diciembre 2, 2021

El rol de la academia en el desarrollo del país

Por Ernesto Jordán Peña *-.


La educación es clave para el desarrollo de un país. No se pueden aprovechar los recursos naturales o la posición estratégica de un país para que este se desarrolle sin tomar en cuenta que debe haber la gente capacitada para aprovechar esto de la manera adecuada. Hoy en día no habrá nadie que discuta esta afirmación, sin embargo, el debate que quiero proponer va más allá.

La mayor parte de los que lean este artículo habrán tenido alguna experiencia con la Universidad pública boliviana, ya sea porque estudiaron en una Universidad del sistema o porque tienen un hijo o nieta que está formándose allí. Idealmente la formación universitaria sienta las bases para que la licenciada o el licenciado puedan desarrollar una carrera profesional que les permita atender las demandas de la sociedad y alcanzar una calidad de vida cómoda, sin escasez pero tampoco necesariamente llena de lujos. Es una relación que va y viene, donde se deberían beneficiar ambas partes. Si ponemos esto en un contexto histórico, nos damos cuenta que, en su momento, la lucha por la autonomía universitaria de los años 70 y 80 incluía este concepto dentro sus demandas. El Estatuto Orgánico de la UMSA lo enfatiza en su Artículo 9 (Planificación y Coordinación), inc. b): “La integración de la Universidad con la sociedad boliviana y la adecuación de la política universitaria a los intereses del pueblo boliviano”. El Estatuto Orgánico de la UMSS en su Art. 13 también menciona: “La Universidad Boliviana, en la realización de su política educativa, es nacional, científica, democrática, popular y anti-imperialista, en un proceso dialéctico de vinculación y mutua influencia entre la Universidad y la Sociedad (…)”.

Ahora cabe preguntarse ¿en qué medida cumplen este rol la academia y las universidades bolivianas? ¿Cómo se puede mejorar para que se cumpla este rol? Podemos empezar diciendo que hay dos maneras en que se puede organizar la Universidad para cumplir este rol. En primer lugar, hay la Universidad privada, que recibe recursos del pago de matrículas de sus estudiantes y también puede recibir de grupos empresariales que estén interesados en tener a su disposición un stock de profesionales y académicos que puedan atender las demandas de las empresas que aportan a la Universidad. Este modelo prevalece en países con Estados Unidos o Japón, donde muchas universidades sostienen onerosos programas de formación y educación gracias a las donaciones de empresarios y corporaciones. Existe también en nuestro país, por ejemplo, la UPSA en Santa Cruz, que fue fundada en 1984 por la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), según señala su propia página web [1]. Este modelo permite que los profesionales se formen a la talla y medida requerida por sus futuros empleadores, y en general le significa a los profesionales un puesto de trabajo más o menos seguro al empezar su carrera, donde pueden practicar lo que aprendieron; algo que desde el punto de vista de estudiantes y empleadores suena muy bien, aunque hay un par de consideraciones. Se deja afuera a muchos estudiantes con gran potencial que no pueden pagar la matrícula de ingreso, y el remedio para eso es la aplicación de programas de becas. También hay que entender que el interés de las empresas no coincide necesariamente con el de la sociedad, a aquellas les interesa más que todo ganar dinero y ampliar su capital, aunque esto vaya en perjuicio de la sociedad, (esto fue discutido más a profundidad en anteriores publicaciones de esta misma revista [2]). Esto causa que la Universidad se aísle de su contexto social, un buen ejemplo es la Universidad Zamorano, una de las mejores universidades de América en el ámbito de ciencias de los alimentos, fundada con el financiamiento de la United Fruit Company y apoyada hoy en día por corporaciones como John Deere, Monsanto y Cargill; al mismo tiempo localizada en uno de los países más pobres y golpeados por el imperialismo en América Latina: Honduras.

En segundo lugar, y en el otro extremo, está el modelo de la Universidad pública, que recibe financiamiento del Estado, es decir, los recursos que pertenecen a los ciudadanos. Bajo este sistema los profesionales reciben educación gratuita, pagada por el Estado, lo que disminuye la limitante económica para el acceso a la educación. Estos profesionales luego salen a atender las necesidades de la sociedad, lográndose así un desarrollo de capital humano al servicio de la sociedad, ya no al servicio del capital. Asimismo, la Universidad cumple un rol que permite la movilidad social, en teoría basado en la meritocracia. Esta es la situación del sistema de universidades públicas del país. Pero, en Bolivia las universidades se han convertido en islas, aisladas del contexto que les rodea. Prueba de ello es la elevada tasa de desempleo que enfrentan los jóvenes profesionales al salir al mercado laboral, y si a eso se le suma el efecto del mal manejo de la pandemia la situación es más crítica.

La academia hoy en día no está alineada a las políticas de desarrollo del Estado; en la academia hay una actitud de “deberían escucharme” que si bien es válida no llegará a ningún lugar si la propia academia no está dispuesta a escuchar las necesidades de la sociedad. Para lograr cubrir esta brecha hay que establecer los mecanismos que permitan cerrar la brecha entre academia, tomadores de decisiones y la sociedad. Este implica que la academia se reconozca como un actor político más y no se cubra bajo la idea de que la “ciencia es apolítica” [3].

Para continuar en el camino del Desarrollo Integral para el Vivir Bien la academia y las universidades deben estar dispuestas a entablar un diálogo con la sociedad y además someterse al control social de esta, siendo que los recursos que les financian son al fin y al cabo producto del trabajo de todos los bolivianos.


  • Biólogo ecosocialista, militante del Movimiento Insurgente.

1       UPSA (2021). Fundación UPSA. De: https://www.upsa.edu.bo/es/fundacion-upsa, consultado el 9 de noviembre de 2021.

2       Ver Zambrana Flores, Iván. “El legado de Ford y los sistemas alimentarios”. Edición impresa Nro. 925 de La Época, del domingo 22 al sábado 28 de agosto 2021. Y Ver Ugalde Soria Galvarro, Camila. “Estados Unidos ante el cambio climático en la era post-Trump”. Edición impresa Nro. 897 de La Época, del domingo 7 al sábado 13 de febrero de 2021.

3       Ver Ugalde Soria Galvarro, Camila. “Desarrollo integral: ciencia soberana como parte de la respuesta”. Edición impresa Nro. 916 de La Época, del domingo 20 al sábado 26 de junio 2021.

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