septiembre 28, 2021

¿Un nuevo modelo económico?

Por Ariel Bernardo Ibáñez-Choque *-.


El mundo está buscando nuevas respuestas para la crisis planetaria. El Covid-19 no ha hecho sino develar los límites sociales, ecológicos, económicos y políticos del sistema capitalista. El resultado es la incertidumbre global, es decir, un estado de disponibilidad ávido de alternativas, deseoso de un nuevo modelo económico.

En efecto, el famoso economista Thomas Piketty en su más reciente artículo convoca a los países de Occidente a avanzar hacia una alternativa al “híper-capitalismo” [1]. El límite de Occidente son los límites del capitalismo; estos son contradicciones solo superables por un horizonte distinto al neoliberal. El problema es que los países de Occidente no tienen ya legitimidad ni credibilidad para pretender irradiar justicia y democracia como sus valores universales, porque no han sido capaces de solucionar el problema de la desigualdad.

En este sentido, Piketty califica de “arrogancia occidental” el pretender que sus valores sean superiores a otros. Por ejemplo, aún con restricciones democráticas, China no ha pasado, como Occidente, por el esclavismo y el colonialismo para industrializarse. Así, Piketty culmina llamando a abandonar la “arrogancia de Occidente” para construir un nuevo horizonte emancipatorio e igualitario para un socialismo democrático, ecológico y postcolonial. Entonces, el reto de Occidente es ir hacia un nuevo modelo económico como alternativa al neoliberalismo.

En la incertidumbre global, por tanto, el tiempo histórico se ha invertido, y los países de Occidente se empiezan a proyectar en los países no occidentales. Estados Unidos y el Viejo Mundo no son más el espíritu absoluto de Hegel, cuya sombra subyuga al resto del planeta. Al contrario, ahora la periferia es el horizonte de la alternativa.

Bolivia es el ejemplo de un socialismo democrático exitoso. El periodo emancipador abierto por las luchas sociales de principios de siglo ha devenido en la creación del Estado Plurinacional, cuyos valores se enmarcan en la descolonización y el Vivir Bien. Además, el éxito de este periodo se ha basado en el modelo boliviano de economía plural que, sobre la base de la nacionalización de los recursos naturales, ha generado un proceso de prosperidad con justicia social inaudito en la historia del país. El modelo económico redistribuye los excedentes de los sectores vinculados a los recursos naturales en propiedad pública (hidrocarburos, minería, entre otros) hacia los sectores intensivos en mano de obra (manufacturas, agrario, entre otros) y hacia la población más vulnerable y marginada mediante bonos sociales. El Estado es el actor fundamental del modelo económico. El Estado participa activamente en la producción y generación de excedentes, y en la redistribución de los mismos, además es pivote y articulador de las economías privada, social-cooperativa e indígena-comunitaria.

La virtud del modelo económico boliviano es que se ha construido desde la realidad y las demandas históricas de los sectores más excluidos. En consecuencia, este modelo es una respuesta a la insuficiencia del mercado y de las oligarquías privadas para resolver los problemas de heterogeneidad estructural de Bolivia. El modelo busca superar el patrón primario exportador y transitar hacia la industrialización de la economía. De hecho, la industrialización forma parte de la estrategia de descolonización de Bolivia, cuyo principal obstáculo al desarrollo son las formas precapitalistas de reproducción de la oligarquía señorial.

El modelo económico boliviano, además, es un reto para las doctrinas económicas porque si bien se encuentran elementos de distintos paradigmas, como diría Marx: la unión de las partes no es igual a la suma. El modelo puede pensarse desde la tradición keynesiana a partir de las políticas de expansión de la demanda efectiva y el multiplicador de la inversión pública como motor del crecimiento, pero no solo eso. El modelo también puede interpretarse desde la escuela marxista mediante el análisis de las relaciones sociales y la nacionalización a partir de la lucha de clases, pero no solo eso. El modelo igual puede interpretarse desde el estructuralismo latinoamericano y las teorías de la dependencia por las políticas de industrialización para superar la heterogeneidad estructural, pero no solo eso. El modelo incluso es un caso de estudio para analizar la soberanía monetaria, en la teoría monetaria moderna, para países cuya divisa no es medio de cambio del mercado mundial, pero no solo eso. En realidad, el modelo económico boliviano es un paradigma propio, local y original que piensa desde su realidad las estrategias y políticas destinadas a la reducción de la desigualdad y la pobreza con progreso material y espiritual en el marco de los principios ancestrales del Vivir Bien; el modelo es el socialismo democrático a la boliviana.

Por tanto, en estos tiempos de pandemia, Bolivia resulta adelantada a las preguntas y retos que hoy se hace el mundo. Piketty y los países de Occidente tienen en la experiencia boliviana el modelo económico alternativo al neoliberalismo. Y esto no es extraño, el propio filósofo Slavoj Žižek lo ha mencionado un par de veces al tomar a nuestro país como ejemplo del socialismo democrático. El reto del modelo económico hoy es la reconstrucción de la economía y la profundización de los logros sociales; y los datos muestran que se va por buen camino. Desafortunadamente estos debates internacionales son ignorados por los “doctorcitos de Charcas” devenidos en miserables fuerzas regresivas y provincianas de la historia. El mayor reconocimiento a la generación denominada “Chuquiago Boys” es que el modelo económico boliviano se ha hecho de exportación y marcará huella en el nuevo horizonte del mundo en el siglo XXI.


  • Crítico de la economía y sociedad capitalista.

1       Ver en: https://www.lemonde.fr/blog/piketty/2021/07/13/responding-to-chinese-challenge-with-democratic-socialism/.

 

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