mayo 15, 2022

Tiempo de rectificaciones: un balance sobre el MAS

Por Boris Ríos Brito *-.


Varias voces del Movimiento Al Socialismo (MAS) se han apresurado a dar su “criterio”, cada cual “libre” de “ismos”, sumándose a otras de oposición que alegres pregonan el fin del masismo, del “evismo” y de, al final de cuentas, el Proceso de Cambio. Es evidente que en el MAS pasa algo y varios personajes que otrora no se atrevían a verter su opinión hoy se alzan airosos proclamando que son los salvadores y dueños de lo que se viene. No en vano, un extrañamente cercano a algunos del MAS, Walter Chávez, conocido asesor de Luis Fernando Camacho y posiblemente alegre promotor del golpe de Estado de 2019 y del 21F, se atreve a opinar.

Aquí mi tecla propia.

I

El Proceso de Cambio es la suma de luchas de clase y de nación, acumuladas desde la gran derrota popular en la Marcha por la Vida en 1985 y la memoria de los ancestros oprimidos, los 500 años de resistencias, que fueron y son un acicate poderoso, pero solo para una verdadera revolución.

Estas batallas se caracterizan por asumir la forma movimiento como mecanismo de construcción de identidad y enfrentamiento al Estado y el antagonismo contra la derecha, el colonialismo, el capitalismo y el imperialismo. No como se inducía, equivocadamente, que se había elegido utilizar única y exclusivamente los marcos de la democracia burguesa para realizar la lucha, sino que cada vez, en cada acción rebelde, se iba jalando los límites de esa democracia hasta rendirla a la necesidad de un cambio más radical que se tradujo, mal que bien, en la puesta en vigencia de la nueva Constitución.

Esa épica popular y revolucionaria, que supo encontrar su enemigo a vencer, hizo cambios históricos, aunque después se sometió a la lógica perversa del Estado, al que ya no enfrentaba, sino que controlaba con un gobierno que, hay que reconocerlo, durante la gestión de Evo Morales supo mantener equilibrios políticos y sociales muy importantes.

Pero el golpe de Estado llegó como insurrección liderada por las élites criollas de la mano de patrocinios económicos y políticos extranjeros, grupos paramilitares y parapoliciales y el de militares y policías amotinados todos bajo un discurso de odio, racista y servil al imperialismo norteamericano.

Fue la corrupción, el despotismo y la miseria humana y política de ese mal gobierno de Áñez y de Murillo los que los llevaron rendidos a unas elecciones en donde el clamor de recuperación de la democracia se impuso con el MAS con un 55%.

II

La victoria electoral del MAS de 2020 no fue, como no lo es nunca en la Bolivia de los movimientos sociales, una carta en blanco y el reconocimiento a su binomio, como aduladores y conspiradores quieren hacer creer, sino la demostración de que hubo un golpe de Estado. Asimismo, fue el clamor de justicia por la violación grave de Derechos Humanos, el llamado a la búsqueda de un escarmiento necesario que tire al piso y a la cárcel ese gran andamiaje complejo y aún vigente del golpismo. Además, pidió el retome de un camino de recuperación económica, lo que, a mi juicio, comprende también la búsqueda de justicia social con medidas cada vez más audaces y, con ello, se permita un periodo de fortalecimiento político y social, ya que han quedado pendiente la reflexión sobre lo que ha dado lugar a un golpe de Estado, el horizonte a marcar y la necesidad de reafirmar al Instrumento Político.

Muy pocos de los aspectos mencionados se han llevado al debate y la práctica y ninguno de ellos ha concluido; empero, casi de forma oportunista, las condiciones actuales han permitido lugar a un discurso interesante, pero cuyos móviles encubren simplemente una pugna por el poder.

Se habla de alas blandas y duras, de renovación contra antiguos, indianismo contra marxismo, etcétera, sin embargo, no se ha planteado ningún trasfondo que supere las premisas del Proceso de Cambio o las bases fundacionales del Instrumento Político. Así, lo de las alas blandas es argumento maniqueo para justificar un acercamiento con los grupos golpistas, lo de renovación es desacreditar a quienes conducen el MAS hasta hoy, con la alternativa de suplirlos con unos “nuevos” que harían lo mismo y, capaz lo más profundo, aunque aun así superficial, es ese antagonismo que se busca plantar contra el marxismo.

III

Hace algunos discursos atrás, el vicepresidente Choquehuanca, cuya candidatura se impulsó por organizaciones del Altiplano paceño contra el resto del país que apoyaron mayoritariamente a Arce, se refería insistentemente a algo así como un cóndor que debe saber volar con sus dos alas: una derecha y otra izquierda. Una naciente ala indianista, que poco a poco fue profesando su pertenencia a esas enseñanzas de Choquehuanca, fue más explícita y por varias voces fue proclamando que las dicotomías, lo binario, lo dialéctico, había acabado, que es un nuevo tiempo de complementariedad.

Sin desmerecer a nuestra compleja filosofía cósmica andino-amazónica, hubo varios profetas que la han desviado a un liberalismo disfrazado de “indio” al oponerse a lo “occidental” y concluyendo que el marxismo es lo mismo porque busca antagonismos que son ajenos “a nuestra cultura de paz y del diálogo”; sin embargo, al apuntar al devenir ciernen la fórmula de la “complementariedad” con el mundo actual. Traduciendo, no buscan enfrentar al capitalismo, sino “dialogar con él”, porque la tradición de resistencia les ha enseñado a saber amoldarse a las circunstancias, incluso saben que el MAS les ha sido funcional y que mañana podría ser otro su partido. Esta lectura ha tenido un interlocutor más honesto, el liberal Fernando Untoja, quien ha visto como positivo el fenómeno de una creciente burguesía aymara en tanto el proyecto no es contra el capitalismo, sino que se trataría de fortalecerlo.

No solo porque en las lecturas sesgadas sobre lo andino-amazónico existe una dicotomía falaz y fácil de desmontar como eso del “chacha-warmi”, sino porque una comprensión más compleja de una lectura cíclica y no lineal de la historia, la búsqueda de un equilibrio entre el hombre, la naturaleza y el universo y la semilla innegable de lo comunitario como germen anticapitalista (propiedad colectiva, familia ampliada, trabajo colectivo, ayni, entre otros), nos muestran que la filosofía andina-amazónica es básicamente cercana al marxismo y antagónica al liberalismo.

Pero los voceros de la tendencia indianista en mención, aunque bajen el tono contra el marxismo y retornen a la argucia de lo complementario, hoy vuelven a arremeter contra Evo, seguramente porque han encontrado en él a un “enemigo” que atenta contra su proyecto y por lo que se ha ido repitiendo sistemáticamente la idea de que “Arce debe gobernar mostrando su fuerza propia” porque “fue él quien ganó las elecciones y no Evo”. Esta estratagema no solo quiere borrar de un plumazo el liderazgo histórico, con luces y sombras, de Evo Morales y lo que representa (la movilización y la lucha de varios sectores bajo un horizonte común), sino negar las bases de la victoria electoral del MAS en 2020, que no fue por el buen binomio electoral que tenía, ni solamente por el liderazgo histórico de Evo, sino contra la derecha reaccionaria, es decir, por simple y llana dignidad popular.

De esta manera, al MAS, a sus líderes, al Gobierno y a las organizaciones sociales les queda la tarea histórica de enfrentar este momento de crisis, que es una oportunidad para rectificar y reafirmar su horizonte común revolucionario, el de las victorias y no el de la derrota alimentada por las concesiones a la derecha.


  • Sociólogo.

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