mayo 16, 2022

Ucrania y el nuevo orden mundial


Por Marcelo Caruso Azcárate * -.


La superficialidad con que se trata el conflicto mundial provocado por la guerra en Ucrania va de la mano de su intencionada desinformación. Un ciudadano colombiano entrevistado en directo por un canal de TV local explicó que en Donbass y Lugansk, regiones que se declararon independientes de Ucrania, llevaban años resistiendo a los más de 14 mil asesinatos del gobierno de Ucrania, encabezado por un declarado neonazi y sus bandas paramilitares. Agregó que la entrada de los rusos era para ellos muy beneficiosa. Sus palabras iban en contrasentido de toda la nota que presentaba el tema y no fueron objeto de ningún comentario, como pudo ser el comparar esa cifra de asesinados con las muertes de esta intervención rusa en Ucrania. Todas muy dolorosas, que podrían haberse evitado si se respetara lo concertado.

Se ha dicho que fue Putin, como alto mando de la policía secreta rusa, quien apoyó a Yeltsin en el plan de desmontar y desmembrar la Unión Soviética. Partiendo de esa convicción, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) lo apoyaron para gobernar, en tanto suponían que permitiría el ingreso del capital financiero mundial para apropiarse de los restos del derrumbe que tuvieran algún valor en el mercado. Al principio observaron complacientes cómo nacían grandes fortunas en los bolsillos de sectores corruptos de la antigua burocracia estalinista, reconvertidos en propietarios de importantes empresas antes estatales. Felices con el resultado, les abrieron las puertas de sus mercados y hasta de equipos de fútbol, muy propicios para el lavado de dólares.

En un primer momento, Putin propuso el ingreso de Rusia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dirigida por Estados Unidos y acolitada por la UE, pero fue rechazado. Como contrapartida, acordaron que la OTAN no integraría en su estructura a ningún país de la antigua URSS que fuera fronterizo con Rusia. Con el crecer del poderío militar y atómico de Rusia, con los misiles más rápidos e imparables, la estrategia de la OTAN fue comenzar a rodearla para doblegarla. Armaron a sus gobiernos amigos y colocaron al frente de ellos a comediantes convertidos en neonazis, como el que hoy gobierna Ucrania.

Pero con el tiempo Putin se fue empoderando, se asumió como el destinado a continuar el esplendor de la “madre Rusia” y comenzó a recuperar el control del Estado sobre las grandes empresas minero energéticas. A esto sumó el valorar los saberes científicos y capacidades humanas acumuladas en el pasado soviético, para volcarlas hacia la industria de guerra. Y lo más preocupante para los gobiernos de la OTAN: emprendió en apoyar a gobiernos progresistas y de izquierda. El conflicto estaba anunciado y la declinación del poder de Estados Unidos era evidente.

Es importante aclarar que el fondo del problema está definido por la disputa estratégica con China –aliado de Rusia– por el control de los mercados y las nuevas tecnologías. La principal sanción contra Rusia ha sido su exclusión del sistema Swift, plataforma de pago en dólares por toda transacción financiera, con 11 mil bancos registrados de 200 países. Con esto, el conflicto se extiende al campo de las grandes ligas financieras, con impactos económicos que pueden ser mucho mayores que una guerra convencional. La serena y sorpresiva respuesta de China fue poner a disposición de Rusia su propio sistema CIPS para operaciones financieras pagadas con el yuan, que agrupa a mil 200 bancos de 100 países, a los que se sumarían los 400 bancos del sistema de pago ruso. Una fractura financiera de tal magnitud en la que el dólar pierde su hegemonía y a la que se sumarían otros países en disputa con Estados Unidos es un anticipo de muy posibles escenarios futuros, pero que hoy son muy complejos de asumir por un neoliberalismo que está saliendo de una grave crisis financiera. A ninguna de las partes le interesa, al menos en lo inmediato, este escenario, por lo que ya se está proponiendo que los energéticos que vende Rusia a Europa no sean excluidos del Swift.

Dividir el mercado financiero mundial es parte de una confrontación que en algún momento cambiará el orden mundial, pero no creemos que se la jueguen ahora, y menos por un Zelensky. El show preelectoral de Biden continuará, pero esto no le garantiza el éxito externo ni interno.


*            Filósofo.


**          Cortesía de El Espectador, Colombia, 3 de marzo 2022.

Sea el primero en opinar

Deja un comentario