agosto 12, 2022

Conocimiento y biodiversidad: la fuerza de las mujeres

Por Cynthia Silva Maturana *-.


Las mujeres producen la mayor parte de los alimentos en el mundo, pero son dueñas de alrededor del 1% del total de la tierra. La distribución desigual de la tierra tiene que ver con la distribución desigual del poder, de los mecanismos de participación política, de las decisiones sobre la producción y de la participación efectiva en los procesos de transformación estructural.

En este marco de reflexión podemos plantear que uno de los avances importantes alcanzados en Bolivia es el acceso a la tierra por parte de las mujeres. En la actualidad alrededor de un millón 100 mil mujeres son titulares del derecho, ya sea con sus parejas o como único titular, alcanzando alrededor de 46% de los títulos entregados.

Pero este avance no puede ser considerado una meta en sí mismo, sino una vía en la consolidación del ejercicio pleno de los derechos de las mujeres, entre los que se hallan la autonomía económica y el derecho a la integralidad de las concepciones culturales y sociales de las mujeres.

Y para ello la garantía del derecho a la tierra en Bolivia está ligada, o debiera estarlo, al necesario reconocimiento y valoración de los conocimientos que las mujeres han desarrollado en torno a los sistemas naturales y las especies que los componen; su participación histórica en la domesticación de las especies silvestres configurando la agrobiodiversidad, que hoy nos alimenta a todos y todas; el conocimiento desarrollado en los patios y canchones alrededor de la selección de especies de plantas medicinales, aromáticas y tantos otros que definen los sistemas de producción de la agricultura familiar campesina e indígena; la medicina tradicional que se aplica a nivel nacional y otros.

Pero todavía existe una tendencia a ignorar que las mujeres desde su trabajo, en los roles de cuidado como encargadas del bienestar de sus familias, usan, conservan y aportan conocimientos especializados sobre la biodiversidad.

Numerosos estudios en diferentes regiones de América Latina, Asia y África muestran que en la actualidad las mujeres proveen un porcentaje apreciable de la fuerza laboral de sus países para la producción de alimentos. “En total, las mujeres proveen casi el 80% de la comida vegetal silvestre recolectada en 135 sociedades de subsistencia” [1]. Las mujeres tienen conocimientos especializados de especies que pueden ser dejadas por razones comerciales o de productividad, asunto muchas veces tomado desde la esfera de las decisiones masculinas. Una multiplicidad de investigaciones en los Andes ha demostrado, por ejemplo, que la diversidad en el grupo de las papas y el maíz corresponde más a los requerimientos culinarios, como la resistencia al congelamiento y la calidad para hacer sopas, que a decisiones agronómicas [2], manifestando que desde los roles del cuidado se generan importantes conocimientos.

Mujeres y hombres poseen conocimientos y preferencias distintas tanto del uso y manejo de las plantas como de la crianza de los animales. Por ejemplo, las mujeres tienen en cuenta el tiempo de cocción, la calidad de la comida, el sabor, la facilidad de recolección y preservación; mientras que los hombres, generalmente, consideran la conveniencia según el tipo de tierra, el almacenamiento, la producción y la comercialización. Ambas atenciones son necesarias para el bienestar humano.

Entender que los sistemas de conocimientos reciben aportes tanto de hombres como de mujeres es central para avanzar en el impulso de sistemas productivos sustentables y en general para empujar procesos transformadores hacia el Vivir Bien.

Y, en ese sentido, así como son cardinales los programas de acceso al crédito a las mujeres, lo son igualmente las políticas que desarrollan una comprensión de las visiones propias de las mujeres, políticas que se construyen con ellas y que valoran no solamente el fortalecimiento de los roles económicos de las mujeres, sino además sus sistemas de conocimiento, entre otros.

Las transformaciones en torno al derecho a la tierra en Bolivia deben abrir las reflexiones acerca de cómo este avance reconfigura los derechos y el poder de decisión sobre los recursos y la biodiversidad, sobre las decisiones productivas, sobre la diversificación productiva, pero asimismo sobre la generación de sistemas productivos más sustentables, basados en los sistemas de conocimiento y contribuciones de las mujeres.

Se hace necesaria una profunda reflexión para avanzar en los derechos de la Madre Tierra, desde una perspectiva despatriarcalizadora, buscando superar las visiones de las mujeres como guardianas de la naturaleza y la biodiversidad, almacenadoras y productoras de semillas. Las mujeres crean permanentemente conocimientos y son investigadoras e innovadoras, a la vez que cumplen los roles de cuidado no remunerados [3].

Construyendo sobre los sistemas de conocimientos, los sistemas de innovación desarrollados por las mujeres –largamente ignorados– pueden llevarnos a comprender cómo estos sistemas de conocimientos y estos sistemas de producción son parte de las resistencias y de las luchas reivindicativas que hoy en muchos países están construyendo procesos transformadores.


  • Bióloga, militante del Proceso de Cambio y exviceministra de Medio Ambiente.

1       Agular, L. (2007) ¿Por qué las mujeres están ausentes en el manejo y conservación de la biodiversidad?

2       Agular, L. (2007). ¿Por qué las mujeres están ausentes en el manejo y conservación de la biodiversidad?

3       Yumbla, M. R, Valencia, C., López, N. y R. Haro (2020). Reflexiones y acciones de mujeres de la Red de Agricultores Investigadores de Chuquisaca Bolivia: Más allá de la reproducción, los cuidados y la alimentación.

 

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