septiembre 28, 2021

Empoderamiento y combates contra el neoliberalismo

Por  Ernesto Jordán Peña *-.


Algo que siempre llama la atención del neoliberalismo, como etapa más avanzada del capitalismo, es cómo logra transformar las amenazas a su existencia, y transformarlas para su propia sobrevivencia, es decir, mantener la acumulación de riqueza en unas pocas manos. Un buen ejemplo de esto se puede ver en la pandemia que el mundo vive ahora. Cuando comenzaron las cuarentenas y restricciones muchos se alegraron de ver que, de alguna manera, el ambiente se “empezaba a limpiar” cuando se redujeron las actividades económicas a lo mínimo, mientras los más golpeados por la crisis hacían lo que se podía para no morir.

Hubo reportes de animales que volvían a visitar los ahora vacíos paisajes urbanos y periurbanos, de cielos limpios que permitían ver lejanas montañas y de ríos y lagunas que ahora se tornaban transparentes, limpios y llenos de vida. Hubo la oportunidad de cooperar entre las diferentes instituciones académicas del mundo para encontrar una (o varias) solución (es) a la pandemia; sin embargo, lo que ocurrió fue una carrera para encontrar una vacuna lo antes posible, y así poder obtener las mejores ganancias en menor tiempo.

Luego hubo una carrera donde unos pocos países ricos acapararon vacunas para su población, ignorando las necesidades de otros países. Consecuencia directa de esto es que ahora el virus está mutando en los países donde las vacunas todavía escasean, lo que podría generar un nuevo brote más virulento que el anterior.

Hay varios ejemplos anteriores de este fenómeno del neoliberalismo. Antiguamente se perseguía y discriminaba a las personas que cuestionaban la heteronormatividad, el día de hoy todas las marcas y corporaciones “se pintan de colores”, supuestamente en apoyo a la lucha, sin dejar de apoyar a políticos y políticas discriminatorias y explotadoras. Similarmente ha ocurrido con las recientes luchas de liberación negra en Estados Unidos. En fin, basta ponerse a examinar el tema para darse cuenta que hay numerosos ejemplos de luchas que son banalizadas con el fin de quitarle su potencial revolucionario y explotar su potencial de marketing.

Una de estas luchas que se ve afectada es la lucha por la justicia climática. Los bolivianos y bolivianas venimos reclamando por varios años, en disímiles frentes, la imperativa necesidad de enfrentar el cambio climático con un enfoque de justicia climática. En pocas palabras, esto quiere decir que se debería tomar en cuenta las emisiones históricas de gases de efecto invernadero (GEI) a la hora de tomar decisiones respecto a acciones de adaptación y mitigación al cambio climático, entre otras consideraciones más complejas. A nivel de Estados se ha logrado que desde el 2014 se vayan incrementando las ambiciones de mitigación y financiamiento; por ejemplo, los países desarrollados anunciaron en varias ocasiones que aportarían con 100 mil millones de dólares para abordar las necesidades de los países en desarrollo hasta el 2020.

Empero, hasta el día de hoy ni siquiera se ha acordado un marco adecuado para cuantificar de manera clara el dinero que han aportado, aun así se estima que estamos muy lejos de la cifra comprometida. Se busca incluir dentro de esta cifra cualquier monto de dinero de origen público o privado que esté tangencialmente relacionado a cambio climático, incluyendo el destinado a controversiales proyectos de “captura de carbono”, que incluyen reforestación, biocombustibles y otras tecnologías; también se toman en cuenta polémicos proyectos de pago por servicios ecosistémicos de captura de carbono en bosques. Hasta el día de hoy la ciencia no ha logrado comprobar que exista manera de capturar y almacenar carbono a la escala necesaria para contrarrestar las emisiones de GEI [1].

Ahora, ¿cómo se puede enfrentar este problema? ¿Cómo se puede, desde Bolivia, reclamar los compromisos y transparentar el uso de recursos?

A pesar de los avances que ha tenido nuestro país en este tema hace falta que haya más empoderamiento de los ciudadanos. La situación política y económica que hemos vivido en los últimos años ha restado importancia y atención a esta materia, en diferentes niveles, tanto de la sociedad como del Estado. Para lograr el cambio que se busca, el Estado debe verse fortalecido con la participación de la sociedad. Nuestro rol como ciudadanos ahora es organizarnos y empoderarnos con miras a demandar el cumplimiento de compromisos y el incremento de ambiciones. Especial rol dentro de esto juegan las juventudes y los pueblos indígenas. Las juventudes porque son quienes se verán más afectados por la falta de acción en la actualidad; y los pueblos indígenas porque son quienes en gran medida mantienen un respeto con la Madre Tierra y pueden colaborar en la búsqueda de soluciones estructurales al problema.

El próximo encuentro de Estados se acerca, la COP 26 se celebrará a fin de año, y para que sea una cita donde se tomen decisiones más trascendentales se requiere la participación de los sectores de la sociedad más afectados.


  • Biólogo ecosocialista, militante del Movimiento Insurgente.

1              Anderson, K., & Peters, G. (2016). “The trouble with negative emissions”. Science, 354 (6309), pp. 182-183.

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