septiembre 25, 2022

Evaluación de la gestión del Presidente Arce (primera parte)

Por Armando Laguna Justiniano *-.


Muchas organizaciones sociales han hecho públicas sus evaluaciones y criterios sobre la gestión de gobierno de Luis Arce Catacora. No es poco hacer este ejercicio al primer presidente electo después de un golpe de Estado y luego del derrocamiento de un líder histórico como es Evo Morales, sin embargo, haciendo eco de los criterios expuestos por las organizaciones sociales de Bolivia y mi propia reflexión, me aventuraré a aportar algunos criterios que espero puedan promover mayor reflexión a quien los lea.

Un Presidente de la recuperación de la democracia popular y el Proceso

El consenso por Luis Arce en 2020 fue un acierto del partido de gobierno, no solo por su innegable capacidad técnica, sino también por su carisma político que fue asumiendo una discursividad cada vez más de la izquierda revolucionaria. Es claro que un Proceso de Cambio pierde todo sentido al asumirse por las corrientes de derecha, normalmente concentradas en la socialdemocracia liberal que con artimañas busca la defensa de la (gran) propiedad privada, la democracia liberal (o el circo de las coaliciones) y finalmente, así desnudo, al capitalismo, que es el sistema de explotación y negación del trabajo por excelencia.

Es decir, que asumir una postura contrapuesta a la tramoya liberal es necesaria para defender los intereses populares y, en un país de retraso como Bolivia, también velar por la inclusión de las naciones y pueblos originarios sobre cuyas espaldas, en una herencia colonial y premoderna, incluso antimoderna, se ha cargado las bases del poder y riqueza de las élites criollas, sobre todo del oriente boliviano, no en vano la cuestión de la tierra sigue siendo un tema pendiente el cual estas élites quieren evadir para no enfrentar la expropiación y la apropiación de las tierras de “indios” y originarios.

Por ello, Luis Arce Catacora tiene la misión histórica de recuperar y nutrir una democracia popular, es decir, una democracia participativa, superior y finalmente antagónica a la democracia representativa liberal, y con y para ello, reconstituir un horizonte anticapitalista y anticolonial y antipatriarcal al cual apuntar. Solo el tiempo nos mostrará si Lucho toma en sus manos esta misión para pasar a la historia como el reconstructor de un proyecto histórico, lo que ahora ha realizado con más percances que aciertos, pero no necesariamente por acción propia, sino en repercusión de su gabinete ministerial.

¿Un gabinete ministerial a la altura de la historia o perdido en su laberinto?

En términos básicos, el gabinete ministerial ha estado por debajo de lo regular, fundamentalmente porque en casi todos los aspectos se han visto percances, incapacidad y una sospechosa capacidad para generar desprestigio al gobierno y al Presidente y conflictos sociales gratuitos como los procesos y denuncias en el Ministerio de Educación con el renunciante Quelca.

Con honrosas excepciones como la Ministra María Nela Prada que buscó equilibrios sin perder el camino, la Ministra Verónica Navia con un acercamiento tímido pero constante a los sectores obreros y el Ministro de Desarrollo Productivo, Néstor Huanca, que con perfil bajo buscó generar espacios de encuentro con medianos y pequeños productores, las demás carteras de Estado han estado lejos de llenar hasta las expectativas más mediocres.

De los malos, sin embargo, existen tres Ministros cuya labor no solo no ha aportado en nada al gobierno, sino que incluso han sido perjudiciales y son el de Salud, Jayson Auza, de justicia, Iván Lima y de Gobierno, Eduardo Del Castillo. En el caso de Auza, un Ministerio con la tarea de enfrentar la pandemia en una situación que ha tenido recursos económicos, conocimientos y logística, ha sido poco menos que insatisfactoria en todos sus frentes, pero lo peor ha sido el Decreto de obligatoriedad de la vacunación torpe en cuestiones técnicas, comunicacionales, logísticas y de respeto a la propia Constitución, por su incapacidad se ha generado un absurdo movimiento antivacunas que puede devenir en un antimasismo radical y afectar la única política del Estado contra la pandemia del COVID-19. Se tuvo acceso a criterios internos que dan cuenta de una especie de boicot digitado por sectores “pachamamistas” que dicen no creer en la medicina occidental, pero no aportan mucho en alternativas que no sean en pobres textos que han denominado “guía”, pero dejados finalmente al libre mercado y no a una política de Estado.

Asimismo, Iván Lima, desde una posición ultra conservadora, se ha encargado de tender puentes a sectores de derecha, pero estos puentes corresponden a favores a sectores derechistas, donde se incluyen los pasibles a procesos penales por el caso “Golpe de Estado” u otros como el ultra derechista Reyes Villa. No muy lejano en afinidad se encuentra Eduardo Del Castillo que desde una cercanía al sector opositor a Rómulo Calvo en el ultra derechista Comité Cívico Pro Santa Cruz, institución en donde hiciera su pasantía como abogado, daría pie a que procesos penales no avancen. Estos sectores serían los que encabeza el propio Luís Fernando Camacho y el nexo permanente sería el asesor político de ambos, Walter Chávez, un peruano que termina siendo una especie de Rasputín andino y que gusta de amasar una especie de fans a quienes enseña el arte de la guerra sucia y la manipulación de las masas. De esta manera, no es extraño que el Ministerio de Gobierno se haya convertido en una especie de “casa de la conspiración” y que se tenga el deshonroso record de cambio de viceministros, pues nadie puede hacerle sombra al ministro. Entre sus errores (o no errores?) brillan los conflictos con ADEPCOCA, que no solo violentó a un sector social y lo colocó en la vereda opositora, incluidos a los aliados, sino que violentó a todo un barrio en la ciudad de La Paz para imponer un dirigente desconocido por la gran mayoría de las bases cocaleras. De la misma manera, el hecho de una gran ola de críticas de bases masistas al utilizar a dirigentes falsos y funcionales en afanes personales antes que los del fortalecimiento del gobierno.

Sanar por lo sano para avanzar

La situación interna del MAS ha generado un nivel de descontento innegable que puede darle al Presidente un escenario en donde genere las medidas para fortalecer el proyecto histórico, ya que toda crisis es también una gran oportunidad, o concluir de cerrar la salida a una senda ya muy difícil de revertir.

En todo caso, para avanzar son necesarias las medidas que desmonten los esquemas que no han funcionado y destruyen, y articular ministros y ministras que jueguen un rol más protagónico, con carácter, capacidad y en un mismo lenguaje, cumpliendo las tareas esenciales de la recuperación de la democracia y no permitiendo las triquiñuelas internas imponiendo un nivel centralizado de dirección política.

En fin, sanar por lo sano es tomar medidas radicales para avanzar.


* Es periodista aficionado de investigación

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