agosto 10, 2022

Impotencia de los organismos internacionales ante la creciente inflación y la tendencia hacia la recesión de la economía mundial

Por Julio Gambina (Economista) -.


La Cumbre de Ministros de Finanzas y titulares de bancos centrales del G20 terminó sin consenso sobre lo esencial: la crítica situación de la economía mundial, con inflación en ascenso y una tendencia a la recesión [1].

Realizada en Bali, Indonesia, el pasado 15 y 16 de julio, fue preparatoria de la Cumbre de Presidentes de noviembre próximo. Tiene lógica la ausencia de consenso, en tanto fueron parte del cónclave Rusia y los Estados Unidos, incluso China y Europa, entre todos los partícipes del G20.

Recordemos el origen del G20, que nace como respuesta a la crisis de 2008. Se utilizó la plataforma institucional de un instrumento para considerar aspectos técnicos y financieros, especialmente problemas de deuda. Desde Estados Unidos, bajo presidencia de George W. Bush y al final de su mandato, y pese al desprestigio local y global de este presidente, salió la convocatoria a una Cumbre de Presidentes del G20, que se edita anualmente hasta el presente, con rotación de sede, lo que otorga la posibilidad de coordinar los debates.

La composición del G20 contiene al G7 y a los países emergentes, especialmente China e India, necesarios para ampliar el consenso del qué hacer ante la crisis. Brasil, México y Argentina integraban el cuerpo en su versión previa de intercambio técnico, especialmente por las demandas ante la crisis de deuda de estos. La continuidad de dichos países latinoamericanos, en tanto cumbre presidencial, remite más a esos antecedentes que a la capacidad de intervenir en las definiciones de las cúpulas gobernantes en el ámbito mundial. Algo distinto ocurre con otros miembros que hoy definen o discuten el orden global sin estar entre los siete grandes del capitalismo mundial.

El dato de realidad es que el cónclave de Indonesia no tuvo acuerdo sobre la cuestión de fondo: la inflación creciente y la tendencia a la recesión, especialmente asociada a la ralentización del crecimiento desde la crisis 2007/09, agravada con una pandemia que aún no termina; y más cercano, con las incertidumbres y tensiones gestadas desde febrero con la guerra en Ucrania.

La presión de los Estados Unidos y sus socios de Europa y Japón no tuvieron impacto en la reunión del G20, especialmente sobre otros grandes operadores del sistema mundial, caso de China y la India. Muy activa estuvo la Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Yanet Yellen, quien pretendió legitimar las sanciones contra Rusia sugiriendo el establecimiento de un techo a la cotización del petróleo exportado desde Moscú, en mensaje directo hacia China, India y otros compradores. Un imposible si se piensa en la creciente articulación política y económica de países que tienen en común ser objeto de sanciones unilaterales desde Washington.

El dato relevante es la impotencia del poder histórico de la hegemonía estadounidense, que trasciende al G20 y se proyecta a todos los foros y organismos internacionales, quienes coinciden en señalar la preocupación por el alza de los precios, de alimentos y de energía, con lo que ello supone en materia financiera y una orientación que se extiende en la suba de la tasa de interés, con pretensión “ortodoxa”, para frenar la inflación. Aluden a la necesidad de “enfriar” la economía, justo cuando se pensaba en el fin de la pandemia y el estímulo a la recuperación económica. Washington está cerca de una recesión, luego de la caída de su producto en -1,5% en el primer trimestre de 2022.

Son datos que confirma la Reserva Federal y anuncia nuevas subas de tasas que pueden llegar al 6% hacia el próximo año, más que duplicando los valores actuales. Europa y Japón no se quedan atrás y comparten el diagnóstico y el pronóstico del acontecer para el presente y próximo año, empujando similares políticas económicas, financieras y monetarias. Es lo que confirma el informe del FMI en boca de su Directora Gerente. Dice la Georgieva:

“Cuando el G20 se reunió por última vez en abril, el FMI acababa de recortar su pronóstico de crecimiento mundial a 3,6% para este año y el próximo, y advertimos que la situación podría empeorar dados los posibles riesgos a la baja. Desde entonces, varios de esos riesgos se han materializado, y las múltiples crisis que enfrenta el mundo se han intensificado.” [2]

Confirma que:

“Va a ser un 2022 duro, y posiblemente un 2023 aún más duro, con un mayor riesgo de recesión.”

Las sugerencias de solución sustentadas desde el FMI llevan al “enfriamiento” de la economía, más allá del lenguaje diplomático y la mención “no creíble” a no descuidar la situación de los sectores desfavorecidos. De hecho, la forma de combate a la inflación, especialmente con suba de las tasas de interés, convoca al cierre de empresas, al crecimiento del desempleo, la precariedad y el deterioro de los ingresos y condiciones de vida y trabajo de millones de personas en el mundo. Sin perjuicio de ello, se encarece el crédito de las familias fuertemente endeudadas, proceso extendido entre los sectores empobrecidos. Ni hablar del problema de los países fuertemente endeudados, que deberán comprometer crecientes recursos fiscales para atender la demanda de cobro de los acreedores globales.

En los ámbitos internacionales se lamentan sobre los obstáculos gestados en la coyuntura a la tendencia a la globalización por cuatro décadas, desde la restauración conservadora de los 80 del siglo pasado con Thatcher y Reagan. La crisis en curso parece ponerle límite a la “liberalización” (políticas neoliberales) ensayada primero desde los terroristas golpes de Estado inaugurados hace medio siglo en Sudamérica. Por eso, ante la impotencia del poder, otra lectura proviene desde el descontento social ante la cruda realidad, verdadera base material y simbólica para considerar la diversidad de las resistencias que acontecen en los territorios más diversos del planeta, desde nuestra América a Sri Lanka, que, con matices, hacen evidente el agotamiento de los pueblos ante la explotación exacerbada y el saqueo de los bienes comunes.

Son tiempos de inflación y recesión, sí, pero también de búsquedas desde los pueblos para pensar en alternativas en contra y más allá del capitalismo.


1       Leer las noticias en el sitio del G20, en: https://g20.org/media/#news

2       Kristalina Georgieva, 13 de julio de 2022. “Cómo puede responder el G20 ante un panorama económico cada vez más sombrío”, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2022/07/13/blog-how-g20-can-respond

 

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