septiembre 28, 2021

Una nueva subjetividad de derecha


Por Carla Espósito Guevara * -.


La emergencia de movimientos de derecha portadores de discursos regresivos y confesionales que ponen el peligro las conquistas democráticas, sociales, políticas y de género no es un fenómeno regional, sino mundial. En todo el orbe asistimos al surgimiento de grupos de corte neofascista como el bolsonarismo, el trumpismo, Box o Amanecer Dorado. Entonces, ¿cómo podemos explicar la aparición de este fenómeno global? ¿Qué condiciones de surgimiento tienen en común? A mi parecer, responden a un fenómeno de cambio del capitalismo que está creando una nueva subjetividad política que articula elementos globales y locales.

Karl Polayni, al explicar el surgimiento del fascismo del siglo XX, dice que el gran problema fue que desde el nacimiento del liberalismo el mercado trató de ocupar el lugar de la sociedad y, tanto el socialismo como el fascismo se arraigaron en sociedades que dejaron de funcionar por este problema. La solución fascista al impasse del capitalismo liberal fue una reforma de la economía de mercado que extirpa todas las instituciones democráticas en el campo industrial y político. Solución que termina por destruir la sociedad que trata de salvar.

Hoy nos enfrentamos nuevamente a una crisis del mercado que ha vuelto a fracasar, la diferencia es que ahora se trata de una crisis más amplia porque el mercado ocupa todas las esferas de la vida social, al punto que podría hablarse de un totalitarismo de mercado, que ha producido un torrente de nuevos discursos capitalistas que dan sentido a las prácticas de actores que se desenvuelven en una nueva forma disciplinaria caracterizada, precisa y paradójicamente, por la desregulación financiera y la violencia que supone la imposición de los códigos del mercado total.

Este nuevo modo de organizar la acumulación y producción ya no requiere del trabajo a contrato, que ha dejado de ser la pieza de mediación central entre el capital y el trabajo. El trabajo flexible, la suspensión de derechos, la mayor explotación y el crecimiento del crédito para reducir la fuerza de trabajo son ahora las piezas centrales del capitalismo. Entonces, este modelo de acumulación no necesita para su reproducción libertad, derechos sociales, ni instancias democráticas de mediación interclase, lo que conduce a una forma de neofascismo, que es la superestructura política del neoliberalismo financiarizado y desregulado con la que se desmonta el viejo andamiaje social del fordismo, sus estructuras colectivas, y se constituyen nuevas formas de cohesión a partir del discurso del odio hacia un enemigo común interno y externo; así como un Estado policial penal que reprime las resistencias que puedan surgir como fruto del malestar social ocasionado por la pérdida de derechos.

Esta nueva fase de acumulación del modo capitalista posee rasgos que podrían ser calificados de antiliberales ya que los derechos resultan superfluos, lo mismo que el principio de la igualdad, al punto que incluso podría pensarse que estamos frente a la emergencia de una nueva derecha que va contra los principios no solo del propio liberalismo, sino de la modernidad occidental y la Ilustración. Este neoliberalismo en su omnipresencia ha creado una nueva subjetividad cuyos rasgos son expresados por los emergentes movimientos de derecha. Algo que tuvimos la mala fortuna de probar a nivel local, articulado a ciertas configuraciones históricas propias, durante el gobierno de Áñez en 2019.


* Socióloga.

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