas sus expresiones y no la izquierda la que cede ante la tentación autoritaria; y segunda, que dictadura y elecciones son dos proyectos indiferenciados para el bloque oligárquico-imperial.

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