octubre 28, 2021

Discontinuidades y paradojas de la marcha indígena


Por Carla Espósito Guevara * -.


La marcha indígena que salió del Beni hace un mes ha suscitado muchos análisis. La mayoría de ellos la ven como una continuación de las marchas indígenas por la Tierra, el Territorio y la Dignidad de la década de 1990. Es legítimo analizar las continuidades en la historia, porque las hay efectivamente, pero quizás sea también revelador abordar las rupturas, las discontinuidades y los elementos nuevos que se suscitan, de otra forma los hechos del presente aparecerían como calcos del pasado. Lo real es discontinuo, dice Bourdieu, e invita a analizar las rupturas. Foucault, por su parte, propone liberarse de la continuidad.

A la luz de esta idea sobre la discontinuidad, creo que un elemento nuevo, un punto de ruptura o al menos de diferencia de la marcha indígena del Beni con las del pasado, es la presencia de un nuevo actor: el Comité Cívico Pro Santa Cruz. Sí, la burguesía cruceña ha decidido públicamente apadrinar la marcha. El 28 de agosto pasado Fernando Larach, reflejando una decisión nada menos que de la Asamblea de la Cruceñidad, anunció que acompañarían durante un tramo a los marchistas. Asimismo, la editorial de El Deber del 15/09/21, diario de la burguesía cruceña, la calificó de “heroica”, mientras que Luis Fernando Camacho afirmó que “es deber de los cruceños resaltar la valentía de las indígenas víctimas de este gobierno de turno”.

La pregunta es ¿por qué los órganos de la burguesía cruceña apoyan esta marcha? ¿No resulta paradójico que una lucha cuyo objetivo es defender las tierras y los bosques del avasallamiento colonizador sea apoyada justamente por la organización que aglutina los gremios agroindustriales y ganaderos protagonistas históricos de las quemas y avasallamientos de tierras indígenas?

Esta paradoja encierra una verdad no dicha: los indígenas de tierras bajas han cambiado su política de alianzas –su principal aliada es ahora la burguesía cruceña– y la burguesía cruceña está usando a su vez las consignas de la marcha –unas legítimas y otras no– para sus propios fines políticos. Las demandas por el territorio se han convertido en un campo de disputa donde las élites luchan para imponer sus contenidos, resignificando las consignas indígenas en función a su proyecto político, que propone básicamente que la tierra es para los orientales.

El Deber en sus notas sistemáticamente resalta los avasallamientos interculturales, pero ha ignorado los protagonizados por ganaderos de la propia región, y esta no es una omisión casual. Las demandas indígenas son útiles ahora a la burguesía contra los campesinos interculturales y contra el poder político que estos representan en las zonas rurales del Oriente, donde encuentran un obstáculo para su avance político. Por tanto, su estrategia consiste en dividir a los indígenas entre locales y migrantes y enfrentarlos entre sí.

La burguesía cruceña está articulando su propio discurso sobre la problemática indígena de tierras bajas y lo está disputando al Movimiento Al Socialismo (MAS). Atacada por ser racista, reconoce ahora a los indígenas de Oriente como los “indios buenos”, “sus indios”, “sus laidos”, y convierte a los campesinos interculturales en “el enemigo interno”, “el invasor”, “avasallador”, en el “mal” que viene de afuera. Tal como dijo Salvador Vaca, presidente del Comité Cívico de Guarayos, en una declaración recogida por El Deber: “El mal llegó a nuestras provincias cuando llegaron […] la central única de trabajadores campesinos y los trabajadores interculturales […], aquí hay una cultura ancestral, no necesitamos que mezclen nuestras culturas”. La apelación al mal y la demonización del otro –discurso propiamente cristiano–, es una técnica largamente usada por el poder en la historia para descalificar al otro.

La anterior declaración deja clara la influencia de la burguesía cruceña en el discurso indígena. Los argumentos sobre la ancestralidad, la defensa de la cultura y la identidad indígena, han cambiado de sentido. Están cimentando ahora una forma de racismo cultural que condena la mezcla y la migración interna, legítima en un país que se considera como tal. Este discurso constituye un retroceso ideológico que desconoce todos los avances sobre la interculturalidad. No sería descabellado además pensar que sea también la base de un proyecto separatista. ¿No será eso lo que quiso decir Camacho cuando desairó al vicepresidente Choquehuanca?


* Socióloga.

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