septiembre 24, 2021

El Pacto Fiscal como instrumento económico     y político

Por Víctor Vacaflores Pereira *-. 


Distribución o redistribución de los recursos del país, y de los ingresos en general, entre las regiones o para el desarrollo y necesidades es, por supuesto, una de disputa de clase. Sea para bien de los sectores populares y productivos, sea para la oligarquía, que querrá acaparar lo que más pueda.

El Pacto Fiscal que se acuerde en lo inmediato será uno de los escenarios a lidiar que se dará en el país, antes y después del censo de noviembre de 2022. Básicamente hay dos opciones.

Por un lado, el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), conducido por Luis Arce, buscará continuar con la redistribuir de la riqueza en amplios sectores y clases sociales productivas y empobrecidas, que se inició en 2006 con Evo Morales y el Modelo Económico Social Comunitario Productivo (Mescp). Continuará en la lucha contra la pobreza y extrema pobreza, la dotación de derechos económicos, sociales y culturales –llamados por el mercado “servicios”– como la salud, educación, trabajo, vivienda, tierra, acceso a los bienes culturales, entre otros. También el potenciamiento de las regiones históricamente olvidadas y de los rubros de la economía que hacen al mercado interno y la necesidad de la sustitución de importaciones. Está la industrialización necesaria y saboteada por los intereses extranjeros, con la complicidad de la oligarquía boliviana, a lo largo de nuestra vida republicana; el pago de la deuda histórica a los trabajadores creadores verdaderos de la riqueza, mejorando gradualmente los salarios y las condiciones de vida, destinando recursos significativos a las políticas sociales y culturales. Todo esto pensando en las mayorías nacionales.

Arce y Choquehuanca postularon esta línea en las elecciones de octubre 2020. La gran mayoría de la población votó por este programa, por esta propuesta, por esta opción. Cuando la derecha y sus opinadores (mercenarios) defendían sus victorias electorales, afirmaban que “en las elecciones ya se decidió la suerte del país”. Ahora que no ganan nada, esa derecha se olvidó de tal discurso. Por ello, no puede pedirse a los políticos retrógrados coherencia y honestidad. Lo que corresponde es que el gobierno del MAS ejecute la opción programática que el pueblo apoyó. Dicho de otra manera, el presidente Arce debe priorizar la distribución de los recursos en razón de las necesidades de las clases populares y los intereses país y no de las necesidades e intereses de las clases dominantes. El Pacto Fiscal que debe lograr el Gobierno es en la perspectiva del potenciamiento de la economía y del bienestar de la población antes que la del capital; el Pacto es con los trabajadores, con los más necesitados, con las regiones, municipios y comunidades que lo dieron todo a lo largo de nuestra historia.

Por otro lado, está la opción de la oligarquía boliviana y en especial de la cruceña. Esta opción apuesta desde hace tiempo atrás a un Pacto Fiscal que distribuya los recursos del país para potenciar aún más lo que todos los gobiernos anti-nacionales hicieron desde 1952: la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos. Lógica capitalista que como regla de oro se dio en todos los países de nuestro continente y de toda economía capitalista. En nuestro país, en los últimos 50 años traficantes de tierras, fascistas fugados de las guerras étnicas de Europa, migrantes de ultraderecha y esbirros y lacayos de las dictaduras se empoderaron de la economía del Oriente a costa del Estado y ahí están, Comité Cívico en medio, como la clase que cree es propietaria de esa región boliviana. En dictadura y en democracia restringida, incluso durante el gobierno de Evo Morales, usufructuaron del Estado. Estos sectores concentrarán su artillería en una sola consigna, la cual es un Pacto Fiscal de distribución per cápita. Por ello reclaman el censo ahora, conocedores de que Santa Cruz tiene la tasa de crecimiento poblacional más alta del país. Esta opción solo piensa en esa región y no en el de Bolivia. En esta lógica se ha distribuido los recursos las últimas décadas, de ahí que La Paz, Cochabamba y Santa Cruz concentren al 70% de la población y la riqueza del país. Si se sigue esta línea, las diferencias entre regiones, ciudades y municipios se profundizará de forma prolongada. Su óptica central es potenciar a la oligarquía y a las clases dominantes en general. Piensan resolver los problemas de la patria con la mano invisible de Adam Smith. ¿Tiene esta salida algo de patriótico?

Ambas opciones son económicas, pero también políticas. Y solo a la luz de la economía política puede entenderse y tratar el tema. La iniciativa está en manos del Gobierno que, durante este período y hasta que termine de armarse la ofensiva derechista, puede consolidar pontones que orienten al pueblo y a la población en general sobre el carácter ético y estratégico de su opción. La ultraderecha se lanzará a la ofensiva con el discurso facilón de que todos los municipios requieren más recursos para hacer frente a sus múltiples necesidades; discurso que es posible que eclipse a muchos alcaldes, incluyendo a algunos desorientados del propio MAS. Este será la punta de lanza para defenestrar al gobierno legítimo, referendo por medio, mientras tratarán de volver a la aventura golpista.

¿Cómo debe plantearse el Pacto Fiscal? ¿Sobre la base poblacional que en las últimas décadas solo ha potenciado a los departamentos del Eje Central, más específicamente a las ciudades capitales de ese eje? Esta línea seguirá alimentando la migración campo-ciudad; la migración de las provincias hacia las ciudades grandes, y por tanto reforzando la concentración de riqueza y de poder en las oligarquías citadinas y terratenientes.

Parece que lo más sensato es distribuir los recursos del país sobre la base de un Plan de Desarrollo, asignaciones en base a una Estrategia y Políticas de Desarrollo. Esta matriz demostrará que los recursos deben ir en dirección de lo que queremos ser y lo que queremos lograr en los próximos 20 a 50 años. Ahí deben ir prioritariamente los recursos. Incorporarnos en un proceso audaz de industrialización, de soberanía tecnológica, de infraestructura para la producción, vertebración territorial, copamiento del mercado interno, sustitución de importaciones e incluso de exportación –de ser posible–. Solo un Plan y una Estrategia, por supuesto consensuada, puede darnos el horizonte correcto. ¿No es esto lo más lógico?

Como potosino, podría sostener que el mejor y justo Pacto Fiscal es aquel que de inicio pague la deuda histórica. De este modo, habría que destinar un porcentaje considerable para retribuir la riqueza aportada a lo largo de la historia. Comencemos entonces pagando esa deuda, priorizando los recursos para quien empeñó su territorio, su riqueza, su nombre y su espíritu para que esta Bolivia exista en el confín de nuestra América.


  • Miembro de la Red de Economía Política.

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