agosto 17, 2022

La Cumbre de las Américas fracasó


Por La Época -.


La IX Cumbre de las Américas ha concluido sin siquiera lograr sus más mínimos objetivos. Ha sido un rotundo fracaso para los Estados Unidos, a pesar de la enorme presión política que sus operadores y agentes diplomáticos desplegaron contra cada uno de los países invitados y durante el desarrollo del encuentro.

El objetivo central de los Estados Unidos de “limpiar” su imagen en el continente, deteriorada en extremo desde 2008 y agravada por la administración Trump, quedó solo en buenas intenciones, pues la mayor parte de los países cuestionaron, de distinta manera, la prepotencia imperial.

En primer lugar, a la cumbre no asistieron varios países a través de sus máximos representantes: presidentes y/o jefes de Estado. La política de exclusión que la administración Biden tomó en su convocatoria fue respondida con valentía por varios países al anunciar que no participarían a nivel de presidentes si Washington se mantenía en su decisión de excluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Esa posición fue liderada por México, Bolivia y otros pequeños Estados del Caribe. Los jefes de Estado de estos países coincidieron en señalar que la cita debía ser respetuosa y tolerante de la diversidad y el pluralismo, de que debía ser la geografía y no la política la que determinara la convocatoria y que no hay democracia sin abrir la posibilidad del debate, a pesar de las diferencias.

En segundo lugar, de todos los jefes de Estado que aceptaron la invitación a la IX Cumbre de las Américas la mayor parte hizo conocer su posición de reclamo por la exclusión de los tres países a los que el Departamento de Estado de los Estados Unidos no considera democráticos.

Es más, podría decirse que Biden tuvo que resignarse a la presencia política y simbólica de Cuba, Venezuela y Nicaragua, pues la mayor parte de los países que concurrieron al encuentro al máximo nivel condenaron, al unísono, las más de seis décadas de bloqueo imperial contra Cuba e igualmente rechazaron las sanciones unilaterales tomadas por los Estados Unidos contra Venezuela y Nicaragua. Tal como sostuvo el presidente Díaz-Canel desde La Habana: “Estados Unidos tiene la capacidad de impedir la presencia (física) de Cuba en Los Ángeles, pero no tiene el poder de callar su voz”. Y si mencionamos la Cumbre de los Pueblos, paralela al mentado cónclave, la derrota de Biden es mayor.

La combinación de ambos factores pone de manifiesto la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos en el continente y reafirma que esa superpotencia está en pleno proceso de declinación hegemónica. Los esfuerzos realizados por las administraciones de Obama y Trump no han logrado recuperar, con métodos distintos, un papel de gran incidencia en la Región. No hay nada que anuncie un resultado distinto mediante la débil administración de Biden.

En síntesis, América Latina y el Caribe están en rebelión ante los mandatos estadounidenses. Los recursos desplegados por la Casa Blanca para asegurar el alcance de sus objetivos geopolíticos ya son insuficientes. De nada ha servido su implacable contraofensiva restauradora, conservadora y neoliberal. Los pueblos quieren respeto a los principios de la autodeterminación y no injerencia.

 

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