octubre 15, 2021

La marcha indígena


Por La Época-.


La marcha de un sector de los indígenas de las tierras bajas tiene previsto llegar a la ciudad de Santa Cruz el próximo 24 de septiembre, fecha en que se celebra el día de ese departamento, para denunciar el avasallamiento de tierras y otros problemas en la región del Oriente, según han manifestado sus dirigentes.

Sin embargo, no hay nada de autónomo en la protesta. Los antecedentes de esta marcha, que partió de Trinidad el pasado 24 de agosto, hay que encontrarlos en una iniciativa política tomada por el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, quien promovió la organización del “Congreso por la defensa de la tierra y el territorio de Santa Cruz”, en la localidad de San Miguel de Velasco, de la región de la Chiquitania, el 3 de julio. A partir de esa fecha, esta fracción de la dirigencia indígena preparó la movilización con sus similares del Beni.

La marcha de los indígenas pretende emular la protagonizada hacia La Paz en 2011, en rechazo a la propuesta de construcción del tramo de la carretera que falta para unir a los departamentos de Beni y Cochabamba. A diferencia de aquella por el Tipnis, esta vez la dirigencia decidió dirigir su movilización hacia la ciudad oriental, donde el nivel de articulación que tiene con las autoridades y dirigencia cívica de ese departamento, claramente opositoras al presidente Luis Arce, es muy alta.

Dos datos interesantes se observan tanto en el Congreso de San Miguel de Velasco como en la marcha actual. El primero, es que identifica como únicos sujetos de ese avasallamiento a los indígena campesinos de las tierras altas, aymaras y quechuas, a quienes se los considera invasores. Si bien los asentamientos en los departamentos del Oriente no son ordenados, lo que da lugar al desarrollo de prácticas no necesariamente buenas, y que es algo que se debe admitir; en realidad lo que buscan las élites dominantes manejadas por Camacho es alimentar en los indígenas del Oriente un sentimiento anti-kolla, como forma de acumulación política.

El segundo es que la marcha hace omisión total de la ocupación de tierras que hacen empresarios cruceños y brasileños en territorios indígenas ricos en recursos naturales, como la madera y el oro, o que reúnen condiciones favorables para los cultivos de soja con destino a la exportación. Desde esta segunda perspectiva es bueno retomar las reflexiones del presidente del Parlamento Andino, Adolfo Mendoza, quien sostuvo que por la forma en que se organizó esta protesta se reproduce la condición de dominación que las élites estimulan respecto de los indígenas.

Es decir, no hay dónde perderse. La marcha de esta fracción de los indígenas de las tierras bajas es parte de la agenda política que se lleva adelante contra el presidente Luis Arce, quien sostuvo que se iba a devolver al Estado las tierras ocupadas ilegalmente por grandes empresarios, particularmente en el año del gobierno de facto.

En el Oriente hay problema de tierras y eso no debe ser negado. Autoridades del Órgano Ejecutivo vinculadas al tema han expresado su disposición a resolverlos en diálogo directo con los dirigentes indígenas, y eso es lo que se debe alentar y asegurar. Hay que dejar de lado las expresiones poco inteligentes, políticamente incorrectas y funcionales a lo que busca la derecha de parte de algunos asambleístas y dirigentes despistados del Movimiento al Socialismo (MAS), que en vez de ganar aliados en lo nacional-popular-indígena, más bien los pierden. De eso solo sale ganando la derecha.

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