mayo 21, 2022

MAS-Pacto de Unidad-COB: caras de una misma moneda

Por Jhonny Peralta Espinoza *-.


Rex Nettleford, un luchador jamaiquino, decía: “La pregunta ¿qué somos? lleva al deseo de lo que queremos ser”. Con esto dice que arrancamos del presente para ser en el futuro; entonces los dirigentes de niveles altos y medios que pedían al compañero Lucho el cambio de gabinete dizque “por responsabilidad constitucional”, “porque se necesitaba un gabinete entre político y técnico”, “porque había infiltrados”, “porque no defendían al Presidente”, etcétera, ¿estaban pensando en el futuro?

Frente a estas ocurrencias hubo gente que respondió desde su carga ideológica. Había quien proponía incentivar nuevos liderazgos, sin exigir ser sindicalista, otro denunciaba que el ataque a Choquehuanca buscaba su renuncia, a pesar que representa la lucha histórica de los indígenas; por lo tanto esgrimía otra voz: que el nuevo acontecimiento exigía un cambio de líder y un nuevo liderazgo, para restituir el horizonte plurinacional, y que el marginamiento y la difamación dividía a las organizaciones y quebraba la unidad del pueblo. No faltaba quien argumentaba que el Movimiento Al Socialismo (MAS), reflejo de la complejidad y diversidad productiva económica cultural del país, era lógico que tenga tensiones, y que si había equilibrios en el MAS se generaba equilibrios en el país, más allá de la distribución del poder. Otro analista decía que en medio de personalismos y mera búsqueda de cuotas de poder, Evo regulaba mejor las tensiones, por tanto había debilidad en el gobierno de Arce en el campo decisional. Mientras que un analista reconocía que en procesos de transformación había el faccionalismo, y si los sindicatos tienen necesidad de ocupar espacios en el aparato estatal mostraba una pérdida de horizonte político, por tanto era necesaria una agenda estratégica de Estado. También había análisis que observaban la relación entre ministros con las organizaciones sociales, situación que obliga a descolonizar el sentido del ejercicio del poder, y cuya resolución es la institucionalización del debate político mediante la articulación Gobierno, Legislativo, organizaciones sociales e Instrumento Político.

Creo que estas opiniones muestran una buena salud democrática, algo que no se evidenciaba antes, sin embargo, me pregunto si la intensidad de estas opiniones expresa el interés por la “cosa común” o, por el contrario, estas discusiones políticas no son más que un medio despolitizador. Afirmo esto porque los que opinan no se hacen cargo de lo que exige un discurso propio, porque cortan el vínculo entre palabra y existencia, pero solo ese vínculo es transformador. Entonces, las opiniones funcionan como “compensación”, o sea que compensan la falta de democracia real donde las mayorías sociales decidan sobre los asuntos comunes: salud, educación, economía política, violencia de género, soberanía alimentaria, etcétera, y no se ocupen como plantean estas opiniones: el afán de las cuotas de poder, los nuevos liderazgos formales, la repetición de niveles decisionales eficientes, la construcción de una agenda estratégica o la institucionalización del debate político. Por tanto, esta compensación borra la herida de la democracia: una división brutal entre gobernantes y gobernados; en otros términos, estas opiniones ayudan a hacer soportable el malestar de esa división, porque no hurgan, no analizan, no reflexionan el porqué los movimientos sociales y los dirigentes se ocupan de cuotas de poder, así las discusiones y debates reflejados en los medios y las redes solo aseguran la paz social.

Entonces lo que voy a tratar de politizar es porqué hemos llegado a este punto donde la Central Obrera Boliviana (COB), el Pacto de Unidad y el MAS se ahogan en esta discusión y no poseen una estrategia que tenga consecuencias e implicaciones en la realidad nacional, todo porque han separado pensamiento y situación, pensamiento y acción. Donde la estrategia construye una fuerza de los débiles, de los gobernados, que no deciden nada, pero que son capaces de conquistar victorias que hagan la vida de los olvidados, de los ninguneados, más digna.

COB: aumento salarial o lucha en la economía política

Durante 14 años de Proceso de Cambio el movimiento obrero boliviano tuvo experiencias económicas, políticas, culturales, sociales que tendrían que haber producido una conciencia de clase en términos culturales, entonces la pregunta es: ¿Si las experiencias son factores determinantes, qué conciencia de clase se está construyendo? En un momento de creciente crisis capitalista, la crítica de la economía política ha recuperado su lugar fundamental en la teoría y en la práctica, por lo cual el movimiento obrero boliviano es un espacio social y político estratégico para debatir a fondo aspectos de la economía política que nos vayan dando pautas para una nueva forma de organización obrera postneoliberal.

La COB sigue creyendo que la sola existencia de proletarios crea la clase obrera, pero la clase no se define por las relaciones capitalistas de producción, sino que se hace a partir de ellas; la clase es su propia creación a partir de nuevas formas organizativas, nuevos vínculos sociales, nueva cultura política, pero fundamentalmente es la lucha de clases la crea las clases y no al revés. Desde el marxismo se afirmó que la ideología dominante, que es burguesa, subordina a la clase obrera, así los obreros no podrán construirse como clase, en sujeto autónomo; este problema fue solucionado por Lenin, quien dice que la ideología revolucionaria es aportada por el partido.

Sin embargo, el MAS no es un partido, entonces: ¿La clase obrera estará condenada a no tener ideología revolucionaria? Engels, en una carta de 1872, planteaba que la Comuna de París fue derrotada “por la falta de centralización y de autoridad, y que la conquista del poder político por la clase obrera es el medio de lograr su emancipación social”. Este punto de vista significó que los trabajadores dependan del partido y que la emancipación será por medio del Estado, así el partido dejó de ser la “organización del proletariado en clase”, como decía el Manifiesto, y se convirtió en una dirección jerarquizada de dirigentes que tomaban decisiones a nombre de los trabajadores. En efecto, no es lo mismo que los obreros tomen el poder, como sucedió en la Comuna, que lo haga el partido a nombre de ellos; o lo peor, que los proletarios luchen y tomen el poder los dirigentes; de esta manera los obreros se hacían más dependientes del aparato partidario o de los funcionarios estatales.

Algo parecido sucedió con la COB, antes del año 2006 su lucha era contra la explotación y el sistema, y después se convirtió en la lucha por la distribución de aumento de salarios o cuotas de poder, porque formaba parte del Estado y del Instrumento, y donde la lucha directa pasó a ser mediatizada por una poderosa burocracia sindical y política que negocia en nombre de los trabajadores. Si antes predominaba el “nosotros” sobre el “yo”, era porque vivían de forma diferente, el sindicato era el espacio de politización, sus esperanzas vitales eran otras, lo que les unía era la colectividad, y mejorar su situación se producía por la acción colectiva.

No queremos hacer entender que la COB debe quitar su apoyo al Proceso de Cambio, sino que debe emanciparse de cualquier dependencia y volver a ser la columna vertebral del movimiento popular: mediante la reformulación de sus formas de organización y estilos de trabajo para dar cabida al conjunto de diversidades, contradicciones y luchas que atraviesan a los desposeídos y las desposeídas. Solo así el Proceso de Cambio será reconducido por una nueva conciencia y cultura de la clase obrera, como lo dijo Marx: “El proletariado tiene necesidad de su dignidad más aún que de su pan”; hablaba de valores, de la cultura obrera sin la cual no se concibe la lucha ni la emancipación.

Pacto de Unidad: escalera de las élites o democracia comunitaria

Las organizaciones sociales que conforman el Pacto de Unidad piensan que el futuro está en el presente y no en el pasado, y ese olvido de su pasado provoca que sus estructuras organizativas reproduzcan sistemas de dominación, por eso su apuesta solo a cambiar los liderazgos mesiánicos que representan las luchas históricas, olvidándose de la autonomía, que revolucionaría la teoría de la revolución democrática cultural, en el sentido en que superaría la necesidad de un Estado fuerte y centralizado que haga los cambios.

Y en esa apuesta por el presente el Pacto de Unidad siente que es la escalera del Proceso de Cambio y se contenta con algunas cuotas de poder, donde sus sueños y proyectos ya están fijados por los ministros o los dirigentes y no salen del debate colectivo; se olvidan que en sus prácticas culturales la política emerge de un proceso de reflexión y acción participativo, incluyente y colectivo. Es la democracia comunitaria donde todos lo saben todo, desarticulando la idea de una élite intelectual depositaria de la experiencia y los saberes. Tampoco queremos hacer pensar que el Pacto de Unidad reniegue del MAS, sino que esa forma de hacer política fomenta el despliegue de las energías creadoras de la gente, de la potencia transformadora de los pueblos; donde el Proceso de Cambio está obligado a confiar en su gente, a considerarlos sujetos, mayores de edad, con capacidad de crear desde su propia realidad.

Y de esa práctica común de escuchar miles voces, que va mucho más allá de la tolerancia, nace una nueva forma de relacionamiento que es el hermanamiento, como dicen los zapatistas: “Si aprendemos a vivir como hermanos, no nos harán falta justicia y paz, democracia y dignidad”; porque de la lógica del hermanamiento vamos a la idea de comunidad. En estos nuevos espacios el fin no será la toma del poder, los espacios de trabajo, sino que el fin es la propia gente, donde cada uno, con sus diferencias y características individuales, es el sujeto y el fin.

De esa democracia comunitaria y amplio proceso de participación surgen nuevos dirigentes y una nueva cultura política comunitaria que impida que se acumule poder, y el poder esté esparcido para que no haga daño, donde la solución depende de ellos, no del Estado ni de ningún salvador. De esta manera el Pacto de Unidad expresará la idea de una contra sociedad, sabiendo que por un buen tiempo convivirán todavía tradiciones del sistema opresor, como el surgimiento de capas de dirigentes con intereses propios y separadas de las bases, los estilos más o menos verticales de dirección, el autoritarismo interno, etcétera.

Eso sí, comprenderán que el poder no es sinónimo de Estado, porque en cada uno de ellos está asentado el poder, y como se va a tomar decisiones políticas alguien tiene que ejecutar, pero ese alguien debe obedecer a otros que son los depositarios de la soberanía. En el caso de la comunidad, la asamblea de todos los comunarios toma decisiones que después un grupo de electos pasa a ejecutar. Con esta forma de hacer las cosas comenzaremos a superar la oposición dirigente-dirigidos. Todo es cuestión que el Pacto de Unidad ponga su mirada en el pasado.

MAS: batalla cultural o remedo de partido tradicional

Nadie reconoce que el MAS es un partido tradicional, hay varias definiciones sobre su estructura organizativa; eso sí, todo el mundo está de acuerdo que es la organización política más grande del país, que ostenta una militancia que se cuenta por cientos de miles, donde la impronta sindical tiene un peso enorme, con un sujeto histórico indígena, en el cual conviven una diversidad de visiones ideológicas y culturales, además que se reclama antiimperialista, anticolonialista y anticapitalista. Sin embargo, nadie podrá rechazar la idea de que el MAS sí o sí tiene que hacer política.

Los conglomerados sociales para constituirse en sujetos políticos, que transformen una realidad, deben afirmarse en sujetos culturales, caso contrario dejan de ser sujeto para convertirse en objeto de manipulación por sus enemigos. El capitalismo construye sociedades y produce cosas, pero también es productora de seres humanos, y aquí nos preguntamos: ¿El MAS o el Proceso de Cambio produjo sus propios seres humanos? El camino para construir otra forma de ser humano es la revolución cultural, que propone tener otras experiencias a partir de relacionarnos de otra manera con el mundo. En concreto, el tránsito de la “revolución cultural neoliberal” a la revolución cultural es un trabajo en nosotros/as mismos/as que se ha de realizar de forma colectiva, y que no se puede delegar.

Pero este problema que planteamos es complejo porque ¿qué clase, qué movimiento social desarrolla nuevas experiencias humanas, nuevas formas de posicionarse y relacionarse con el mundo, nuevas formas de vincularse a los compas, al trabajo, a la familia, etcétera? ¿Quién es el sujeto histórico, quién es el nosotros de una hipotética revolución cultural? Y aquí hay que tener mucho cuidado con pensar que ese sujeto es el pueblo, los mineros, los movimientos indígenas, que como sujetos trascendentes, identidades transhistóricas, se ponen en marcha y pasan a la acción.

Una fuente de inspiración para tener nuevas experiencias humanas pueden ser las comunidades indígenas y sus prácticas de reciprocidad, de relación con la madre tierra, de relaciones horizontales. Si bien el neoliberalismo machaca día a día a las comunidades y a sus prácticas, es algo donde podemos asirnos para tener una visión antagónica a la que impone el neoliberalismo y el capitalismo. Pero a estas nuevas experiencias humanas debemos sumarle nuevas formas de estar en el mundo, de comprometernos con el Proceso de Cambio, con los compas, con las mujeres, con los indígenas. Solo así se construye un sujeto histórico, porque el pueblo, los proletarios, los indígenas, las mujeres, no es una identidad, algo que está dormido y después pasa a la acción, la acción crea al sujeto histórico y en cada momento es un sujeto distinto. Y en esa acción la gente se hace las preguntas radicales sobre lo existente: ¿cómo queremos vivir juntos? ¿Qué tipo de sociedad y Estado queremos construir? ¿Cuál será el horizonte político a construir? Aspectos que tienen que ver con la transformación social de nosotros mismos.

Teniendo nuevas experiencias humanas y otra forma de ver a las mujeres, a los compas, al entorno social, podemos crear imágenes que nos movilicen y politicen, y no seguir con imágenes prestadas de experiencias pasadas o ajenas, que solo provocan tristeza o apatía, como fueron las jornadas previas a la derrota en noviembre de 2019, donde fuimos incapaces de crear nuestras imágenes de cambio, nuestras consignas, nuestras propias categorías a partir de nuestras experiencias políticas. Ya las bases decidirán si nuestro MAS reproduce o no estructuras centralizadas y/o verticales, si la militancia asume el estudio y la formación como los obreros del siglo XIX, que después de trabajar unas doce horas dedicaban su poco tiempo libre a la lectura.

Conclusión preliminar

El MAS, el Pacto de Unidad, la COB, arrastran el peso muerto de la tradición: una muestra es la disputa y la discusión por unos ministerios que todavía conviven con el lastre colonial, republicano y neoliberal. Pero la discusión política que ha provocado la propuesta de cambio de ministros es una señal buena, que ojalá conduzca a fortalecer el Proceso de Cambio mediante la crítica y corregir nuestros errores a través de la autocrítica porque, a fin de cuentas, “en la vida o en la política se pierde o se gana, pero siempre se aprende”.


  • Exmilitante de las Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka.

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