febrero 26, 2024

El fraudulento discurso del fraude


Por Óscar Silva Flores  *-.


La narrativa de fraude no es ninguna novedad, es parte del libreto de golpe, implementada desde el Norte y al que se suman con facilidad los lacayos criollos, pues no requieren mayor argumentación que no sea gritar lo más alto posible ante los triunfos electorales de los sectores populares y con eso buscar deslegitimarlos y desconocerlos.

Las elecciones son buenas, limpias y cuentan con autoridades idóneas, cuando ganan sus candidatos. Cuando sucede lo contrario, es fraude. Así de sencilla es la lógica fascista a la que sumisamente se ha sumado la derecha y la centroderecha latinoamericana y han hecho de esta narrativa una de sus herramientas más eficaces, pues logran sembrar la duda en el electorado sobre la validez de su voto, sin necesidad de mayor sustento técnico.

Funcionó muy bien en Bolivia en 2019, cuando Carlos Mesa, informado de su derrota en primera vuelta, salió a los medios a gritar que había habido fraude. Una maquinaria previamente armada salió junto a él desde la Organización de Estados Americanos (OEA), los medios de comunicación e instituciones como las universidades. Inventaron argumentos y supuestas pruebas y arremetieron contra la democracia gritando “monumental fraude”.

Tomaron el gobierno por asalto, con apoyo de militares y policías instauraron un régimen de terror, con decenas de muertos, heridos, presos y perseguidos políticos, subordinaron a jueces y fiscales; pero en un año de desgobierno jamás aportaron absolutamente ni un solo elemento que demostrara fraude.

Durante su régimen armaron un Tribunal Supremo Electoral (TSE) a su gusto y antojo, supuestamente con las figuras más destacadas de su mundo social y político, para darle un aura de imparcialidad e idoneidad extrema. Había que borrar todo rastro del viejo tribunal, cuyos miembros fueron injusta e ilegalmente apresados. Con remozados jueces se garantizaría la nueva contienda electoral.

Ni es sus más tortuosas pesadillas, ni en sus más pesimistas análisis, se imaginaron que el pueblo se expresaría con una mayoría aplastante en contra de los golpistas, dándole nuevamente la confianza a los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS), como había sucedido en los últimos 15 años.

No alcanzaron a reaccionar, habían sido derrotados en su cancha, con sus reglas de juego y con sus propios árbitros. Salvo una “fantasiosa y temeraria vocal” que se tomó la libertad de escribirle directamente a Luis Almagro para quejarse por los resultados electorales, olvidando que había estado su propia gente garantizando y avalando las elecciones. Se retractó la vocal, pero al parecer sus mandantes le siguen pidiendo cuentas y volvió a la carga después de tomarse unas vacaciones pagadas que terminaron en Panamá (allá donde los papers).

Rosario Baptista decidió acabar con sus funciones en el TSE echando basura al ente en el cual trabajó prácticamente dos años y cuyas acciones avaló con su firma. Es evidente que se trata de una jugada de la derecha opositora que busca poner en duda un proceso eleccionario democrático. De allí que Baptista haya salido huyendo del país, dejando una carta sucia que fue desmentida por el actual presiente de TSE, Óscar Hassenteufel (también designado por los golpistas), quien rechazó “vehementemente” las declaraciones “fantasiosas y temerarias” de la vocal.

La pregunta que queda flotando en el aire, por las características ruines de la misiva es: ¿cuánto costó? ¿Cuánto dinero recibió Baptista? Que haya recibido dinero no está en cuestión, pues claramente su huida es una confirmación de que disfrutará de los recursos recibidos en alguna playa, sin preocuparse por las consecuencias de su proceder.


*       Periodista y abogado.

 

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