octubre 19, 2021

Presión sobre los precios

Por Arturo Huerta González  *-.


El enfoque convencional adjudica la inflación al exceso del gasto público y a la mayor emisión monetaria. Hay que señalar que, en la mayoría de los países latinoamericanos ha venido predominando la política de austeridad fiscal, de recortes presupuestales, por lo que no hay incremento de demanda que presiones sobre precios. A este menor gasto se suma el derivado por el menor poder adquisitivo de grandes sectores de la población, por el problema del desempleo y la creciente pobreza.

La expansión de liquidez que han generado algunos bancos centrales se ha dirigido a beneficiar al sector bancario, lo que ha favorecido el precio de los activos financieros en las bolsas de valores. No se ha incrementado la liquidez a favor de los gobiernos para que gasten más, para que haya mayor empleo y demanda, por lo que no ejerce presiones sobre precios de los bienes y servicios, y además, esa liquidez no se traduce en expansión de créditos para impulsar a los sectores productivos y el empleo.

La inflación que se está presentando es porque se ha estado abriendo la economía, y el problema es que la demanda existente no está siendo acompañada de un aumento de la producción tal que evite alza de precios.

El cierre y confinamiento de empresas que predominó en la mayor parte de 2020, llevó a que cayera la producción, y ante la caída de demanda no hubo presiones sobre precios. Sin embargo, al irse abriendo la economía, las empresas recurren a inventarios para satisfacer la demanda y al acabarse estos hay presiones sobre precios. Estos también aumentan, pues las empresas con ello esperan resarcir las pérdidas que enfrentaron. Procederán a incrementar la producción, hasta que vean expectativas claras de crecimiento, que no están presentes. Ello explica la caída de la inversión, lo que acentuará la escasez de producción y las presiones sobre precios. Ello llevará a que la inflación no tenga un carácter transitorio, como varios gobiernos han señalado.

Diversos productos agrícolas presentan alzas de precios por problemas no solo de sequía, sino también por la inflación externa que se trasmite por las importaciones a las que se recurre para encarar los rezagos productivos internos. Ello es consecuencia de falta de política agrícola, como de insuficiente infraestructura hidráulica para incrementar las áreas de riego para el mejor cultivo, para lograr la autosuficiencia en granos básicos y así asegurar el abasto nacional a bajos precios y no tener que recurrir a importaciones. A ello se suma la especulación que se está dando en varios productos agropecuarios y materias primas, que están elevando sus precios, ante la inviabilidad de asegurar el abasto interno. Está del mismo modo el impacto inflacionario que se deriva de eventuales devaluaciones cambiarias que se presentan en algunos países, ante la vulnerabilidad e incertidumbre que enfrentan.

De ahí que los gobiernos instrumentan políticas de alta tasa de interés y de austeridad fiscal a favor de la estabilidad del tipo de cambio, para contener la inflación y sobre todo favorecer al sector financiero, que no quiere que la moneda controlada por ellos se devalúe.

El costo de ello, es que tales políticas contraen el crecimiento económico e incrementan el desempleo.

Comúnmente las alzas de precios de productos agropecuarios son seguidas de aumento de salarios, lo que termina acelerando y generalizando la inflación. Difícil será que ello acontezca, dados los altos niveles de desempleo y subempleo existentes, y los bajos niveles de sindicalización existentes en la mayoría de los países, y porque la mayoría de los partidos políticos dejaron de defender los intereses de los trabajadores.

Al no ajustarse los salarios a la inflación, continuará deteriorándose el poder adquisitivo de la mayoría de la población y acentuándose la pobreza y la desigualdad del ingreso, a favor de las empresas y especuladores. La mayor ganancia configurada no se traduce en más inversión productiva que reactive la economía e incremente el empleo, sino que se canaliza a actividades especulativas y financieras, como a pagar deuda.

El nivel de la actividad económica de los países está por debajo del nivel que se tenía antes de la pandemia, por lo que no se ha recuperado a su vez el desempleo perdido. Y, de hecho, cuando acontecen las recuperaciones, la absorción de empleo crece en menor proporción, por lo que permanecerá por mucho tiempo el desempleo, a no ser que se instrumente una política de empleo, que no pasa por la mente de muchos de los que nos gobiernan.

Los conservadores defienden las políticas de austeridad fiscal y la política monetaria restrictiva para mantener frenada la demanda y las presiones de precios que esta genera, así como para incrementar el desempleo y debilitar el poder de negociación de los trabajadores, para mantener bajos los salarios y las prestaciones laborales y evitar presiones de costos y precios. Sin embargo, tales políticas no frenarán la inflación, pues esta, como ya se dijo, no es derivada de exceso de demanda, sino por los rezagos productivos que presentan las economías latinoamericanas, que da lugar a que opere la especulación sobre precios.

De proseguir la austeridad fiscal para reducir la demanda y las presiones sobre precios, terminará por frenar más la producción, lo que mantendrá las presiones sobre precios derivadas de escases de producción. Si los recortes presupuestales van acompañados de alzas de la tasa de interés, ocasionaría problemas financieros y de insolvencia en empresas y familias dados sus altos niveles de endeudamiento, que disminuirían consumo e inversión y originarían problemas de inestabilidad en el sector bancario.

Sale muy costoso a las economías tratar de controlar la inflación restringiendo demanda con altas tasas de interés y recortes presupuestales, pues tales políticas disminuyen la producción y la productividad, y originan presiones sobre precios. Además, aumentan la cartera vencida y terminan configurando un contexto recesivo con presiones inflacionarias e inestabilidad bancaria-financiera.

El problema no es solo el alza de precios, sino la falta de una política salarial que los ajuste permanentemente a la inflación y al crecimiento de la productividad. Se requiere sobre todo que se atiendan los factores que generan la inflación, como es la escasez de la producción, la baja productividad, la falta de política agrícola e industrial, la falta de crédito barato como de gasto público a favor del impulso de la esfera productiva y que se combata la especulación.


  • Profesor de posgtrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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