mayo 17, 2022

El patrimonio industrial fabril vive (Segunda parte)

Por Pedro Aliaga Mollinedo *  y Tatiana Suarez Patiño ** -.


En nuestro medio es frecuente escuchar lo siguiente: “Las industrias paceñas han desaparecido”. Esto en relación a lo acontecido a finales de los años 90, cuando las industrias surgidas a principios del siglo XX entraron en crisis ocasionando el cierre de las fábricas y la relocalización de sus trabajadorxs.

¿Qué nos queda? Edificios, maquinarias, productos, efectos medioambientales, derechos laborales conquistados por lxs fabriles, y sobre todo un gran flujo de memoria documental de nuestro pasado industrial fabril.

Nos queda el espacio también, puesto que los barrios donde los complejos fabriles se desarrollaron han modificado el paisaje con su utilización, estableciendo un significado social para los habitantes del sector y la población en general.

Hasta aquí el lector dirá: “Pero la industria productiva ha desaparecido, ya no se produce nada”; y tendrá razón, pero solo parcialmente. Actualmente las antiguas fábricas, como espacios geográficos, generan capital económico y dan empleo y vivienda a varios grupos de personas. Revisemos algunos ejemplos.

Las instalaciones de la fábrica de telas Saidn &Yarur, que desde 1926 ocupó en la zona de Pura Pura alrededor de 50 mil m², se ha transformado en los últimos 10 años en un condominio con casas familiares, e itinerantemente es sede de parques temáticos.

Manufacturas Textiles Forno creció al lado del río Choqueyapu en Achachicala, y en 1957 llegó a ocupar 48 mil 851m² de espacio. Al presente, se preservó gran parte de su infraestructura; conservan un galpón de más de 100 años de antigüedad, donde iniciaron sus actividades en 1923; además preservan las construcciones de la década de los años 40. Hoy estos espacios fueron refuncionalizados como almacenes de gran escala para las empresas e importadoras que abastecen la ciudad de La Paz.

Lanificio Boliviano Domingo Soligno se instaló también en Achachicala, textilera que inició sus actividades en 1928 y llegó a ocupar un espacio mucho más grande que las ya mencionadas.

Desde el cierre del Lanificio, este se transformó en viviendas parceladas del suelo al techo por los exobrerxs. En el corazón de la fábrica, extrabajadorxs instalaron talleres de mecánica, vidrierías, almacenes de plástico reciclado, textileras más pequeñas, restaurantes, entre otros. Incluso un canal de televisión abierta transmite por las tardes desde una de estas salas, misma que en las mañanas es una pequeña pensión.

Como se ha visto, aún se mantienen numerosos elementos de ese pasado, mismos que hoy construyen un presente y un futuro. Por este motivo planteamos la resignificación de estas industrias mediante su inclusión en las agendas culturales municipales y estatales, así como dentro de los circuitos turísticos urbanos.

Pero para llegar a ese momento, previamente se debe recuperar y sistematizar la mayor cantidad de datos, para que esas agendas y circuitos se nutran de información contrastada y recursos confiables que nos permitan conocer sobre el patrimonio industrial fabril, y su relevancia para la sociedad que hoy conocemos.

Para ello venimos desarrollando una metodología que combina los saberes de la conservación, la historia, la archivística, la filosofía y la arquitectura, para superar la mera visión descriptiva y simplista que reduce el patrimonio fabril a un conjunto de bienes sin reflexionar a profundidad en la relación orgánica con sus habitantes.

El patrimonio industrial fabril late, está vivo y vive todavía para nosotrxs. Su memoria no son solo objetos, y por este motivo lo abordamos como a un sujeto, como si se tratara de un abuelo con un pasado que le ha traído mucho honor y gloria a la gran familia boliviana.


* Historiador y archivista, UMSA.

** Especialista en conservación de bienes culturales.

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