mayo 21, 2022

La misión es “desnazificar Ucrania”

Por Miguel Justiniano Camacho *-.


Con esas palabras se refería el presidente ruso, Vladímir Putin, en su mensaje emitido por televisión abierta a toda la población de su país al momento de comunicar el desarrollo de una “operación militar especial” en búsqueda de anular las capacidades bélicas de ataque de su vecino ucraniano.

En horas de la madrugada del pasado jueves 24, de manera sorpresiva, las fuerzas militares rusas lanzaron un ataque por tres flancos contra el Estado ucraniano, ataque que se materializa como el hito final y punto de quiebre ante la escalada de tensiones diplomáticas y hostilidades militares por parte de grupos irregulares paramilitares ucranianos contra sectores de la población civil e infraestructura básica de las repúblicas de Lugansk y Donetsk, recientemente reconocidas por la Federación Rusa.

De inmediato, en un mensaje igualmente televisado, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, respondió que resistirán y repelarán el ataque con el apoyo de sus aliados occidentales, mismos que hasta el cierre de esta edición se han limitado a hacer aspavientos amenazantes y algunas sanciones económicas en miras a asfixiar la economía del Kremlin.

Algunos antecedentes…

Las protestas masivas sucedidas en Kiev a finales de 2013, bautizadas por los medios occidentales como “Euromaidán” (en honor a la plaza tomada por los grupos opositores a Yanukóvich), en un principio fueron entendidas y recibieron el mismo tratamiento comunicacional y político de las otrora revoluciones de colores llevadas a cabo en Oriente Medio, con el matiz que esta sucedía en pleno suelo europeo, con las connotaciones sociales e históricas que ameritan.

Como ya estamos acostumbrados, en un principio los medios convencionales occidentales en bloque asumieron una postura clara contra el oficialismo ucraniano (que ganó las elecciones en 2010 con poco menos del 50%), ensalzando las aptitudes democráticas de los “activistas proeuropeos” que se asentaban en el Maidán y que durante las jornadas posteriores protagonizaron choques extremadamente violentos con la Policía ucraniana que culminaron con la huida del primer mandatario hacia la Federación Rusa y su posterior destitución por abandono de funciones por parte del Parlamento, el 22 de febrero de 2014.

El 18 de marzo de 2014 la Federación Rusa firmó la adhesión de la península de Crimea y Sebastopol, dando por zanjado un conflicto territorial histórico, desencadenando de paso una serie de sanciones por parte de potencias occidentales preocupadas por el cambio de paradigma de la geopolítica mundial.

Días más tarde, el 7 de abril, la región entonces ucraniana de Donetsk se declaró independiente, seguida de Lugansk, solicitando inmediato apoyo a Moscú ante las incesantes y cada vez mayores agresiones militares por parte del Ejército ucraniano y de los batallones de voluntarios ucranianos (organizaciones como el Batallón Azov, conformado abiertamente y sin complejos por neonazis, y hooligans, representando una fuerza de entre 600 a 800 combatientes paramilitares).

Ante las agresiones militares y de los grupos fascistas, y ante el predecible giro neonazi del gobierno postYanukóvich, las fuerzas populares progresistas europeas se organizaron en una caravana antifascista, partiendo desde distintos puntos de Europa en dirección a la República Popular de Donestk, llegando a destino el 11 de mayo de 2015.

En mayo de 2015 el gobierno de Kiev culminó su deriva autoritaria e ilegalizó el Partido Comunista Ucraniano, conformándose en el único país europeo que ha proscrito el comunismo bajo acusaciones de financiamiento del terrorismo.

El 22 de febrero del presente año Putin reconoció públicamente la independencia de las repúblicas de Lugansk y Donetsk, firmando un tratado de entendimiento que fue refrendado por la Duma horas después.

“Tomé la decisión de realizar una operación militar especial”

La madrugada del 24 de febrero Putin anunció una “operación militar especial” a gran escala, atacando objetivos en territorio ucraniano con el propósito de anular su capacidad de ataque.

Así es que empieza el mayor conflicto bélico en suelo europeo desde finales de la Segunda Guerra Mundial, evento que diezmó la población europea y cuyas profundas heridas levantan susceptibilidades y pasiones hasta el día de hoy.

Horas después se abrió la veda de declaraciones primeramente por la Casa Blanca y posteriormente sus aliados occidentales, todas conteniendo como punto común el anuncio de sanciones económicas, y alguna puntual sobre altos funcionarios, contra el gobierno ruso.

“La población civil no tiene nada que temer”

Declaró el General Igor Konashénkov, portavoz del Ministerio de Defensa ruso, en televisión abierta, junto con anunciar una contraofensiva de los elementos militares informales de las repúblicas recientemente reconocidas, adentrándose varios kilómetros en territorio ucraniano, imitando la concepción teórica del “espacio vital” soviético.

Este es uno de los mensajes fuerza no solo del presidente Putin, enfatizado en varios momentos de su discurso previo a la ofensiva militar, sino respaldado por los distintos voceros políticos y militares en torno a la cuestión.

Queda claro que para la Federación Rusa es una prioridad posicionar el mensaje de que los ataques lanzados en territorio ucraniano únicamente tienen por objetivos anular las capacidades militares de respuesta y ataque y en ningún caso se tienen contemplados ataques contra la población civil de Ucrania; mensaje repetido hasta el cansancio por las diferentes plataformas.

“Putin ha comenzado una guerra premeditada de consecuencias catastróficas”

Declaró Joe Biden posterior al lanzamiento de la ofensiva rusa. Sin embargo, llaman la atención las distintas declaraciones de líderes de opinión y editoriales de varios medios de comunicación convencionales fuertemente posicionados en esta línea “The War Of Putin”, pudiendo darnos algunas pistas hacia dónde se dirige la guerra comunicacional, el otro plano en el que se juegan los conflictos bélicos, el de las informaciones y con las características propias de las redes y plataformas sociales además contemplando la legitimidad que deben contener las informaciones.

“Hace un momento, el embajador (polaco) en Bruselas ha sometido esta demanda al secretario general de la OTAN, con un grupo de aliados”

Declaró el portavoz del gobierno polaco, Piotr Müller, haciendo referencia a la activación del artículo Nro. 4 de la OTAN.

¿Qué dice el artículo 4 de la OTAN? “Las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada”.

Esto supone efectivamente una herramienta permitida por el Derecho Internacional público y cobijado de cierta legalidad a la intervención militar por parte de los países miembros de la OTAN dentro del conflicto bélico ucraniano.

El artículo citado viene a señalar que si bien Ucrania no es miembro de la OTAN cualquiera de los países (en este caso Polonia) al considerar que una situación externa pueda significar una amenaza para su independencia, política o seguridad, pone a consulta de la Alianza, y por ende de los países miembros, una intervención militar conjunta con el fin de cesar dicha amenaza a las atribuciones antes mencionadas.

“Esta guerra en nuestra vecindad tendrá repercusiones para nosotros, como el alza en los precios o caídas en los mercados bursátiles, pero si no reaccionamos con entereza el precio será todavía mayor”

Dijo la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, anticipando debidamente a la población alemana de posibles consecuencias directas en los bolsillos de los ciudadanos europeos fruto de la inestabilidad causada por los conflictos y considerando el no poco relevado dato de que el Kremlin es proveedor de aproximadamente el 40% del gas natural que se consume en toda Europa.

“Pido una reunión de urgencia de todos los líderes de la OTAN lo antes posible”

Tuiteó el Presidente de Reino Unido, llamado al que posteriormente se sumaría su homólogo francés Emmanuel Macron, en el mismo sentido de varios líderes europeos que invocaron el llamado a una Asamblea General de miembros del Atlántico Norte con una retórica dura.

Falta saber cuáles serán las disposiciones que se tomarán en tal asamblea, poniendo en consideración la advertencia del presidente ruso ante terceros que interfieran en el conflicto o atenten contra los intereses rusos.

“La OTAN no intervendrá ni actuará en Ucrania, pero actuará con un papel disuasorio en países vecinos socios de la coalición”

Afirmó el primer ministro portugués, António Costa, en declaraciones que evidencian por lo menos dualidad de criterios en el abanico de países miembros de la OTAN.

Podemos tomar como foco de calor en cuanto a la dureza y agresividad de las declaraciones de los voceros y mandatarios en torno al conflicto según su cercanía a las fronteras rusas o ucranianas: cuanto más cerca de la frontera la retórica ha sido más agresiva; misma que se diluye conforme a los países más lejanos.

“Sus abuelos y bisabuelos no lucharon contra el Ejército nazi y defendieron nuestra patria común, para que ahora los neonazis tomen el poder (…) No cumplan sus órdenes. Dejen las armas y vuelvan a sus casas”.

Por última vez, el jueves 24 de febrero, el presidente Putin reiteró la reticencia al combate directo priorizando los ataques militares de tercera generación, los cuales aseguran desde el comando ruso que cuentan con una precisión milimétrica, minimizando la cantidad de bajas civiles, dejando a un lado el concepto acuñado en sus distintas guerras por el Ejército norteamericano de “daño colateral”.

“Quiero dirigirme una vez más al presidente de Rusia. En todo el territorio de Ucrania hay combates. Sentémonos a la mesa de negociaciones para detener la muerte de seres humanos”

El día viernes 25 de febrero el presidente ucraniano, atrincherado en el Palacio de Gobierno, ante el avance de las tropas rusas y la deserción cada vez mayor de los combatientes ucranianos desistió de su postura y tendió la mano al presidente Putin, no sin antes denunciar con vehemencia que los países miembros de la OTAN “los han dejado solos” por temor ante la posible reacción de Rusia.

Consideraciones finales

Aún el pleno desarrollo del conflicto, ya podemos observar ciertas luces sobre cómo es que se dirimirá y cuál de las dos posiciones será la que se imponga, pues si prima una norma implícita en los conflictos bélicos es que recae sobre el ganador la narrativa de la historia y, en este caso, a todas luces Rusia lleva la delantera en puntos claves:

  • Militar: Las ofensivas militares si bien netamente son rusas y no binacionales (Bielorrusia), como se especuló en un momento o como afirma el Ministerio de Defensa ucraniano, han logrado un avance en territorio hostil a gran velocidad, por lo que todo apunta que en las próximas horas seremos testigos del escenario inevitable: la toma de Kiev por tropas rusas y la caída de Zelenski ante la operación táctica militar cuyo objetivo principal, según palabras del mandatario ruso, es “desnazificar Ucrania” y por ende al líder de los grupos nazi fascistas ucranianos.

La superioridad tecnológica y de recursos armamentísticos de la Federación si bien son fundamentales para una operación rápida y exitosa, no son decisivas dentro del campo de combate por lo que la operación informativa de desmotivación de las tropas que dio inicio nada más y nada menos que en el mismo discurso del presidente Putin la noche del inicio de hostilidades creó las condiciones necesarias para la deserción masiva de tropas ucranianas, resguardando su vida.

  • Diplomática: La operación diplomática se divide en dos flancos fundamentales:
  • Serguéi Larov: Canciller y jefe de la diplomacia rusa, por supuesto muy cercano al entorno del Presidente, que ha mantenido un discreto segundo plano dentro de la “operación militar especial”, ante el protagonismo de Putin, sabiendo interactuar con la matriz norteamericana y occidental “The War Of Putin”, en la que podemos observar bastante cómodo al presidente ruso;
  • Vasili Nebenzia: El exdiplomático de la extinta Unión Soviética, con amplia experiencia en cargos diplomáticos por todo el mundo, siempre en defensa de primero los intereses soviéticos y posteriormente los intereses rusos, quien encarna las cualidades de la diplomacia rusa: un mensaje duro y claro ante posturas ambiguas de los aparatos diplomáticos occidentales.

Ambos engranajes, claves de la maquinaria diplomática rusa, que no solo han rendido frutos acompañados de la maquinaria militar, política y comunicacional, han demostrado ser una composición exitosa en la coyuntura actual y sobre todo en el último lustro de un evidente liderazgo de Putin en el escenario global (Véase el ataque norteamericano contra Al-Assad).

  • Comunicacional: Este puede ser uno de los factores que si bien a priori no se lecturan como básicos dentro del conflicto, si profundizamos un poco en las relaciones del posicionamiento de “según qué” matriz comunicacional observamos lo evidente.

La Federación Rusa no ha escatimado esfuerzos en la última década en la consolidación de un sistema comunicacional de información de contrapoder no solo en Asia y Europa, sino en los cinco continentes, llevándose gratas sorpresas como la conquista de la audiencia latinoamericana, clásico bastión de los medios norteamericanos, quebrando más de 20 años de monopolio informativo de la CNN y sus ramas.

A día de hoy la Federación cuenta con un consolidado y legítimo sistema de redes informativas a nivel mundial, con multiplicidad de rostros de culturas e idiomas que han demostrado una lógica radicalmente distinta a la norteamericana en no solo la gestión de la información, sino en la no imposición de sus cánones culturales y estéticos.

  • Política: La alta popularidad del presidente del Kremlin, acompañado por su grado de aceptación internacional, han sido factores relevantes para que pueda afrontar varios mandatos a la cabeza de la Federación con una voz fuerte y decidida, llegando a marcar la diferencia en aspectos estratégicos para la sociedad rusa, logrando romper lógicas heredadas desde la descomposición del bloque soviético.

Quedará ver si logra asumir un recambio generacional en miras a la continuidad de su proyecto o bloque nacionalista, que en algunas ocasiones suele confundir no solo al elector, sino también al analista.

El conflicto armado ucraniano empezó allá por el año 2014 y se pueden apreciar luces de su atenuación con las últimas declaraciones de un presidente en decadencia y de los paramilitares nazi-fascistas huyendo del frente de combate, pues como nos ha mostrado la historia: el fascista se crece con las minorías y grupos vulnerables, faltándole pies para huir ante un oponente real.


  • Cientista político.

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