agosto 10, 2022

La absurda pretensión de declarar nula la elección del 2020


Por Carlos Echazú Cortéz -.


Que la derecha boliviana es atrevidamente irracional, es muy conocido para quien vea las cosas con un poquito de sentido común. Eso ha podido ser evidenciado en múltiples ocasiones en las que formularon las más aberrantes ideas en su constante plan de contrarrestar el avance de las fuerzas populares y progresistas del país. Entre las irracionalidades que son de antología, destaca, por ejemplo, aquella vez que acusaron a Evo de ser dictador por obligarles a votar en el referéndum revocatorio. En efecto, aunque parezca mentira, en su opinión, el “dictador” estaba obligando al pueblo “subyugado” a que vote para decidir si el dictador seguiría gobernando o dejaría de hacerlo; mayor ridiculez, difícil imaginar.

Pues bien, en este mismo afán de convertirse en campeones del absurdo, ahora han planteado un nuevo y gigantesco despropósito. Sostienen que si se determina por autoridades judiciales que el gobierno de Añez fue un gobierno de facto, entonces quedarían nulas todas las acciones de ese gobierno y, consecuentemente, también quedaría nula la convocatoria a las elecciones de 2020, por lo que el gobierno de Luís Arce, no sería un gobierno legal. Tamaño absurdo es solamente digno de quien cree que un dictador podría convocar a un referéndum revocatorio.

Si aceptáramos que todo lo que viene después de los golpes de Estado es ilegal y, por lo tanto queda nulo, deberíamos entonces retrotraernos hasta el momento en que, las fuerzas que Agustín Gamarra, el año 1828, forzaron de modo inconstitucional la renuncia del mariscal Sucre a la presidencia de Bolivia. “Todo lo que vino a continuación es nulo”, dirían los “legalistas”.

Evidentemente es un ridículo grotesco pretender que en la convulsionada historia de nuestro país, que ha estado repleta de golpes de Estado (en los que por cierto, siempre ha participado la derecha) se quiera declarar nulo todo lo que viene a continuación de los gobiernos de facto. Esa nulidad alcanzaría, en consecuencia, según el interesado pseudo argumento, a las convocatorias a las nuevas elecciones que restauraron el cauce institucional democrático. Eso no sólo es absurdo, sino atentatorio a la misma democracia.

Lo que la derecha atrabiliaria nunca va a comprender es que los golpes de Estado, que truncan procesos democráticos, son sucedidos siempre, y por mucho que le pese a la derecha, por procesos de democratización que otorgan renovada legitimidad a los gobiernos que luego emergen en justas electorales.

A modo de ilustración conviene recordar de donde proviene la legitimidad de los gobiernos que emergieron de las dictaduras militares de las décadas de los 60s, 70s y comienzos de los 80s. Justamente, la legitimidad nueva emerge de las luchas sociales por la democratización. Tal es así que la legitimidad de las elecciones de fines de la década del 70 y los gobiernos que emergieron de ellos no están en la convocatoria que realizó el gobierno dictatorial de Banzer, sino en la gran huelga de hambre nacional que fue impulsada por aquellas heroicas amas de casa mineras. Esas luchas arrancaron a la dictadura militar una amnistía y luego una convocatoria a elecciones.

Del mismo modo, la legitimidad de las elecciones de octubre de 2020 no está en la convocatoria que lanzó el espurio gobierno de facto de Jeannie Añez. Por el contrario, la legitimidad está en las grandes movilizaciones de agosto del año 2021, en las que decenas y hasta centenas de miles de hombres y mujeres del pueblo boliviano obligaron a ese gobierno dictatorial a lanzar la convocatoria a unas elecciones a las que se negaba, una y otra vez, a convocar, con el infame propósito de prorrogarse en el poder.

Por todo lo expuesto, la infame pretensión de declarar nula la elección del 2020 por parte de la derecha atrabiliaria cae como absurda. No es solamente un infame intento de deslegitimar un gobierno democráticamente electo, sino también de desconocer la historia de Bolivia, martirizada por los criminales intentos de la derecha de truncar sus luchas democráticas.

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