agosto 9, 2022

Victoria del paro nacional en el Ecuador (Segunda parte)

Por Edgar Isch López *-.


¿Quién financia la lucha?

Un dicho popular dice que “cada quien juzga según su condición”. Por ello, cuando el Ministro de Defensa ecuatoriano salió a señalar que tras las manifestaciones estaba el narcotráfico, en las redes sociales muchos le preguntaban cuál era su fuente. El recuerdo de que la Embajada norteamericana señaló que había “narcogenerales” en la fuerza pública está fresco y, además, sin que haya una investigación concluyente.

De modo que hablar de dinero del narcotráfico, sin la más mínima prueba o siquiera razón de duda, se presenta como un intento de desprestigio de la lucha social. Ya sabemos que mentiras de este calibre se han multiplicado desde los mediados del siglo pasado cuando pretendían que la izquierda se alimentaba “del oro de Moscú”. Sin embargo, no descansan en ese tipo de acusaciones que, de tanto repetirlas, esperen engañen a los ingenuos.

La verdad pura y simple, visible y practicada por miles y miles, es que la solidaridad se convierte en herramienta poderosa de los pueblos. Los indígenas y campesinos que se han movilizado lo hicieron con sus propios medios y luego fueron contando con el apoyo desinteresado de miles y miles. “Ya que no puedo salir a las marchas, algo debo hacer”, decían muchos. Y así, en diversas ciudades, y particularmente en Quito, la gente reunía en su organización, su familia o su barrio, alimentos y bienes que se incluían en listas de lo necesario.

En las universidades, convertidas en refugios de paz, condición que no respetó la represión, personas de distintos barrios, estudiantes y docentes organizan la alimentación, su distribución. Igualmente, y con presencia destacada de organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos de la niñez, se los cuidó, con jóvenes que les hacían jugar y acompañaban actividades educativas. En la Universidad Central, en la noche de 24 de junio, como si fuera un juego para que no se asusten, debieron cambiar de lugar de alojamiento.

La salud socialmente cuidada. Voluntarios salubristas han atendido en los centros de refugios y a los agredidos en la calle, incluyendo a policías cuando ha sido necesario. Sin embargo, han denunciado varios momentos en los cuales las fuerzas policiales han atacado a los voluntarios a pesar de los uniformes y las banderas blancas.

El pueblo financia al pueblo. Los banqueros y las grandes empresas financian sus intereses. Por ello, el Vicepresidente sale a entregar paquetes de productos a los militares ubicados alrededor del Palacio de Gobierno, agradeciendo a uno de los grupos monopólicos por la entrega. Para la Policía pidieron igual reconocimiento. Pretendieron dar la impresión de que no cobran un sueldo del presupuesto público o que son héroes. Categoría muy alta para aquellos que se involucran en acciones represivas de la peor especie.

La fuerza pública como actor político

Sin pretender que sean los únicos síntomas, revisemos dos escenas para pensar.

La primera, cuando el Ministro de Defensa se presenta con sus comandantes y en traje de campaña repitiendo el discurso contra el terrorismo y anunciando su disposición a usar la violencia para defender al Gobierno. Esto a pesar de que legalmente no deben actuar en política y de que la Constitución no les da el carácter de “garantes” de la democracia, cosa que sí hacían las anteriores.

La segunda, el viernes 24 de junio fuerzas policiales participan en una marcha de la derecha que prendidamente llamaba a la paz en medio de gritos racistas. Su presencia organizada, en días de represión, era aplaudida, incluyendo jóvenes mujeres policías festejando sobre un carro antimotines.

Son más que gestos. Se trata de una participación descarada en el mundo de la política. Los altos mandos, con una orden.

La radicalización de la derecha

La represión y el accionar de la fuerza pública se complementaron con la activación de la extrema derecha portando un racismo sin límites y el llamado a “matar a los indios” para que “salgan de la ciudad” y “se queden en el campo”.

No es primera vez que esto se presenta, pero hay signos diferentes que deben ser analizados, como: se han presentado de manera más frontal y abierta, pretendiendo justificar su racismo y dar un toque de “análisis” a sus dogmas neoliberales y etnocentristas; han pretendido argumentar para las llamadas clases medias; sus discursos han formado parte de la política comunicacional de grandes medios ante el paro.

Un aspecto socialmente peligroso es que existen denuncias de cómo en varios puntos han usado armas de fuego y disparado contra los manifestantes, acompañado por una descarada vinculación de la Policía en su marcha, calificada como “por la paz”, mientras gritaban consignas racistas de odio.

Este nivel de agresividad se expresa también en el descontento ante lo realizado por el Gobierno. Para este sector, la salida era represión y más represión, más arrestos (hay al menos 150), más juicios penales (hay cerca de 300 personas bajo acusación), más terrorismo de Estado.

En suma: las contradicciones crecen

La victoria popular tras 18 días de paro no implica un punto final en la lucha social. En las particulares condiciones del Ecuador es un capítulo por un gobierno popular. Si la unidad crece y se estructura organizativamente, las esperanzas de alcanzarlo se materializarán en un plazo menor.

Mientras tanto, las organizaciones indígenas se alistan a la vigilancia para lograr el cumplimiento de los acuerdos. Demandaron un diálogo con resultados, distinto a los anteriores y por ello no podrán hoy ser burlados.

La victoria es indígena y popular, económica, política e ideológica y ello da base para profundizar la lucha popular en esos mismos planos.


  • Académico y exministro de Medioambiente de Ecuador y asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

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