julio 3, 2022

El retorno de la democracia pactada


Por Pilar Lizárraga Aranibar * -.


El golpe de Estado de 2019 ha constituido una cartografía de poder en la que se encuentran los actores que representan el “golpismo de 2019”, constituyéndose en la férrea oposición para avanzar en la restitución de las bases materiales y simbólicas de la vida. La constitución de las representaciones políticas en espacios legislativos, como son las asambleas y consejos, se torna compleja, ya que como decía Zavaleta Mercado “solo los que tienen corazón pobre o pactos negros pueden transigir con quien nos mata”. Y porque en ese reacomodo en algunas de las regiones ya no tenemos mayoría, como ocurre en Tarija, pero además porque la incapacidad y convicción ideológica no son cualidades de quienes se han hecho de la representación.

En Tarija, organizaciones políticas como Unidos y Todos, partes del golpismo, han construido escenarios para extender la necropolítica y mantener la ciudad como un espacio copado por un proyecto sin viabilidad para generar la certidumbre y la estabilidad. Y en correlato, las fuerzas del campo popular tarijeñas no han encontrado la posibilidad de articular y tejer los pilares de una gobernabilidad en base a la institucionalidad (alcaldías, concejos y asambleas y organizaciones sociales), porque lo orgánico se encuentra cercado por una corriente “acostista”, que tiene la concepción de construir poder para administrar el orden de ellos, como lo diría García Linera, un factor que atenta a la acción de una cultura política que es la que ha significado al Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y lo ha constituido como la alternativa para materializar un proyecto de transformación.

Las decisiones y acciones de las autoridades políticas del MAS-IPSP en Tarija han devenido en reinstalar las condiciones para el retorno de la democracia pactada, en escenarios de vacío institucional de la Asamblea Departamental, que ha sido resultado de diversos factores, como el de romper el bloque mayoritario de los 18 para articular un bloque de los 15, como anunciara la presidenta de la bancada de Tarija, Juanita Miranda, para conformar una directiva a la cabeza de Todos (agrupación de Oliva y de Áñez) y así viabilizar la administración de una fuerza mayoritaria como es el MAS-IPSP, que tiene 13 asambleístas, pero a partir del pacto con esta facción golpista. Estas decisiones estado acompañadas de acciones políticas como castigar al “indio” expresidente de la Asamblea Departamental del Pueblo Guaraní, quien era parte de la alianza que formaba el bloque de los 18, generando un rechazo e indignación por las acciones de violencia hacia los pueblos y naciones indígenas del Chaco y agrandando las brechas para poder acercar diálogos.

La salida buscada por el dirigente del MAS-IPSP, Acosta, y por el coordinador presidencial Marcelo Poma, fue convocar a una cumbre política para dar una solución a la “incapacidad de los asambleístas” y buscar una directiva concertada de las fuerzas políticas donde el MAS-IPSP pudiera asumir la presidencia pactada con quienes, a decir de Zavaleta, “nos masacraron”. Es el preámbulo de un retorno de la democracia pactada conducida por sujetos sin conciencia.


* Investigadora JAINA. Presidenta regional MAS-IPSP – Cercado Tarija.

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