septiembre 16, 2021

Omisiones graves en el informe del GIEI


Por Carlos Echazú Cortéz -.


El informe del GIEI constituye un documento fundamental para el esclarecimiento de lo acontecido en nuestro país a fines de 2019 y, por ende, es esencial para la revelación del golpe de Estado que la derecha y sus medios de comunicación, se esfuerzan en negarlo contra toda lógica. Se realizan en este documento descripciones pormenorizadas, en base a testimonios de testigos oculares sobre los sucesos más importantes acaecidos de septiembre a diciembre de 2019, de ahí que su veracidad no puede ser puesta en duda. El informe es ya un documento trascendental en la historia contemporánea de Bolivia.

Es justamente por esta importancia capital del documento que llaman la atención dos omisiones importantes que saltan a la vista. No es que el informe no pueda tener omisiones ya que sería imposible, para cualquier equipo, registrar absolutamente todos los hechos que se sucedieron en aquellos aciagos momentos. Sin embargo las dos omisiones a las que nos vamos a referir, en las siguientes líneas, son importantes por su dureza y además por las implicaciones que tienen. Por otro lado, ambos testimonios fueron públicos con mucha anterioridad al emprendimiento del GIEI.

El primer testimonio obviado por el GIEI es el de Abyen Huaranca. Se trata del enfermero que casualmente transitaba por Senkata en momentos en que se producía la Masacre. Fiel a su vocación de salubrista, Huaranca se puso a auxiliar y a atender a los heridos y fue, justamente en esa circunstancia que fue detenido por las fuerzas de seguridad. Huaranca ha relatado, en un video hecho viral en las redes, que fue torturado, pues le dieron una pateadura, le sacaron los dientes, le rompieron la nariz. Durante tres días  «hizo baño sangre». Le pusieron corriente a los testículos, además un oficial le introdujo un bolígrafo en el trasero. Todo lo que hicieron con Huaranca, lo hicieron para que declarara que el MAS le había pagado 5 mil bolivianos para que denunciara la masacre.

Como se puede ver, el testimonio de Huaranca es trascendental pues no sólo prueba la saña con la que actuaron policías y militares, algo que está en plena concordancia con muchos otros testimonios que ha recabado el GIEI, sino también prueba que trataban de encubrir la masacre y que actuaron como un fuerza política con su orientación claramente definida en contra del presidente que acababan de derrocar mediante un golpe. Todo lo ocurrido a Huaranca, no tiene sentido, si no se lo introduce en el contexto del golpe.

Por otro lado, el GIEI también ha omitido referirse al testimonio que Alex Ferrier hizo público una vez que salió de la cárcel. Tratándose del gobernador de un departamento, su testimonio, por ese sólo hecho, debería estar entre los destacados. Ferrier ha relatado que la policía le retiró los guardias que tenía en su casa, justamente cuando ésta fue amenazada por los grupos paramilitares. Incluso ha relatado que cuando preguntó a los guardias por qué se retiraban, éstos le respondieron que «eran instrucciones superiores». Una vez que fue detenido, lo trasladaron , a los días, a Chonchocoro y allí lo torturaron varias noches exponiéndolo a la intemperie, solamente en calzoncillos, mientras le echaban agua. Al momento de torturarlo del modo descrito, le exigían que declarara que había visto a Evo con la muchacha, con quien lo acusaron de haber tenido relaciones.

Una vez más se puede advertir que el testimonio es otra prueba de que las torturas fueron sistemáticas en el régimen de terror de Añez.  De este modo, también se prueba el Golpe de Estado, pues solo un régimen golpista aplaca la resistencia mediante las torturas. A eso llaman ellos «Pacificación». También prueba el testimonio de Ferrier que la policía estaba políticamente comprometida con el golpe, pues de otra manera no tiene sentido que le retiraran la guardia de su domicilio justo cuando estaba amenazada por los paramilitares. Tratándose de la máxima autoridad ejecutiva de un departamento, el hecho implica, por sí solo, Golpe de Estado.

Como se puede apreciar, estos dos testimonios, omitidos en el informe del GIEI, son de importancia capital. Al igual que muchos otros, reproducidos en el informe, demuestran que lo que ocurrió en Bolivia en noviembre de 2019 fue un Golpe de Estado.

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