septiembre 16, 2021

No toda la derecha es igual


La Época *-.


“Nosotros también tenemos derechos” parece ser la nueva línea discursiva de la oposición al gobierno de Arce Catacora, como si los procesos abiertos contra varios de sus representantes fueran injustificados. No solo se quebró el orden constitucional mediante un golpe de Estado, sino que se violó, sistemática y sostenidamente, los derechos de miles, sino millones, de bolivianos durante casi un año. Con aquella consigna se pretende consolidar aún más una tendencia a la impunidad que tristemente se arrastra desde hace mucho tiempo en nuestro país.

Parece que la ironía se da en cada hecho diario. Luego de conocidas las conclusiones de un prestigioso y para nada partidario grupo de expertos internacionales acerca de las violaciones a los Derechos Humanos bajo el gobierno llamado “transitorio”, medios y políticos detractores del oficialismo actual exclaman “somos víctimas”, mientras los sobrevivientes de la represión que desató el régimen de Jeanine Áñez son ignorados por una prensa que se escuda tras el derecho a la libertad de expresión. “Podemos cubrir lo que queramos”, es lo que en realidad quieren decir.

Amparo Carvajal, expresidenta de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos en Bolivia (Apdhb), visita a Áñez y la declara una presa política, después de que bajo su gobierno se persiguiera, encarcelara e incluso ejecutara a todo disidente o a quien pareciera serlo. No dice nada acerca de las más de 38 familias que hoy lloran a sus muertos producto de una arbitraria violencia de Estado. Defiende a los militares y policías que dispararon contra civiles desarmados, y llama a grupos paramilitares a seguir resistiendo en contra de la voluntad de millones de bolivianos que decidieron el pasado octubre reprobar la conducción política de la élite.

Pero no hay nada paradójico en todo esto, pues tampoco hay casualidad. Lo que parece ironía es, de hecho, cinismo, que al mismo tiempo encubre un desprecio visceral por la vida de seres humanos que consideran a todas luces inferiores. No hay otra manera de explicar porqué las voces de los familiares de los muertos de Sacaba y Senkata son intencionalmente silenciadas. Y con este acto de indiferencia cómplice y asesina, personas como Carlos Mesa, Amparo Carvajal e incluso los miembros más moderados de la oposición arrojan sus credenciales liberales y democráticas al fuego. Han decidido polarizarse deliberadamente no en contra del masismo ni del “Socialismo del Siglo XXI”, sino en contra de la noción misma de dignidad humana.

La estrategia mediática de los que siempre han pisoteado derechos, y a la cual se prestan con entusiasmo medios como Página Siete, consiste en crear nuevos liderazgos y frentes de resistencia al actual Gobierno tras la bandera de los Derechos Humanos, después de haber perdido a la democracia y la transparencia como razones de lucha. Pero se equivocan al apostar por la impunidad y una exrepresentante de los Derechos Humanos claramente parcializada a favor de quienes portaban las armas como punta de lanza de su empeño.

Puede que las convicciones democráticas de Mesa y Carvajal no hayan sido más que una fachada, pero todavía quedan muchas personas, posicionadas incluso en lo que podría considerarse la derecha del espectro político, que pueden no compartir el ideario del Gobierno, pero que no apoyarían conscientemente un movimiento hacia la restauración violenta en favor de la élite. No todos los derechistas desprecian la vida como ellos lo hacen, deben tener en cuenta. Las personas son mejores.

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