mayo 16, 2022

El bien común, una crisis planetaria

Por Jasivia Gonzales -.


El concepto de “bien común” se define principalmente en el ámbito antropocentrista. Sin embargo, para entender su verdadero sentido será necesario reconstruir y transmitir la urgente necesidad de cambiar la forma en cómo aprendemos y entendemos las cosas, esto como una respuesta revolucionaria cargada de la rebeldía necesaria para responder a la profunda crisis que estamos viviendo, con guerras, pandemias, extinción de especies, contaminación de los ríos, lagos y mares, con una infelicidad que progresivamente va apoderándose de nuestros corazones.

Necesitamos sanar las heridas abiertas, en particular de aquellos continentes que fueron colonizados de manera sangrienta, donde pedagógicamente poblaciones fueron controladas y dominadas por religiones occidentales que cortaron la percepción primigenia del ser humano hacia su entorno e imponiendo deidades celestiales, una doble moral, alimentada por la dicotomía del bien y del mal, el cuerpo del espíritu, el hombre de la mujer, la mente de la intuición, la percepción del conocimiento, la naturaleza del ser humano, la vida de la muerte.

Es preocupante evidenciar que esta dicotomía es el principio de la planificación planetaria y sus políticas desarrollistas. Así, por ejemplo, el entendimiento del “bien común” es absolutamente confuso para la banca y operativamente un problema para la planificación, bajo la premisa de que la responsabilidad debe ser del individuo, quien a su vez debe ejercer control y hasta violencia para lograr el cumplimiento de algún precepto.

De esta manera, el “bien común” se convierte en una concesión utilitaria y se deja de ver y sentir la conciencia de lo común en el entendimiento de que la vida es una red de individuos interconectados, yuxtapuestos, que forman parte de un tejido aún no descubierto en su magnificencia por la cultura occidental.

Viveiros de Castro (1992) [1] y Escobar, (2011) [1] indican que las delineaciones morales antropocéntricas no son universales y, de hecho, no caracterizan a las culturas amerindias. Los habitantes de los bosques de las Américas no ven a los humanos como seres superiores o especiales, ni se supone que tengan derecho a la propiedad y aniquilación a voluntad de otras entidades. Los humanos son vistos como parte de una compleja y delicada red de relaciones en el bosque.

David Kopenawa, líder y chamán yanomami, afirma que para la cultura yanomami la selva amazónica está llena, poblada, entre otras cosas, por innumerables Xapiri (entidades del bosque, invisibles la mayor parte del tiempo), mientras que para los blancos la selva es un espacio ocioso, del cual se deben extraer minerales y otros recursos (Kopenawa y Albert, 2013) [1]. Para los yanomami, los humanos son solo una de las múltiples entidades que habitan el bosque, mientras que para muchos blancos el bosque es un espacio vacío e “improductivo” por conquistar, esperando ser explotado económicamente. Sin embargo, los cálculos utilitaristas no se basan en la empatía y, por el contrario, la moralidad utilitarista tiende a asociarse con menos empatía (Begue y Laine, 2016) [1].

Por lo expuesto, el dilema del siglo XXI proviene del pensamiento dicotómico, utilitarista, patriarcalista y racista, en el sentido de creer que existen seres humanos de primera y de segunda. Este dilema es también resultado de los fundamentos religiosos que manejan el miedo de sus feligreses, haciéndoles ver que esta vida es pasajera, y si la viven de forma sacrificada, sumisa y servil cuando mueran irán al “cielo”, “el Paraíso será de los pobres y de niñas madres y mujeres flageladas muertas en vida para dar vida”, así la vida deja de generarse en medio de la alegría y equivocamos incluso el proceso, en sí, de la unión con lo divino.

En conclusión, la crisis ambiental es el resultado de todos estos dilemas, que nos llevaron a un modelo desarrollista que ya dio inicio a fuerzas planetarias que afectarán la vida de todo ser viviente en esta Tierra, denominado “cambio climático”.

Solo para tomar conciencia de esta situación, se sabe que en la historia geológica del planeta, hace 56,3 millones de años atrás, la temperatura planetaria se incrementó en 5°C a 7°C (denominado PETM= Paleoceno Eocene Thermal Maximum), debido a fenómenos de meteorización producidos entre dos mil y tres mil Gigatones de Carbono, mismos que fueron agregados a la atmósfera, calentando el planeta por el efecto invernadero. Actualmente, los excedentes de CO2 ya generados activaron el proceso de calentamiento, debido a la alteración de los gases de la atmósfera del planeta, con lo cual ya afectamos no solo la vida de los seres humanos en los próximos milenios, sino también la vida de los otros seres vivos con quienes cohabitamos (Kennett & Stott 1991; Westerhold et al., 2009; Zachos et al., 2003, en Jaramillo, 2012) [2].

En síntesis, debemos entender que esta crisis ambiental es resultado de la división sociedad/naturaleza y nuestros modelos de desarrollo. Vining (2003) [1] indica que es necesario desarrollar el sentido de obligación moral hacia otros seres vivos y el territorio, basado en fundamentos morales; y Oliveira (2017) [1] apunta que es preciso crear proximidad psicológica con seres no humanos e incorporarlos a la comunidad moral.

Al respecto, Cehajic-Clancy et al. (2016) [1] plantea que para resolver los conflictos humano-naturaleza necesitaríamos desarrollar intervenciones socio-psicológicas con el objetivo de inducir cambios fundamentales en creencias y sentimientos, similares a los métodos que se han aplicado para tratar la reconciliación intergrupal basada en el desarrollo de la empatía.

Por lo tanto, sugiere West et al. (2018) [1] que si nuestra relación con la naturaleza sigue siendo basada en el utilitarismo, y según mi exposición ligada a la dicotomía, no podremos generar una moralidad que nos haga conscientes de lo trascendental que es darnos cuenta de nuestra responsabilidad compartida, donde la conciencia del bien común nos podrá dar posibilidades de sobrevivir y despertar al verdadero horizonte civilizatorio.


  • Bióloga con doctorado en Ciencias Naturales, mención Botánica, Zoología y Geografía.

1           Autores citados en: Muradian, R. & Gómez-Baggethum. 2021. “Más allá de los servicios ecosistémicos y las contribuciones de la naturaleza: ¿Es hora de irse? ambientalismo utilitarista detrás”. Ecological Economics 185 (2021) 107038. Elsevier. www.elsevier.com/locate/ecolecon.

2           Jaramillo C.: “Historia Geológica del Bosque Húmedo Neotropical”. Rev. Acad. 2Colomb. Cienc. 36 (138), 2012. ISSN 0370-3908.

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