abril 21, 2024

Agua para la Ciudad Maravilla

Por Jasivia Gonzales *-.


Es 16 de julio de 2050, la gente deambula, yendo a sus puntos de organización para ponerse a trabajar, junto a sus picotas, palas, cinceles, yunques y demás herramientas que permitan destruir la gran infraestructura de hormigón y concreto que hace menos de 30 años, como parte de una gestión de riesgo, enterró gran parte de los ríos que cruzan por la actual sedienta ciudad de La Paz como única supuesta medida, económica y factible, para ahuyentar los malos olores de aquellos ríos que fueron convertidos en grandes cloacas citadinas, trocados en calles y zonas para lotear y construir más casas sobre un lecho de río que antes fue fuente de vida de peces, ranas y agua. Situación que hoy es vista como la gran irresponsabilidad, ignorancia y negligencia de una época donde buscar la armonía con el medioambiente no fue entendida como una advertencia ni mucho menos como una propuesta, sino más bien una metáfora del momento. Es así que la población de La Paz, organizada en grupos y por barrios, se dispone a cavar y destruir el concreto que separa una ciudad seca de la única posibilidad de recuperar las añoradas fuentes de agua. Se consiguió que la cooperación done botellones de 500 ml/día/persona para calmar la sed de cada ciudadano que excava, mientras sus familias silenciosas y fatigadas aguardan en las largas filas de repartición de agua a cargo de la dirección de desastres de la Municipalidad. El desentierro de los ríos será la única medida de recuperación integral de los acuíferos de este valle en el que un día corrieron más de 300 ríos, haciendo del lugar el más hermoso para construir una ciudad.

La Paz fue fundada en el poblado de Laja un 20 de octubre de 1548, en medio del Altiplano; tres días después se trasladó donde ahora se encuentra, en el curso del gran río Choqueyapu, que en aymara significa “chuqui yapu” (Chacra de oro), que nace al norte de la ciudad de La Paz, en cuyo primer tramo se llama Jhunu Tincu Jahuira, posteriormente Kaluyo y luego Choqueyapu, y al final de la travesía río La Paz, tributario del río Beni.

El sitio actual de la ciudad ya estaba poblado en tanto era un punto de encuentro precolonial de intercambio de productos porque allí se encuentra el Altiplano por el oeste, los Yungas por el este, el altoandino húmedo por el norte –donde yace la gran cordillera Real, que albergan los Achachilas Illimani, Mururata y Huayna Potosí, entre otros de menor altura– y los valles interandinos por el sur. Ahí se intercambiaron papa, oca, quinua, ullucus, tarwi, carne y lana de camélidos, coca, hierbas medicinales como la chillka, aguamanto, molle, incluyendo oro y piedra pasa, para hacer la kispiña, leguía y demás productos de temporada. Muchos de estos productos apenas se agarran de la memoria de la gente y otros tantos se redescubren por incipientes estudios antropológicos y arqueológicos que rasguñan algún presupuesto que permita reencontrarnos como sociedad al saber cómo era nuestra La Paz, la de todas y todos los bolivianos.

Los pronósticos de cambio climático, mencionados 100 veces pero ignorados como siempre en la planificación de desarrollo a principios del siglo XXI, advierten que por acción humana la temperatura de la Tierra va en incremento debido en gran parte a la emisión de gases de efecto invernadero, y en países como el nuestro aún podemos apostar por conseguir medidas de adaptación que disminuyan el riesgo de desastres causados por el efecto del cambio climático, principalmente por sequías, debido en parte a la acelerada disminución de bosques naturales y a la falta de planificación integral en el crecimiento de las ciudades emergentes.

Bajo este enfoque nuestras autoridades asumen una responsabilidad vital ya que deciden el modelo de desarrollo, el cual debe necesariamente ser visionario, adelantarse a la época y escuchar las advertencias, sobre todo en un contexto de cambio climático, y pensar en las sociedades del mañana inmediato. En el caso de la Ciudad Maravilla, de la “oh linda, lindísima La Paz”, ningún alcalde y candidato a alcalde, y en menor número alcaldesa (valga la reiteración de una sociedad patriarcal), ve al embovedado de ríos como un ejemplo de un crimen ambiental, donde cuerpos de agua naturales fueron convertidos en cloacas citadinas por una herencia de tratamiento colonial en que las personas nos olvidamos que los ríos son y traen vida.

El embovedar un río convertido en cloaca es no dar ya ninguna oportunidad a una recuperación, es enterrar la parte enferma de un cuerpo vivo, es destinar a la muerte lenta de un complejo de vida a un ser vivo o enterrar un cuerpo que aún sigue vivo. Tanta inversión para la peor decisión y que quede impreso para la memoria de las futuras generaciones. La inversión no es justificativa, ya que otras infraestructuras han sido decididas y no con tanta importancia como lo tienen el agua para la vida y el desarrollo, donde más que incapacidad técnica falta un análisis integral y visionario, saber cómo desmantelar la mentalidad colonial que nos dejaron los antiguos modelos maquillados de desarrollo totalmente insostenibles.

Cabe indicar que existen estudios que recomiendan un modelo más integral y sustentable de la gestión de los recursos hídricos, que ofrecen propuestas para lograr una descentralización de los puntos de acumulación de agua, siendo que por el transporte de agua en el sistema hídrico de la ciudad, por las grandes distancias y sistemas obsoletos, se pierde el 40% del recurso, solo como uno de los ejemplos a tratar [1]. Además que la falta de tratamiento adecuado del agua sigue siendo la causa principal de enfermedades en la población [2].

Sin embargo, las convocatorias a las autoridades no se dejaron escuchar y una vez más las políticas públicas equivocadas privarán a la ciudad con más ríos de Bolivia a un futuro sustentable.

En este mes aniversario de La Paz, la Ciudad Maravilla, deseo vida y salud tanto para las comunidades humanas como para sus ecosistemas, para que las relaciones con su entorno se reestablezcan y que el primer párrafo del artículo sea solo una ficción.


1       Franken, M. 2007. Gestión de Aguas, Conceptos para el Nuevo Milenio. Editorial Plural, Bolivia. Ver en: https://ecomujer.org/wp-content/uploads/2013/06/librofranken.pdf

2       Van Damme, 2002, en pág. 406 de Franken, 2007.

 

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