mayo 16, 2022

Amenaza opositora pende sobre uno de los museos más importantes de Bolivia

El museo de Ciencias Naturales, uno de los más importantes de Bolivia, se encuentra bajo amenaza del alcalde de Cochabamba, quien pretende desalojarlos para construir en su lugar un centro de convenciones. Organizaciones civiles y el Gobierno nacional se oponen a este plan.

La ciudad de Cochabamba crece año tras año, de modo que las construcciones de cemento avanzan sobre lo que eran áreas rurales. Cada vez es más difícil hallar un metro cuadrado libre en el centro urbano. Por ello, la alcaldía de Manfred Reyes Villa puso sus ojos sobre el predio del Museo de Ciencias Naturales Alcide D’Orbigny, en el acaudalado barrio de La Recolecta, con la intención de construir allí un exclusivo centro de convenciones.

El museo, que funciona en una antigua casona, está rodeado por 9.000 metros cuadrados de bosque, donde viven 35 especies de árboles y 40 clases de pájaros, lo cual cada vez se ve menos en esta ciudad.

Pero la iniciativa del opositor Reyes Villa cuenta con obstáculos: uno está en la ley 593, que declaró al edificio «Patrimonio Cultural Material Inmueble del Estado Plurinacional de Bolivia».

El director del museo, Ricardo Céspedes, comentó a Sputnik que la ley se refiere a esta misma dirección donde actualmente funciona. Reflexionó que si quisieran trasladarlos, como plantea la Alcaldía, primero se debería abrogar la normativa.

El museo Alcide D’Orbigny cuenta con el apoyo de varias organizaciones cochabambinas, que se oponen al traslado de miles de huesos y objetos en exhibición, así como cientos de ranas que cuidan para —algún día— reinsertar en sus ambientes de origen.

Un paseo por la historia

Céspedes, geólogo y antropólogo de profesión, guió a Sputnik por todo el edificio y sus alrededores. A pesar de que la transitada avenida América está a pocos pasos, el museo pareciera estar en el campo, donde solamente se escucha el canto de las aves y se ve el verde de árboles y plantas, crecidas gracias a las lluvias que abundan en esta época.

En la entrada de la casa, que data de 1900, Céspedes señaló una parte del techo que se cae a pedazos. El director comentó que se comunicó con la Alcaldía para pedir que vengan a repararlo. En cambio, se enteró de los planes de traslado del museo.

«A raíz de eso (el techo roto) nos enteramos de que la Alcaldía quería trasladarnos. Si no, no nos dábamos cuenta. Es una falta de gentileza», consideró.

Ni bien se traspasa la puerta de la casona, aparecen fotos y textos referidos a Alcide D’Orbigny, el naturalista francés que entre 1830 y 1833 estudió la fauna presente y pasada de Bolivia.

«Él vino a Bolivia contratado por Andrés de Santa Cruz (1829-1839) para hacer el camino Cochabamba-Beni. Tenía tres meses para buscar la mejor ruta, pero se quedó tres años porque se enamoró de Bolivia», contó Céspedes.

«Durante esos tres años hizo uno de sus 12 tomos del Viaje a la América Meridional, dedicado exclusivamente sobre Bolivia», explicó.

Las salas del museo cuentan una historia: «Hemos seleccionado para mostrar cuando Bolivia era mar, cuando empiezan a aparecer las primeras islas, después aparece el continente, cuando se forma la cordillera de los Andes…».

Con orgullo, Céspedes mostró una piedra con forma de pez aleteando. Parece una escultura: «Una de las piezas más importantes es el Sacabambaspis janvieri, que durante cuatro años fue el pez más antiguo del mundo, con 470 millones de años. Hoy está en Australia el más antiguo», comentó.

El museo exhibe una colección de huesos de dinosaurios que llegan hasta su extinción, hace 65 millones de años. También posee osamentas de los primeros mamíferos. Muchos restos fueron hallados en Tiupampa, en el departamento de Cochabamba. El recorrido concluye con especies de aves, insectos y animales que actualmente viven.

La protección de las ranas

Con el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el museo Alcide D’Orbigny tiene un proyecto para la conservación de la rana gigante del lago Titicaca, compartido por Perú y Bolivia.

Céspedes mostró los contenedores ambientados como laboratorios donde viven las ranas. Están permanentemente monitoreadas, especialmente su temperatura —siempre tienen encendido el aire acondicionado—, la calidad del agua y su alimentación —insectos que se crían en un ambiente aséptico del edificio—.

En este Centro de Conservación de Anfibios Amenazados de Bolivia «vive el mundialmente famoso Romeo, uno de los últimos ejemplares de Telmatobius yuracare. Sabemos que las ranas están en peligro de extinción, por ello el museo dedica mucho esfuerzo para que se conserven», dijo Céspedes.

Romeo estuvo solo durante 10 años, hasta que en 2019 fue hallada Julieta y los reunieron. Luego aparecieron dos individuos más, pero ninguno de los cuatro desea reproducirse. «Quizás vamos a utilizar programas in vitro. Vamos a ver cómo hacemos para repoblar una comunidad con estos ejemplares», evaluó el director.

Céspedes comentó que las ranas son afectadas por el cambio climático, pero también por un hongo que diezmó a cientos de especies de anfibios en todo el mundo: el quitridio. Es el causante de la quitridiomicosis, una enfermedad que afecta a la piel de las ranas, impidiéndoles respirar hasta ahogarlas.

El conflicto con la Alcaldía

Céspedes comentó que la Alcaldía cedió el predio para emplazar el museo, 24 años atrás. «Pero no tenemos un solo funcionario de la Alcaldía. Lo único que ha hecho [la Alcaldía] es pagar luz y agua».

La Universidad Mayor de San Simón (UMSS) apoya a la parte de investigación científica, en la cual trabajan Céspedes y varios especialistas más. El museo también cuenta con una fundación, que «genera los fondos para los proyectos de investigación científica», contó.

Aunque Reyes Villa desee avanzar con su proyecto, «el museo, tanto el edificio como todos los componentes, interior y bienes, fueron declarados patrimonio del Estado Plurinacional bajo ley 593», advirtió Céspedes.

Esta normativa «obliga al Ministerio de Culturas, a la Gobernación de Cochabamba y a la Alcaldía municipal a proteger y colaborar en el desarrollo de esta institución», sostuvo.

A pesar de ello, la Alcaldía pretende «destruir no solamente el museo, sino también la vegetación, que es muy importante».

Consideró que los funcionarios de la Alcaldía «desconocen tanto las leyes como la importancia del museo y del predio, que es un pulmón para Cochabamba».

Para el director, «la población tiene que entender que nosotros hacemos ciencia, no hacemos política. Por tanto, debe prevalecer la ciencia y la cultura antes que los intereses mezquinos de la política».

En este sentido, afirmó: «Cualquier museo del mundo es abierto al público general, aquí no hay clases sociales ni religiosas. Desde el campo también muchas veces vienen familias a visitarnos».

Y enfatizó: «El museo debe ser una actividad para todos. Si hacen un palacio de convenciones, va a ser restringido a quienes puedan pagar o entrar. Eso no va a beneficiar a quienes nos visitan de áreas rurales».

De todas maneras, Céspedes juzgó que «aquí no hay nada que discutir. El problema es respetar la ley. En esa ley está la obligación de la Alcaldía de cooperar. Ellos, de seguir con esta actitud, están desacatando la ley. Más bien deberían ayudarnos, en vez de privarnos de este espacio».

Afortunadamente, el museo cuenta con apoyo de la población citadina, que acaba de publicar un manifiesto en su defensa.

«La población está consciente de que necesitamos estos espacios, eso es importante. Hemos visto que los cochabambinos no solo obedecen a la empresa privada ni a los hoy representantes de la Alcaldía. Creo que es la parte que nos fortalece», sostuvo.

El Ministerio de Culturas también mostró interés en saber qué está pasando, al enviar una nota a la Alcaldía para conocer sobre su proyecto del centro de convenciones. En el mismo documento le recordaron a Reyes Villa que el museo está protegido por ley.

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