mayo 16, 2022

Las bolivianas en el siglo XIX


Por Claudia Miranda Díaz * -.


La historia de golpes de Estado en nuestro país empezó a un corto tiempo de la fundación de la República, cuando el 18 de abril de 1828 el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre fue obligado a renunciar por medio de un motín de su guardia presidencial; el autor intelectual del golpe fue el político Casimiro Olañeta. El pretexto fue la falta de pagos a la guarnición, sin embargo, lo que buscaban era dejar sin efecto la Constitución de 1826 y expulsar a los representantes bolivarianos.

Luego de aquel golpe de Estado vendría un período de inestabilidad política. En el lapso de un año hubo cuatro presidentes, hasta que asumió el mando el Mariscal de Zepita Andrés de Santa Cruz Calahumana (1829-1839), quien fue derrocado por su vicepresidente, José Miguel de Velasco.

La organización de nuestra nación no fue tarea fácil, desarticular el sistema colonial heredado sumió a Bolivia en una profunda crisis que se extendería casi por medio siglo. Andrés de Santa Cruz fue el forjador y organizador del Estado y en agosto de 1831 sancionó nuestra segunda Carta Magna. Los posteriores textos constitucionales del siglo XIX surgieron en base a esta norma que plantea un régimen republicano democrático y presidencialista (opuesto al parlamentario europeo).

La nueva Constitución mantuvo la discriminación de la de 1826, otorgando ciudadanía solo a los “varones calificados”, segregando a los indígenas y a las mujeres, que continuaban sin ejercer su derecho ciudadano. Recordemos que al “voto calificado” solo aspiraban los varones que sabían leer y escribir, y tenían bienes patrimoniales. Los indígenas y mestizos quedaban fuera del derecho de ejercer ciudadanía por no contar con estos requisitos; como resultado, el poder político estaba ejercido por una minoría –quienes aprobaron la segunda Constitución, la “minoría calificada” de esa época–.

La abolición de la esclavitud, señalada en las constituciones de 1826 y 1831, se hizo realidad entre las décadas de los 20 y los 30 del siglo XIX; sin embargo, si entendemos la esclavitud como cualquier forma de sometimiento de un ser humano a dominio ajeno contra su voluntad, continuó existiendo con el nombre de “pongueaje”, que consiste en “el servicio que están obligados a prestar al patrón los indígenas que no tienen propiedad ni patrimonio”, en este caso todos y todas las indígenas. Nuestra economía en el siglo XIX se basaba en la explotación de la plata extraída del Cerro Rico de Potosí.

En este contexto, ¿cuál era la participación de las mujeres?

Nuestra Sexta Constitución, aprobada en 1851, durante el gobierno de Manuel Isidoro Belzu, establece la enseñanza libre, sujeta solamente a las condiciones de capacidad y moralidad, pero la educación primaria para las mujeres de clase alta (criollas) vendría en el siglo XX, en tanto que las mujeres indígenas seguirían sometidas al servicio doméstico obligado (servidumbre), por la única razón de ser mujer e indígena. Las mujeres mestizas tampoco gozaban de los beneficios de las mujeres criollas.

La Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, fundada el 27 de marzo de 1624, y la Universidad Mayor de San Andrés, creada el 25 de octubre de 1830, albergaban solo a varones, y de la élite de entonces.

En el siglo XIX Bolivia vivía un proceso de reafirmación de su identidad blanca con la negación de lo indígena; de la misma forma, la reafirmación de la conciencia de la mujer blanca se sustentaba en el dominio de la mujer indígena.

La primera ola del feminismo nacido en Europa y Estados Unidos (1791, Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, e inicios del feminismo en 1848) no tuvo eco en las mujeres de nuestro país.

No se tiene registros de liderezas mujeres en este período, en ningún estrato social: criollo, mestizo o indígena.


*       Economista y auditora.

 

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