diciembre 6, 2021

Cambio climático y guerra, justicia climática anti-imperialista

Por Camila Ugalde Soria G. -.


Entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre se lleva adelante la COP26, una conferencia anual que se desarrolla desde 1995. En esos espacios los países intentan negociar y acordar las respuestas globales frente a la crisis climática en el marco de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc).

Durante el Proceso de Cambio, la representación boliviana, como la de muchos países en desarrollo, viene demandando que las respuestas sean justas en el marco del principio de equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas. Lo que quiere decir que los países desarrollados, o sea aquellos que tienen una responsabilidad histórica por sus altas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) acumuladas en la atmósfera, deben ser quienes se esfuercen más en la mitigación de esos gases, y además provean el financiamiento y la tecnología a los países en desarrollo para que puedan cumplir sus propias metas de reducción de emisiones y tomar acción en la adaptación a este fenómeno. Lamentablemente, la comunidad internacional no ha actuado bajo este principio, en particular en lo que respecta al financiamiento climático.

En la COP16 en 2010 se fundó el Fondo Verde del Clima, el primer fondo dirigido de manera compartida por países en desarrollo y países desarrollados, como parte del mecanismo financiero de la Cmnucc. A pesar de que las necesidades de financiamiento son gigantescas, hasta el momento y luego de una década los países desarrollados han comprometido solamente 10 mil millones de dólares [1]. Como estos compromisos vienen de dinero público, evaluarlos con respecto a otros presupuestos de los gobiernos permite que podamos enfocar sus prioridades. El caso de Estados Unidos, como el mayor responsable de las emisiones de CO2 desde 1850 hasta la actualidad, revela las diferentes facetas de su carácter imperialista.

Guerra contra Afganistán

El 30 de agosto de este año, después de dos décadas de un despliegue bélico en el marco de la llamada guerra contra el terrorismo desencadenada por el “9-11”, Estados Unidos dio por finalizada la guerra contra Afganistán. Esta justificación del proceder imperialista costó la vida de 929 mil personas y significó un gasto de 300 millones de dólares diarios [2] para mantener la presencia de Estados Unidos en la región. En nombre de la guerra contra el terrorismo el Imperio estadounidense destinó 2,26 billones de dólares.

Comparativamente, el monto que Washington comprometió al Fondo Verde equivale a 10 días de operaciones bélicas en Afganistán, es decir, el 0,13% de lo que destinaron para sostener la ocupación, asesinar a afganos y afganas, y desestabilizar la región.

Ocupación de Palestina

A lo largo de los últimos 50 años Israel ha demolido decenas de miles de propiedades palestinas y ha forzado el desplazamiento de grandes grupos de población para construir viviendas e infraestructuras destinadas al asentamiento ilegal de su propia población en los territorios ocupados. Esto no sería posible sin el apoyo económico y militar de su principal socio, Estado Unidos, con un monto por encima de los tres mil millones anuales en los últimos años [3]. Es decir, Estados Unidos le da Israel cada año lo que no ha podido desembolsar al Fondo Verde en una década.

Departamento de Defensa

Estados Unidos es por lejos el país con el mayor gasto militar del mundo, concentrando el 39% del gasto militar global. El presupuesto del año fiscal 2021 destinó 778 mil millones de dólares al Departamento de Defensa, un 4,4% más respecto al año pasado, es decir, un poco más de 30 mil millones de incremento [4]. Esta misma gestión, y entre bombos y platillos, Joe Biden comprometió 1,2 mil millones para el Fondo Verde del Clima.

Aquel presupuesto militar sostiene una política de control territorial (y sobre los recursos naturales) en todo el mundo, una red de bases militares que se expande cada vez más a partir de cada reedición de las justificaciones del imperialismo, como la “guerra contra las drogas” y la “guerra contra el terrorismo”.

De acuerdo a las investigaciones de la Universidad de Brown, la guerra contra el terrorismo también ha tenido importantes costos ambientales [5]. Como un dato mínimo, 1,2 mil millones de toneladas métricas de GEI fueron emitidas desde 2001 solo por el despliegue bélico de Estados Unidos (incluso dejando de lado varios factores en este cálculo), esto quiere decir lo que emitirían exactamente el doble de las emisiones de todos los autos que existen actualmente en ese país.

Si se contabilizaran los datos de emisiones solo del Departamento de Defensa estadounidense, como si fuera un país independiente, lo posesionaría en el ranking de emisiones a la par de Suecia o Dinamarca.

Un modelo económico para la muerte

El carácter imperialista de dominación global de Estados Unidos se basa en el control de los combustibles fósiles mediante unas Fuerzas Armadas que a la vez son dependientes de estos mismos combustibles. Así, el país responsable del 20% de emisiones históricas de GEI en la atmósfera posee un modelo económico sostenido en una suerte de keynesianismo militar, donde el complejo industrial-militar representa el 15% de su producción industrial y el corazón de su modelo de “desarrollo”. Por lo tanto, la crisis climática no es un asunto de países solamente, sino también una consecuencia de los intereses que lucran de la guerra y sus acomodos geopolíticos [6].

Justicia climática anti-imperialista

La lucha por la justicia climática no se trata solo de evaluar emisiones, sino pasa necesariamente por interpelar los modelos económicos, los sistemas políticos que los habilitan, y las profundas consecuencias que tienen en la vida humana y no humana en la Madre Tierra.

Las propuestas y campañas de acción climática anunciadas por los países desarrollados no romperán el statu quo ya que no cuestionan los problemas estructurales de este sistema. Usar bicicleta o autos eléctricos es bueno, pero no remplaza la lucha contra imperialismo, que en el marco de la actual crisis climática sigue siendo una cuestión de supervivencia, esta vez para toda la humanidad.


  • Bióloga ecosocialista, militante del Proceso de Cambio.

1       https://www.greenclimate.fund/about/resource-mobilisation/irm

2       “The War In Afghanistan Cost America $300 Million Per Day For 20 Years, With Big Bills Yet To Come”. Forbes, 16 de agosto de 2021. https://www.forbes.com/sites/hanktucker/2021/08/16/the-war-in-afghanistan-cost-america-300-million-per-day-for-20-years-with-big-bills-yet-to-come/?sh=b450b947f8dd

3       Horton, Jake. “Israel-Gaza: How much money does Israel get from the US?”. BBC, 24 de mayo de 2021, en: https://www.bbc.com/news/57170576

4       “El gasto militar mundial subió un 2,6% en 2020 pese a la pandemia”. El País, 26 de abril de 2021, en: https://elpais.com/internacional/2021-04-26/el-gasto-militar-mundial-subio-un-26-en-2020-pese-a-la-pandemia.html

5       Cost of War, environmental costs https://watson.brown.edu/costsofwar/costs/social/environment

6       Zambrana, Ivan. (2021). “La Caja (chica) de Pandora: ecología geopolítica de los paraísos fiscales”. La Época, edición digital 16 de octubre de 2021.

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