mayo 21, 2022

Golpe de Estado de 2019


Por Claudia Miranda Díaz * -.


Nuestra historia republicana fue una larga sucesión de golpes de Estado, militares y/o civiles-militares, con cortos periodos democráticos. Durante esos gobiernos de facto hubo masacres, muertes, asesinatos, exilios de personas consideradas opositoras a sus regímenes. Todas esas violaciones hacia la vida de las personas quedaron impunes, hasta que ocurrió el Juicio de Responsabilidades a Luis García Meza (por el golpe de Estado que propició en 1980). Sancionar a los responsables nos permitió gozar de 37 años de democracia, truncada con el golpe de Estado de 2019.

Nuestro primer texto constitucional es de 1826 y fue redactado por Simón Bolívar, adoptado por el Congreso General Constituyente de la República y promulgado por Antonio José de Sucre, el presidente electo. Preveía presidencia vitalicia y el derecho del Presidente a designar a su sucesor. No llegó a entrar en vigencia plena por divergencias entre el poder político de entonces y el mariscal Sucre.

En agosto de 1831 se aprobó nuestra segunda Constitución, sancionada por la Asamblea General Constituyente y promulgada por Andrés de Santa Cruz y Calahumana, durante su presidencia constitucional. Incorpora la elección del Presidente por un período de cuatro años, pudiendo ser reelecto. Los nuevos textos constitucionales del siglo XIX fueron en base a esta norma que plantea un régimen republicano democrático y presidencialista, opuesto al parlamentario europeo.

Uno de los pedidos de la población en la Guerra del Gas fue la Asamblea Constituyente. Asumido en el Gobierno en 2006, Evo Morales convocó a elecciones para la Asamblea Constituyente, realizada el 2 de julio de 2006. Los partidos políticos conservadores no aceptaron la amplia mayoría masista en ese espacio, cuyo resultado fue: 137 asambleístas para el Movimiento Al Socialismo (MAS) y 118 asambleístas para otros 15 partidos políticos y agrupaciones ciudadanas, sumando un total de 255 asambleístas. El proceso constituyente, llevado a cabo entre 2006 y 2009, fue sumamente duro, sesionó en Sucre y concluyó en Oruro.

Los cambios permanentes en nuestras 18 constituciones anteriores tienen que ver con “la duración del mandato presidencial”, que varía desde vitalicio, disminuye hasta cuatro años y luego sube a cinco años. En la última Asamblea Constituyente, que dio origen a la Constitución 19, el punto crucial de discusión fue la “reelección indefinida”, planteada por la bancada mayoritaria masista y ampliamente resistida por la reducida representación de la oposición, que utilizó medios externos a la Asamblea para después, “a fin de pacificar el país”, cambiar el artículo pertinente a la reelección indefinida en el Congreso Nacional, que no tenía facultades constituyentes. Ese punto de quiebre e imposición de las minorías a las mayorías es el que prevalece hasta hoy. En 2009 entró en vigencia la nueva Constitución, que dejó atrás el Estado Republicano y fundó el Estado Plurinacional.

Este nuevo Estado continúa interpelado por los protagonistas del golpe de Estado de 2019, que añoran retornar a la República. Para su cometido, saliendo victoriosos del punto de quiebre en 2009, empezaron a urdir mentiras con las que ganaron el referéndum del 21 de febrero de 2016, con 2,6% (51,30% – 48,70%). Como las mentiras les surtieron efecto, para las elecciones de 2019 construyeron el mensaje de “fraude electoral” (con bastante anticipación) y desconocieron el triunfo de Evo Morales en primera vuelta, con 10,57% de diferencia (47,08% – 36,51%). Su consigna fue “21F”, haciendo referencia a los resultados del referéndum.

Una reseña de nuestras constituciones nos muestra que asambleas, congresos y convenciones fueron utilizados como mecanismos para reformar el contenido de la Carta Magna respecto a la “duración del mandato constitucional”. Cada texto constitucional responde a un tiempo y momento político, en busca de mantener el poder.


*            Economista y auditora.

 

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