octubre 19, 2021

Filtraciones revelan complot para un segundo golpe de estado en Bolivia

Por José Galindo * -.


La investigación, documentada y apoyada por varias fuentes, demuestra fehacientemente que miembros del gobierno de Jeanine Áñez estaban dispuestos a desconocer los resultados de las elecciones del 18 octubre de 2020 con apoyo de mercenarios estadounidenses. De igual forma refuerza las acusaciones en contra de los principales instigadores del derrocamiento de Evo Morales en 2019, en el sentido de que se habría tratado de un golpe de Estado y no de una rebelión de masas. Revelaciones más recientes respecto al rol de la Iglesia católica en los días de crisis postelectoral añaden nuevas razones para pensar que más que una movilización popular-urbana lo que puso fin a 14 años del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) fue una conspiración golpista cívico-militar.

El prestigioso medio digital estadounidense The Intercept publicó el pasado jueves 17 de junio un reportaje que revela que el exministro de Defensa de facto, Luis Fernando López, tenía la intención de ejecutar un segundo golpe de Estado luego de que Luis Arce fuera declarado como vencedor en las elecciones generales de octubre pasado. En el complot estarían involucrados el exministro de Gobierno, Arturo Murillo, y el excomandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Sergio Orellana, además de mercenarios estadounidenses e incluso algunos militares retirados de aquel país.

La noticia sale a la luz paralelamente a nuevos indicios que involucran a altos representantes de la Iglesia católica en el golpe de Estado de noviembre de 2019, mientras el expresidente Carlos Mesa se resiste a prestar su declaración como testigo acerca de los hechos de este último acontecimiento. Todas las pruebas apuntan, sin embargo, a confirmar que el derrocamiento de Morales fue una conspiración golpista.

Las develaciones dispuestas por la investigación de Laurence Blair y Ryan Grim para The Intercept se basan en un conjunto de audios, entrevistas y cotejamiento de datos que colocan a los dos exministros fuertes del gobierno de Áñez junto con otras personas cercanas a su círculo inmediato como los principales elementos de conspiración en contra del orden constitucional y la vida de las bolivianas y los bolivianos, dando a entender que lo que se buscaba, a fin de cuentas, era el derramamiento de sangre en el país.

El plan, concretamente, consistía en transportar cientos de mercenarios estadounidenses desde Miami hasta Santa Cruz, vía El Trompillo, quienes prestarían apoyo táctico y estratégico a miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, que se levantarían en contra de un nuevo gobierno dirigido por el MAS, junto con bandas paramilitares, bajo el pretexto de que el presidente Arce desplazaría a ambas instituciones para reemplazarlas por milicias armadas compuestas por ciudadanos cubanos, venezolanos e iraníes. Dicho despliegue logístico y de personal da a entender que se buscaba provocar enfrentamientos y, finalmente, la eliminación física de los simpatizantes y bases de apoyo del MAS.

Y aunque no se revelan más datos al respecto, igualmente se puede leer, en el artículo, que se tenía monitoreado incluso al expresidente Morales desde su lugar de residencia, a quien, además, tratarían de ubicar diligentemente, lo cual podría sugerir la existencia de planes para atentar contra su vida.

Extractos y principales implicados

“Quiero enfatizar lo siguiente –se escucha decir a López en uno de los audios–, el comandante de las FF. AA. está trabajando en todo esto”, refiriéndose entonces al general Orellana, quien escapó hacia Colombia en noviembre y sobre el que ya había dado la alerta Morales desde su exilio en Argentina.

“He estado trabajando en esto toda la semana (…) puedo garantizarte que en este momento tenemos unas FF. AA. unidas, no al 100%, porque obviamente hay azules entre ellos (…) puedo garantizarte que el 95%, 98% son súper patrióticos y no quieren desaparecer”, le dice López a Joe Pereira, un contratista estadounidense que, de hecho, estuvo preso en Santa Cruz en 2016 bajo cargos de fraude, y la segunda figura de relevancia en la intriga golpista que el exministro trató de llevar adelante frente al masivo apoyo logrado por Arce en las justas electorales de 2020.

Pereira es, al mismo tiempo, miembro del grupo evangélico Bridge2Life, o Puente a la Vida. Durante el golpe de Estado de 2019 se hicieron patentes las acciones que involucraban a varias sectas evangélicas dentro de Bolivia.

“El alto mando militar ya se encuentra en charlas preliminares (…) la lucha, el elemento aglutinador, es que el MAS quiere reemplazar a las FF. AA. bolivianas y la Policía con milicias cubanas y venezolanas. Ese es el punto clave. Ellos van a permitir que Bolivia se levante y bloqueen una administración de Arce. Esa es la realidad”, continúa el extitular de Defensa.

En la llamada de 15 minutos, Pereira asegura que no será difícil proveer armas a los mercenarios y pregunta cuántos aviones Hércules C-130 tiene a su disposición el exministro para transportarlos, quien le responde que solo puede asegurar uno, dado que en Bolivia solo hay tres y los otros dos se encuentran bajo la autoridad de la Policía. “Después de la llamada que estoy teniendo contigo, haré lo mismo para coordinar con las autoridades de la Policía. Con el alto mando”, le replica Pereira, aclarando que las tropas serían recogidas de tal manera que aparezcan como contratistas privados y no como representantes del Gobierno norteamericano.

“Vamos a poner a toda esa gente bajo contratos caparazón para compañías bolivianas que ya se encuentran operando en el país (…) puedo conseguirte 10 mil hombres sin problema alguno. Pero no creo que necesitemos 10 mil (…) Todas fuerzas especiales. También puedo traer cerca de 350 que llamamos LEPs (por sus siglas en inglés), profesionales en la Aplicación de la Ley, para guíen a la Policía (…) Junto conmigo, tengo una nómina de personal que puede manejar varios trabajos diferentes (…) si necesito algo más, los traeré volando de encubiertos, como si fueran fotógrafos, como si fueran pastores, como si fueran médicos, como si fueran turistas”, concluye Pereira.

No obstante, el artículo objeta el optimismo de Pereira respecto a su capacidad para conseguir el personal mercenario prometido, a partir de las aclaraciones de David Sherman, un reclutador a quien Pereira solicitó ayuda, que declaró a The Intercept que “no se podría conseguir 10 mil personas aunque Blackwater volviera al negocio y rumbo a Irak”. Blackwater, debe añadirse, es una famosa compañía militar privada, o mercenaria, conocida por haber cometido numerosos casos de violaciones a los Derechos Humanos durante la ocupación de Irak y Afganistán.

Seguidamente interviene Luis Suárez, el traductor de Pereira, para hacer una pregunta importante a López: “¿Qué tan listos están todos ustedes para hacer que esto funcione? ¿Están listos para llevar a cabo operaciones psicológicas, están listos para manipular información de la misma forma que lo hace el MAS?” “¡100%!”, fue la respuesta del entonces Ministro.

Suárez no es un traductor cualquiera. De acuerdo a los periodistas de The Intercept, es un boliviano-estadounidense, exsargento del Ejército de los Estados Unidos, conocido por crear un algoritmo que impulsaba los twitter antiMorales en la crisis política de 2019. Entrevistado por el medio, Suárez negó todo involucramiento y haber estado en contacto con López o Pereira, asegurando que había encontrado correos electrónicos de Pereira que no contestó. Sin embargo, en la investigación se da por hecho de que se trata de él, quien acompaña en la llamada a Pereira, bajo el pseudónimo de “Ciber Rambo”.

Descabellado, pero no imposible

La investigación del medio estadounidense debe ser tomada en cuenta en el contexto boliviano de finales del año pasado, cuando cientos de detractores del MAS se plantaron en las puertas de los cuarteles militares de Bolivia suplicando de rodillas una intervención militar o “gobierno militar” para evitar el regreso del partido azul al poder.

En aquellos días, la amenaza de un segundo golpe de Estado ya era advertida por Morales: “Además ‘aquí deberíamos debatir profundamente la nueva doctrina militar y de la Policía, para qué van a ser la Policía, las Fuerzas Armadas’, dijo, a tiempo de recordar que el entonces jefe de las Fuerzas Armadas, general Sergio Orellana, intentó impedir que Luis Arce asuma la presidencia, en los días previos a la ceremonia”, relata una nota de Prensa Latina publicada el 26 de diciembre del año pasado.

Por ello, y a pesar de que en el artículo de The Intercept se da cuenta acerca de cómo López, a sabiendas de que su plan no llegaría a tener fruición, comenzó a distanciarse de Pereira, quien habría dicho del exministro que “seguramente se está cagando en los pantalones”, después de constatar que ni las Fuerzas Armadas ni la Policía apoyarían su conspiración. Tal como señala un párrafo de la investigación: “Dos fuentes militares estadounidenses confirmaron que los mandos de Operaciones Especiales para los cuales trabajan habían escuchado acerca del complot golpista en Bolivia. Pero nada salió de ello, le dijeron a The Intercept. Una de las fuentes de operaciones especiales añadió, ‘nadie los tomaba en serio, hasta donde sé’”.

Con todo, tal como lo reconoce la publicación periodística, a mediados de 2020 una expedición mercenaria que tenía fines similares fue neutralizada en las costas de Venezuela, dando a conocer al mundo entero que los Estados latinoamericanos todavía son vulnerables a intentos de derrocamiento de sus gobiernos apoyados desde el extranjero.

En mayo de 2020, el canadiense-estadounidense Jordan Goudreau lideró una tropa de 25 mercenarios en las costas de Macuto de Venezuela con la intención de derrocar a Nicolás Maduro. Goudreau, veterano de la invasión a Irak, era el fundador de una compañía militar privada llamada Silvercorp USA, contratada posiblemente por Juan Guaidó. En la operación fallida, murieron ocho personas y fueron arrestadas otras 18. La Operación Gedeón, fue desarticulada en terreno por el trabajo conjunto entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y las Milicias Populares en la zona.

Aunque el plan golpista no fue exitoso esta vez, la investigación del medio estadounidense aclara que no todos los golpes de Estado en Latinoamérica que fueron exitosos eran coherentes o bien diseñados, como sucedió en los años 50 en Irán y Guatemala, por lo cual no se debe subestimar la capacidad de infligir daño de estos “amateurs”, como llama otra de las fuentes a Pereira.

De hecho, para Eduardo Gamarra, analista político boliviano radicado en Florida, advierte que, aunque la afirmación de Pereira acerca de contar con el apoyo de autoridades oficiales de los Estados Unidos era posiblemente falsa, eso no quiere decir que deba ser tomado a la ligera. Tal como se le señala a los periodistas de The Intercept: “Estos tipos vienen por docena, todos creen que son generales… son peligrosos por lo que prometen (…) las conspiraciones son generalmente solo eso, conspiraciones, pero causan mucho daño, especialmente en lugares frágiles como Bolivia. Todo lo que necesitas es un Pereira para arruinar las cosas”.


  • Cientista político.

La investigación completa puede ser leída en su versión en inglés en la siguiente dirección: https://theintercept.com/2021/06/17/bolivia-coup-plot-mercenaries/

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