mayo 16, 2022

Desde el conflicto bélico hasta el medio ambiente: campañas masivas y la manipulación de la opinión pública

Por Camila Ugalde *-.


La manipulación de la opinión pública a través de la publicidad disfrazada de información cumple un rol en sostener el status quo de las relaciones de poder existentes en el sistema-mundo. Esta pasa desde la cobertura de conflictos bélicos hasta campañas medioambientales, el hilo conductor es quitar el contexto.

Tras lo que acontece en el conflicto en la región del Donbass, en la última semana hemos visto, y continuaremos viendo, el despliegue de una campaña mediática –probablemente– sin precedentes en el último siglo, algo que merece la atención especial de nuestro pensamiento crítico. Si bien habrá mucho que explorar sobre las diversas aristas que sostienen la narrativa de los medios hegemónicos en este tema en particular, este artículo presenta un apunte sobre el peligro de la descontextualización cuando de campañas masivas se trata.

“Los humanos son una plaga sobre la Tierra”

En diferentes latitudes y gracias a las TICs hoy existen movimientos y narrativas que sustentan que “el problema para el planeta es la humanidad y su desarrollo”, que en realidad si volviéramos a los tiempos de antes prevalecería la armonía que hemos perdido. Afirmaciones que buscan sostenerse como verdades absolutas y llaman cada vez más la atención por su presunta novedad y posición antisistema. Sin embargo, no tienen nada de nuevo.

Los mismos mitos surgieron y se desarrollaron en las primeras décadas del siglo. Son fruto de los procesos de industrialización acelerados, como la llamada “revolución industrial”, o la más reciente “de las comunicaciones”, y el miedo de las multitudes por la pérdida de referencias culturales conocidas.

La industria y los avances tecnológicos son percibidos como enemigos; verdaderos monstruos que quien las crea no puede controlar y de los que se debe huir. La idealización de la vida campesina y sus valores, la sabiduría de los antiguos, la armonía con la prístina naturaleza, son la respuesta, la reacción que han tenido ante aquella catástrofe inminente.

Ecologismo a medida del Tercer Reich

En Alemania, cuna de la ciencia de la ecología y escenario de la mayor presencia política de los verdes contemporáneos, en los años 30 tuvo un periodo donde florecieron estas corrientes. Y allí, junto con diferentes tópicos ecologistas, fue parte constituyente del entramado ideológico del nazismo.

Volkisch fue el nombre del movimiento que combinaba antiurbanismo, anticapitalismo, anticomunismo, misticismo natural y, en ciertos círculos, antisemitismo, adoración racial y ocultismo nacionalista, si es que tal cosa puede concebirse mirando el mundo hoy desde Sudamérica. De todo había en este movimiento de hippies de derecha, según los califican: defensa del medioambiente, de las especies en extinción, del espacio vital, del ajenjo y el peyote, la biodiversidad y la supremacía aria. Ni el carácter mágico de las piedras de colores y amuletos promovido por el apologista de la esvástica Guido von List estuvo ausente.

Siendo Heinrich Himmler su figura de mayor peso político, el movimiento volkisch tenía innumerables adherentes al nazismo. En el conocido Encuentro de Núremberg, en 1927, Joseph Goebbels destacó el papel del movimiento volkisch en la lucha por el poder en Alemania. Muchos intelectuales y científicos aportaron a la conformación de ese conjunto ideológico cuyo parecido con las actuales tendencias culturales verdes y el silencio histórico que lo cubre fuera de Alemania son igualmente asombrosos.

La creación de una mística de la naturaleza puede ya encontrarse en el romanticismo literario, y es un fenómeno internacional. Pero en los países europeos, y particularmente en Alemania, la mística de la “tierra de nuestros padres” adquirió connotaciones racistas. La “tierra de nuestros ancestros”, “la de los hombres de nuestra raza”, con los nazis sería convertida en eslogan: la mística del “suelo y la sangre” (blut und boden).

El movimiento volkisch provenía de la literatura y la filosofía, y su ambientalismo se entremezclaba en muchos casos con un virulento nacionalismo xenófobo. Describiendo ese período, Klaus Bergmann menciona, por ejemplo, a Ludwig Woltmann [1], discípulo de Haeckel, quien:

“[…] subrayaba la supuesta conexión entre pureza medioambiental y ‘pureza’ racial, Woltmann asumió una posición negativa hacia el industrialismo moderno. Alegaba que el cambio de una sociedad agraria a una industrial había apresurado la decadencia de la raza. En contraste con la naturaleza, que engendraba las armónicas formas del germanismo, estaban las grandes ciudades, diabólicas e inorgánicas, destruyendo las virtudes de la raza.”

La descontextualización como arma

Lejos de buscar “cancelar” movimientos o censurarlos este ejemplo procura hacer notar cuán necesaria es la profundización más allá de la publicidad que consumimos como información. Para poder garantizar un acceso más democrático a la verdad es preciso conocer la historia y contexto de ciertas narrativas vendidas como verdades absolutas y su rol en los entramados ideológicos que sustentaron y sustentan.

¿Qué tan distinto sería repensar el activismo ambiental y las campañas globales verdes desde el pensamiento crítico, desde la historia y desde la investigación del contexto?

Resulta imperativo permitirnos cuestionar qué intereses existen detrás del posicionamiento de una narrativa –y más aún cuando esta requiere noticias falsas y descontextualización para tener éxito–, porque bajo estas campañas no solamente caen temas de coyuntura, sino temas centrales de nuestra propia concepción de la vida y el planeta mismo.


  • Bióloga ecosocialista militante del Proceso de Cambio.

1           En Orduna, Jorge. Ecofascismo. Las internacionales ecologistas y las soberanías nacionales. Buenos Aires: Martínez Roca, 2008.

 

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