agosto 12, 2022

El escudo plurisexual y la herida del hombre blanco-heterosexual


Por Carla Espósito Guevara * -.


La emergencia virulenta de las nuevas derechas contiene una energía que emana de la herida del sujeto blanco-masculino-heterosexual ante su descentramiento como sujeto universal, dice Wendy Brown. La amenaza ante el peligro de sus privilegios deviene en furor conservador, en ímpetu antidemocrático.

El intento por impedir que la wiphala fuera izada en la Plaza 24 de Septiembre de la ciudad de Santa Cruz y el ataque a la exposición “Revolución y orgullo” el día 14 de junio, donde un grupo de manifestantes anónimos ingresó al Museo de El Altillo para destruir las obras que forman parte de esa exposición, entre ellas el “Escudo del Estado Plurisexual de Bolivia”, son dos hechos que están conectados entre sí y forman parte del ímpetu antidemocrático del conservadurismo neoliberal, mismo que tiene como sus ejes el racismo, la defensa del orden patriarcal, del orden “civilizacional” y el ataque a todo principio de igualdad.

Pero la destrucción de las obras de arte en Beni demuestra además un nuevo elemento que se incorpora a los mencionados, como es la defensa de un orden moral, de una moral sexual tradicional, restrictiva y normada desde la masculinidad. Es la defensa de lo que ellos llaman “el orden natural de las cosas”, que establece una jerarquía desde donde la sexualidad aparece como “natural”, biológica, “estática” –como todas las jerarquías–, y sometida únicamente a la reproducción.

Las campañas y reacciones contra el feminismo y el derecho al aborto son parte de la protección de ese orden moral y tienen como contrapartida la defensa de la “familia tradicional”, elemento clave del pensamiento neoconservador. La democracia liberal ha integrado históricamente la familia, la propiedad privada y la democracia, pero esa integración se ha profundizado con el neoliberalismo, que es intrínsecamente patriarcal, porque la familia es el espacio designado para cubrir los déficits de la destrucción del estado social que el neoliberalismo conlleva. Es el espacio de la conservación del orden, el lugar que evita el temido desmoronamiento social al que conducen las políticas neoliberales. Por eso el neoliberalismo requiere de ella para reproducirse.

No por casualidad para Hayek, el gran exponente del pensamiento conservador, el mercado y la moral tradicional van juntos, son la base de la libertad, del orden y el desarrollo de la civilización. De hecho, el neoliberalismo de Hayek es un proyecto político-moral que intenta proteger las jerarquías tradicionales: las de clase, raza y género, que estructuran las jerarquías del mundo neoliberal y de sus políticas de contratación, así como la división social y sexual del trabajo. Intentan contener a las mujeres, a los indios y a la población LGBT fuera del espacio público y del pacto social masculino.

La defensa de este proyecto político moral y sexual también está relacionada con el imaginario nacionalista, plagado de imágenes masculinas, donde los militares son el emblema más importante. Por eso un escudo plurisexual se hace insoportable para la turba que atacó la exposición “Revolución y orgullo”, va contra el proyecto moral que defienden, contra su imaginario de nación, contra el orden jerárquico y civilizacional sustentado por la familia, que añoran preservar. Pone en peligro el privilegio que supone ser blanco-heterosexual y hombre en nuestra cultura.


*       Socióloga y antropóloga.

 

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