diciembre 3, 2021

La Caja (chica) de Pandora: ecología geopolítica de los paraísos fiscales

Por Iván Zambrana Flores *-.


El reciente escándalo desencadenado por los llamados Pandora Papers es tan solo otra punta más en el iceberg que representa la permanente disputa por los recursos naturales, la acumulación privada de las ganancias que generan y la corrupción que la hace posible.

Lo que sucede en Pandora se queda en las Pandora

Desde hace algunos días hemos empezado a conocer el contenido de los 11,9 millones de documentos que fueron filtrados a un consorcio de periodistas investigativos, sacando a la luz detalles sobre las cuentas secretas en paraísos fiscales, donde cientos (o tal vez miles) de políticos del más alto nivel, empresarios y celebridades, ocultan sus fortunas de la mirada pública y de las obligaciones impositivas.

Después de los Panama Papers, los Paradise Papers y otros eventos similares, los Pandora Papers salieron a la luz reconfirmando lo que resulta ser ya una regla más que una excepción: gran parte de los capitales mundiales se mueven entre las sombras, para beneficio de las élites. Y estas guaridas no se encuentran solamente en exóticos destinos como Seychelles o Belice, sino también en países desarrollados como Suiza y Reino Unido (Islas Vírgenes Británicas).

Lo descubierto es una fracción ínfima de la riqueza oculta. Se ha calculado que los paraísos fiscales ayudan a las corporaciones transnacionales a robar anualmente 600 mil millones de dólares en impuestos no pagados, y casi un tercio de estos recursos habrían sido recaudados por países en desarrollo [1]. Por si esto fuera poco, se ha calculado que en estos refugios financieros se esconden entre nueve y 36 millones de millones de dólares [2], de fortunas amasadas por los individuos más adinerados del mundo, incluyendo a artistas como Elton John y Shakira, a jefes de estado como Guillermo Lasso de Ecuador y Sebastián Piñera de Chile, y a famosos influencers de TikTok como Samuel Doria Medina.

Este tipo de paraísos no solo permite evadir impuestos, sino también escapar del escrutinio público. Es por eso que los negocios más nefastos para la sociedad sueltan ancla en este tipo de territorios. Sin embargo, dado el origen de los factores que viabilizaron la acumulación de capital, los paraísos fiscales no son el problema, sino el síntoma de una problemática aún más sobrecogedora relacionada a la geopolítica en torno a los recursos naturales.

De la geopolítica de Estados a la geopolítica de capitales

Cuando tratamos de entender los problemas de las sociedades y las economías modernas desde el punto de vista de la sustentabilidad, estamos limitados a veces por el uso de categorías obsoletas. Este es el caso de la geopolítica entendida como disputa de Estados.

Para explicar las causas de la explotación transnacional de los recursos naturales y las personas, todavía aplicamos marcos de análisis heredados de épocas cuando el poder se manifestaba claramente en los Estados-nación, como Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Estos Estados, más frecuentemente por la fuerza que por la razón, adquirían supremacía en el control de los recursos que se iban descubriendo y explotando cada vez de manera más extensiva e intensivamente. De ahí nacen leyendas paradigmáticas como David Rockefeller, Andrew Carnegie y Cecil Rhodes, barones del petróleo, acero y diamantes respectivamente.

Por todo esto, si bien los efectos de las disputas coloniales todavía persisten en regiones como Latinoamérica, el Caribe y África [3], es un error asumir que las disputas geopolíticas más importantes de nuestro planeta son entre China y Estados Unidos o entre Europa y Rusia.

Hoy en día, debido a la ultra-concentración de la riqueza que existe y la “globalización”, los actores hegemónicos ya no necesitan embanderarse de Estados, la interconexión financiera acoplada a los paraísos fiscales antes descritos han permitido a la ultra-élite desembarazarse de los Estados y sus limitaciones regulatorias. Ahora más bien, como es el caso de Elon Musk [4], se atreven a patrocinar golpes de Estado abiertamente para acaparar los recursos estratégicos del tercer milenio, como el litio boliviano [5]. La geopolítica ya no se configura por lo que algunos ingenuos han denominado “choque de civilizaciones” [6], sino en realidad es el resultado del choque de capitales; capitales sin patria y sin lealtad, pero que ulteriormente se originan en apropiación privada de la naturaleza.

Una enfermedad de derecha

Las listas de mega-ricos involucradas en este tipo de escándalos son usualmente variopintas, pero todavía no ha llegado el día en que uno de los “leaks” confirme alguna de las numerosas acusaciones contra figuras como los hermanos Castro, Lula, Correa o Evo Morales. Más allá de las críticas válidas que puedan existir, nunca se han podido demostrar las múltiples acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito lanzadas contra estos y otros lideres progresistas.

Por otra parte, es innegable que el uso de paraísos fiscales es una predilección casi exclusiva de políticos de derecha, tanto del norte como del sur global, y no precisamente para administrar dinero bien habido.

Un singular ejemplo de esto se puede desenterrar precisamente de los Papeles de Pandora. Estos documentos revelan que el chileno Sebastián Piñera en su primera presidencia (2010) usó las Islas Vírgenes Británicas para vender Dominga, una mina de hierro, cobre y oro de su propiedad, por 152 millones de dólares [7]. Pero lo más importante de la noticia es que el último pago se efectivizaría solamente si su Gobierno no declaraba área de protección ambiental a la zona en que se explotaría Dominga o se construiría su puerto. La utilidad de los paraísos para esconder este tipo de corrupción y la subterránea calidad moral de su protagonista son innegables.

Todo esto demuestra que el sistema financiero está podrido de raíz, y que la destrucción de la naturaleza y las instituciones democráticas no son una mera consecuencia del capitalismo, sino consustancial a este. Es por esto que los microEstados y otras áreas especiales que solían ser “territorios de ultramar” de las potencias coloniales, como las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán o Hong Kong, ya no responden a sus gobiernos, sino a los capitales que se asientan en ellos. Peor aún, en el Capitaloceno los gobiernos de derecha son únicamente instrumentos a ser usados para beneficio tanto para los viejos barones de la minería y el petróleo, así como para los nuevos barones de la especulación financiera y Silicon Valley.


  • Especialista en ecología política y cambio climático, miembro del Comando Madre Tierra.

1       Cobham, A., & Janský, P. (2019). “Measuring misalignment: The location of US multinationals’ economic activity versus the location of their profits”. Development Policy Review, 37 (1), 91-110.

2       Shaxson, N. (2019). Tackling Tax Havens: “The billions attracted by tax havens do harm to sending and receiving nations alike”. Finance & Development, 56 (003).

3       Ver Molina Vargas, Rafaela. (2021). “Racismo ambiental: el fantasma que queremos ignorar en la crisis ecológica”. La Época, edición impresa 910, del 9 al 15 de mayo de 2021.

4       https://www.salon.com/2020/10/20/elon-musk-becomes-twitter-laughingstock-after-bolivian-socialist-movement-returns-to-power/

5       Ver Ugalde Soria G, Camila. (2021). “Transición energética con justicia y soberanía”. La Época, edición impresa 906, del 11 al 17 de abril de 2021.

6       Huntington, S. P. (2014). The clash of civilizations? (pp. 181-190). Routledge.

7       https://elpais.com/pandora-papers/2021-10-03/sebastian-pinera-cerro-en-islas-virgenes-britanicas-la-compraventa-de-la-mina-chilena-dominga.html

 

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