septiembre 20, 2021

Estados Unidos y la construcción del golpe de 1971

Por Axel Arias *-.


El 11 de junio de 1971, en la Oficina Oval de la Casa Blanca sostuvieron una reunión el presidente Richard Nixon y el asistente para asuntos de Seguridad Nacional, Henry Kissinger. Este le informó al Presidente que estaban “teniendo un problema importante en Bolivia”. La situación era tan preocupante para Estados Unidos que incluso el embajador Ernest Siracusa [1], que a criterio del asistente había sido un “blando”, pedía que se empezara a “mover las Fuerzas Armadas o la cosa se va a ir por el desagüe”.

Por este motivo, el asistente había solicitado al director adjunto de planes de la CIA, Thomas Karamessines, poner “en marcha una operación, con toda urgencia”. Dando cuenta de la gravedad de la situación, Nixon replicó preguntando: “¿qué cree Karamessines que necesitamos? ¿Un golpe de Estado?”.

Kissinger, notoriamente dubitativo, contestó: “veremos lo que podamos, aunque, en que contexto. Nos van a sacar en otros dos meses. Ya se han deshecho del Cuerpo de Paz, que es una ventaja, pero ahora quieren deshacerse de la USIA y el personal militar. Y no sé si aún podemos pensar en un golpe de Estado, pero tenemos que averiguar cuál es la disposición del terreno. Quiero decir, antes de que den un golpe de Estado, podríamos…” [2].

Así, ensimismados en su excepcionalismo y en su rol de “policía internacional”, con la aquiescencia de los cipayos locales, Estados Unidos iniciaba la construcción de un nuevo golpe de Estado en Bolivia.

Tras concluir la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, en América Latina la política exterior estadounidense se centró en la promoción y financiación de gobiernos militares y autoritarios, en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). Evitar el “contagio” comunista en la Región era la tarea.

Muy a pesar de esta política, en la década de 1960 la Región vio un resurgir nacionalista. Diversos movimientos guerrilleros y gobiernos de corte revolucionario y socialistas cívico-militares cuestionaron la hegemonía estadounidense. Bolivia no fue la excepción a esta ola con los gobiernos de los generales Alfredo Ovando (1969-1970) y Juan José Torres González (1970-1971). El primero derogó el Código Davenport y nacionalizó la Bolivian Gulf Oil Company, en septiembre y octubre de 1970, respectivamente. Por su parte, Torres, en enero y abril de 1971, nacionalizó las colas y desmontes de estaño del Kenko de Catavi a la International Metal Processing Corporation (IMPC) y la mina Matilde (zinc) a la Minerals and Chemical Corporation y United States Steel Corp., respectivamente, entre otras medidas.

Este escenario representó para Estados Unidos no solo un desafío a su política exterior en la Región, sino una seria amenaza a sus intereses y seguridad nacional, en el que Bolivia desempeñaba un importante rol en su estrategia de dominación. Reconocían que sus intereses “aunque relativamente pocos, [eran] reales (…)”, llegando aquel interés a “trascender la importancia relativamente modesta del propio país”. La “ubicación en el centro estratégico de América del Sur, donde los acontecimientos pueden comprometer los intereses o amenazar la seguridad de países vecinos más importantes” y por ser “uno de los principales proveedores de wolframio y antimonio del mundo libre” [3], daban cuenta de esa importancia.

En vista de la categoría del país andino, Estados Unidos siguió y evaluó constantemente el desarrollo de los acontecimientos. Si bien creían que el Estado boliviano había ejercido su “indiscutible derecho soberano de nacionalizar”, a su vez entendían que era imperativo lograr moderar los gobiernos, inducirlos a pagar indemnizaciones y convencerlos de que su verdadero interés residía en reanudar la “colaboración constructiva con los Estados Unidos y sus vecinos” [4]. En general, esta fue la política de relacionamiento que ensayaron con Ovando y Torres, sin embargo, al no lograr moderar al segundo generaron las condiciones para el golpe de Estado.

Con el apoyo de la Central Obrera Boliviana (COB), diversos partidos de izquierda, estudiantes y algunos sectores de las Fuerzas Armadas, Torres asumió el gobierno el 7 de octubre de 1970. Evitar que sectores conservadores apoyados por Estados Unidos revirtieran el proceso nacional-revolucionario fue la razón que guió las acciones. La administración Nixon calificó a Torres como “ultra-nacionalista, izquierdista y anti-estadounidense”. Por este motivo, a sugerencia de la CIA, la Embajada se apresuró a concretar un acercamiento “rápido y privado”. A través de la aplicación de la política del palo y la zanahoria pretendieron moderarlo, haciéndole saber que no eran “automáticamente su enemigo”, y que si se comportaba “relativamente razonable” podrían “establecer un modus vivendi sensato” [5].

Entre tanto, con escasos recursos y desorganizados, el 10 de enero de 1971, sectores militares fallidamente dieron rienda suelta a sus afanes golpistas. En represalia, el Gobierno apoyó la incautación del periódico El Diario, de algunas pequeñas minas y de haciendas en Santa Cruz y, al día siguiente, nacionalizaba las colas y desmontes de Catavi. En marzo, la CIA y la Embajada concluían que “por insatisfactorio que sea, no hay alternativa real” a Torres, por lo que respaldarlo era el “único camino posible” “con la esperanza de que su régimen se modere gradualmente”, debiendo “mantener los ojos abiertos para cualquier alternativa prometedora” [6].

A su vez, en abril, el Gobierno continuaba con su agenda anti-estadunidense al expropiar locales del CBA y nacionalizar la Mina Matilde. Las sanciones económicas contra el país se acentuaron. Estados Unidos anunció la venta de estaño provocando la disminución del precio de nuestra principal materia prima de exportación (dumping) e interfirió en los créditos que se gestionaban en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM).

En mayo se inauguraba la Asamblea Popular, llegando a ser una de sus resoluciones la organización de milicias armadas por la clase trabajadora y el pueblo. Si bien esta nunca se concretó, influyó para que sectores de las Fuerzas Armadas retiraran su apoyo a Torres, según la CIA, al considerar que la integridad de la institución estaba en riesgo [7]. A fines de mes, el Gobierno expulsaba al cuerpo de voluntarios de paz por denuncias de esterilización no consentida y fomentar la práctica del aborto en el campesinado.

Coincidiendo con los plazos manifestados por Kissinger en la reunión que sostuvo con Nixon el 11 de junio, el 16 de ese mes la CIA presentó un memorándum de inteligencia sobre el que se intuye elaboró posteriormente su “propuesta de programa de acción encubierta” para ejecutar el golpe de Estado.

En dicho memorándum, donde evaluó el espectro político nacional, la CIA sostenía que los “centros de activa oposición están alrededor de elementos moderados de izquierda” del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), “del moderado” Falange Socialista Boliviana (FSB) y “un grupo de activos oficiales militares de grado medio y jubilados por la fuerza” [8]. Informaba que “estos grupos disidentes están convencidos que una acción contra Torres los unificaría (…)”, sin embargo, alertaba que “aún no están lo suficientemente organizados para actuar debido a las diferencias dentro y entre ellos”.

En cuanto al Gobierno, la agencia afirmaba que “Torres ha fallado en desarrollar una base de apoyo viable, sobreviviendo su régimen en torno a un precario balance entre diferentes fuerzas políticas”. Las presiones y desconfianzas fueron la constante. Alertaba también que pese al acercamiento que hizo Estados Unidos, las presiones por nuevas nacionalizaciones, la cercanía con naciones comunistas, especialmente, con la URSS, en el ámbito comercial y la asistencia económica y militar, y el deterioro progresivo de las relaciones con ellos eran importantes elementos a considerar.

En este escenario, la CIA concluyó que “a pesar de la falta de apoyo político de Torres, ningún otro aspirante al poder confía en su capacidad para derrocar al régimen”, pero que debido al equilibrio precario era “poco probable que continúe por mucho más tiempo” en el Gobierno. Sentenciaba: “A pesar de su astucia política, los días de Torres están contados a menos que pueda adquirir una poderosa base de apoyo” [9].

El 22 de junio, fecha de reinicio de sesiones de la Asamblea Popular, a solicitud del Comité 40 la CIA presentaba una “propuesta de programa de acción encubierta para hacer frente a la tendencia política desfavorable en Bolivia”. Por fin Nixon encontraba respuesta a sus inquietudes.

La propuesta consistía en “unificar al (…) MNR y a los líderes militares moderados” con el propósito de “crear una oposición viable capaz de ejercer presión contra la deriva hacia la izquierda” de Torres y, pensando en el futuro, la alianza/actores debían “servir como una alternativa política moderada en la formación de los futuros gobiernos”. En la alianza no debemos olvidar mencionar a la FSB y a la oligarquía agroindustrial cruceña que, según la CIA, “proveyeron respaldo financiero para el golpe” [10].

“El costo del programa se calculó en $ 410.000” para un lapso de seis meses. Los recursos se utilizaron “para cubrir los gastos organizativos” y para desplegar “una campaña de propaganda” anti-gubernamental, que contemplaba “la compra de espacio para periódicos, tiempo de radio, equipo y suministros, más el pago de salarios a los escritores y el costo de establecer y mantener un mecanismo de distribución” [11].

No sería la primera vez –tampoco la última– que el MNR era “persuadido” por Estados Unidos para desarrollar una acción. En mayo de 1966 fueron convencidos para participar de las elecciones en las que resultó “ganador” el general René Barrientos, a objeto de legitimar el proceso junto a la FSB [12]. En junio de 2002, el MNR también fue convencido para conformar gobierno con el MIR. A decir de Carlos Mesa, la fragilidad electoral “forzó a acuerdos apadrinados” por Estados Unidos “entre Gonzalo Sánchez de Lozada y Jaime Paz, cuyos rencores personales nunca se superaron” [13].

En un clima de creciente conflictividad político-económica, con la financiación y la campaña mediática en curso, a sangre y fuego, el 19 de agosto se iniciaba un movimiento subversivo en Santa Cruz compuesto por las Fuerzas Armadas, el MNR y la FSB, otrora actores antagónicos. Una a una las guarniciones militares se plegaban al golpe y tres días más tarde, a pesar de los esfuerzos del Regimiento Colorados y de los sectores populares, se consumaba uno de los golpes más largos y sangrientos de la historia, con un saldo de cerca de 100 muertos y más de 500 heridos.

Empezaba la larga noche de la dictadura en Bolivia. Estados Unidos lograba no solo contener la infección comunista, sino además revertir, con sus limitaciones y deficiencias, un nuevo proceso de liberación nacional. El “neolocolonialismo-fascista” se sobreponía, una vez más, al “nacionalismo-revolucionario” que aspiraba a superar la dependencia sentando las bases de un Estado independiente y soberano en lo político, económico y militar.

La CIA calificó a Banzer como un nacionalista moderado, receptivo a la inversión extranjera y declaradamente anti-comunista, dispuesto a revertir las políticas izquierdistas de Torres. Cumplió a cabalidad las expectativas. Por su parte, en 1976, durante su exilio en Buenos Aires, el general Torres fue torturado y asesinado por los Escuadrones de la Muerte en el marco del Plan Cóndor.


  • Cientista Social.

1       Embajador de EE.UU. en Bolivia entre el 5/12/1969 al 30/7/1973.

2       FRUS, 1969-1976, vol. IV, N° 154. Memorándum Secreto. En: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d101

3       FRUS, 1969-1976, vol. E-10, N° 88. Aerograma confidencial, que contenía el Documento de Análisis y Estrategia de País (CASP) para Bolivia. 26 de marzo de 1970. En: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d88

4       Ibid.

5       FRUS, 1969-1976, vol. E-10, N° 93. Memorándum secreto. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d93

6       Memorándum secreto. 15/3/1971. En: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d97

7       Memorándum de Inteligencia Secreto. 16/6/1971. En: https://www.cia.gov/readingroom/document/cia-rdp85t00875r001100100064-5

8       Se refiere a los oficiales que fueron dados de baja al participar en el fallido golpe de Estado de enero de 1971.

9       Memorándum de Inteligencia Secreto. 16/6/1971. En: https://www.cia.gov/readingroom/document/cia-rdp85t00875r001100100064-5

10     Boletín de Inteligencia secreto. 23/8/1971. https://www.cia.gov/readingroom/document/cia-rdp85t00875r000800010002-7

11     FRUS, 1969-1976, vol. E-10, N° 104. Memorándum secreto. 29/6/1971. En: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d104

12     FRUS, 1964-1969, vol. XXXI, N° 159. 31/5/1966. En: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v31/d159

13     Mesa Gisbert, C. (2017). Historia de Bolivia. pág. 619.

 

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