septiembre 28, 2022

¿Conspiración avisada, derrota del Proceso de Cambio? (primera parte)

Por Jhonny Peralta Espinoza -*.


Y esta es la historia de nuestro país, llena de contradicciones, escaramuzas, masacres, bloqueos, luchas políticas, golpes de Estado, que nos demuestran que la lucha y unidad de contrarios (axioma marxista) solo tiene que terminar con la derrota estratégica de uno de los bandos.

Seguimos leyendo análisis que afirman que la derecha está diezmada, sin bases ni programa, dispersa, disfuncional; esos analistas se olvidan que desde el 2019 la derecha acumula fuerza, desarrolla contra el Gobierno una política de hostigamiento que no cesa, lo intentó en octubre de 2021, en la denominada “ventana de oportunidad”, legaliza sus grupos paramilitares en plazas y calles, naturaliza su periodismo del odio, y nadie desmonta sus estructuras golpistas militares y policiales. Por todo esto, la derecha no es un enemigo simple y maniqueo, y que si queremos derrotarla con una sola estrategia no la venceremos. Pero también debemos ser conscientes que la derrota en el golpe de Estado del 2019 también se debió a errores y limitaciones nuestras.

“Soy democrático, pero a mi manera”, Pinochet

Los golpes de Estado ya no tienen las mismas características de los años 60-80, pero el manual organizativo de la cadena de eventos que conducen al perfecto golpe de Estado en América Latina, que fue elaborado por un equipo de sociólogos y psicólogos sociales en los Estados Unidos, sigue siendo consultado por la derecha boliviana; una derecha que cuestiona la democracia como proceso de democratización política y económica, y aspira a imponer su visión neoliberal de democracia.

El manual plantea 14 lineamientos, que aquí lo vamos a relacionar a acciones que desarrolla la Embajada yanqui y sus serviles derechistas:

  1. El objetivo último del plan conspirativo es obtener la adhesión de un segmento de la alta oficialidad de los militares. Antes del golpe de 2019 ya había una estructura militar y policial golpista, esa misma estructura golpista hasta el momento no se ha sido desmontada;
  2. La visión de la lucha sociopolítica que tiene la Embajada la visualiza como una guerra, y se desata a partir del uso de gremios patronales, sindicatos y grupos de militantes de capas medias, en contra de un gobierno legal. Aquí están Adepcoca, Cainco, Resistencia Juvenil Kochala, Unión Juvenil Cruceñista, Conade, Conainde, Unitas, Jubileo, colegio de médicos, gremialistas, juristas independientes, comités cívicos, etcétera;
  3. El plan de desestabilización y golpe se inicia con la formación por parte del Departamento de Estado de dos equipos o task forces (fuerzas especiales), responsables a su vez de dos trackso vías de acción y tareas. Estos equipos dependen de una dirección para la acción política en el país. En general, quien dirige las operaciones es el Embajador, pero se conocen casos, tal como fue el de Chile en los años 70, en que la dirección fue ejercida directamente por el secretario de Estado Henry Kissinger, y coordinada localmente por un funcionario de menor rango de la Embajada. Los componentes de la fuerza especial son Hugo Antonio Achá, Carlos Sánchez Berzaín, y los equipos de acción en Bolivia están comandados por Camacho y Reyes Villa;
  4. El primero de esas fuerzas de tarea está encargado de estructurar los mecanismos y sucesos del ámbito político mediante promoción de líderes, estructuración de alianzas, iniciativas políticas locales e internacionales, etcétera: cursos de liderazgo juvenil impartido por la Embajada en El Alto y otras regiones, becas a los Estados Unidos, regalo de hospitales por la Embajada yanqui, la derecha unida por la reforma de la Justicia y contra el narcotráfico, denuncias de narco-Estado o Estado autoritario ante organismos internacionales, etcétera;
  5. El segundo equipo se encarga de la captación de los sectores golpistas civiles y militares, incluidos líderes o personas comprables, influenciables del sector popular (Iván Arias, Jhonny Llalli, Luis Larrea, Roxana Graz, Rómulo Calvo, entre otros). Asimismo, se ocupa de los pagos a periodistas sicarios y el mantenimiento financiero de periódicos, radios y canales de TV, elaboración de información sesgada para sus acólitos, y otras tareas de guerra psicológica (Carlos Valverde, Mario Espinoza, Amalia Pando, Magy Talavera, Andrés Gómez, John Arandia, Jimena Antelo, Raúl Peñaranda, Gonzalo Rivera, Carlos Arana, Casimira Lema, Virginio Lema, etcétera). Estos actores tienen la tarea de generar paros, bloqueos, fake news, desinformación, de tal forma que produzcan el caos económico y social a lo largo de un proceso de uno a dos años;
  6. La separación en dos equipos operativos se realiza para que cada grupo se encargue de minar o debilitar los aspectos que sostienen el Estado de Derecho, que son la legitimidad institucional y el orden público. Hoy la derecha habla del Gobierno no democrático, incremento de inseguridad ciudadana, de la desinstitucionalización de la Policía, boicot a la elección del defensor del pueblo y el contralor, rechazo a la aprobación de leyes que investiguen fortunas ilícitas, etcétera;
  7. El plan se inicia con el reclutamiento, por parte del primer equipo, de algunos políticos neoconservadores o fascistas (Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Juan del Granado, Antonio Rivera, Ramiro Orias, Gualberto Cusi, Jorge Valda, Audalia Zurita, Doria Medina, etcétera) y de periodistas venales (todos esos mercenarios de la prensa descritos arriba), sectores de clases medias (Beto Astorga, Manuel Morales, Virginia Beramendi, Lucio Gonzáles, Andrea Barrientos, Luisa Nayar, etcétera) y mujeres (Jhannise Vaca Daza, Sonia y Julieta Montaño, Gabriela Vaca Poehlmann, Sara Landau, María Galindo, Alejandra Serrate, etcétera);
  8. También hay un reclutamiento y alianza política con sectores conservadores de la Iglesia. Ahí están las altas cúpulas de las iglesias católica, evangélica, entre otras;
  9. El plan se consolida a través de paros y huelgas sectoriales, rumores y actos de desestabilización (no gobierna Lucho Arce, se viene una devaluación, no hay harina para elaborar pan, paros contra la ley de investigación de fortunas ilícitas y la prórroga del Censo, huelga contra el carnet de vacunación, etcétera);
  10. Paralelamente a estos hechos se crea un desabastecimiento artificial (no hay diésel, gasolina, maíz, harina, etcétera);
  11. Se entrega dinero a la prensa golpista para compensar la pérdida de lectores (cuál el origen de la vida cómoda de los Virginio Lema, Carlos Valverde, Amalia Pando, Casimira Lema, Andrés Gómez, etcétera);
  12. El task force o grupo de trabajo encargado directamente de la parte golpista de la conspiración empieza a reclutar militares, periodistas, políticos y dirigentes gremiales claves (la derecha tiene su base social y no está sola, como dicen analistas ingenuos);
  13. Ese mismo grupo de tarea se ocupa de captar mujeres y familiares de militares y policías (Guadalupe Cárdenas, etcétera), para asignarlas a operaciones de desmoralización de los militares y policías;
  14. Después de una o dos huelgas patronales y/o de transporte, o cabildos, se realiza un ensayo general de fuerza, o globo de ensayo, de manera de saber cuáles son las inclinaciones de los mandos decisivos. En esta fase decisiva se neutraliza cualquier atisbo de institucionalidad dentro de los militares y policías.

Hay más nombres de la derecha que se han conjurado para aplastar al Gobierno, y solo hemos querido mostrar que hay un plan sedicioso y conspirativo, plan que no se fija en el color del rostro del Presidente; ahora es cuestión de que la derecha quiere volver al poder, porque consideran que es su derecho natural gobernar y dirigir el país. Desde el 2009 que vienen intentando recuperar el gobierno, lo hizo en 2019 y fracasó por su angurria y corrupción; en 2021 no pudo articular a todas las fuerzas de la derecha y ahora se orienta a provocar una derrota estratégica al campo popular.

Que una revolución puede sobrevivir sin una militancia, es pedir lo imposible en política

En agosto de 2019 Evo Morales convoca a la Casa Grande a cerca de 400 funcionarios de la alta burocracia, el propósito de la reunión es pedirles que hagan gestión política, pero pasan las elecciones y llega el golpe, nunca vimos acciones políticas de esa burocracia aristocrática; ahora, muchos de esa casta política siguen en los mismos puestos, y la pregunta correcta es ¿qué pasaría si nos proponemos con esa casta ir a confrontarnos con la derecha, construir una sociedad de iguales y solidaria?

La militancia urbana del MAS, como esa burocracia aristocrática, que trabaja en el aparato estatal, están ganados por el individualismo y no podemos esperar mucho. Tenemos esta clase de funcionarios públicos porque ninguna instancia estatal, durante 15 años, tuvo la voluntad de transformarlos en sujetos solidarios, comprometidos y combativos.

Asistimos a una discusión estéril de quién tiene el derecho de hacer escuelas de formación, unos lo llaman de líderes y otros de fortalecimiento político, pero en ambos solo encontramos adoctrinamiento puro y duro. Esto de la militancia no es cualquier cosa. Para algunos la militancia es a veces dura y sacrificada y afecta o puede afectar a las relaciones familiares, que incluso sea rechazado por los padres; en otras ocasiones, la militancia constituye un casi estado natural y es, a un tiempo, una enseñanza que se conforma como ejemplo a seguir; aquí puede ser rica la experiencia de los padres, un pasado que enriquece el presente y abona o puede abonar el futuro.

Afirmamos que la formación política que tenemos es adoctrinamiento, porque el orden social, incluida la capacitación política, está mediado por las relaciones de poder que se explican a través de las prácticas; por tanto, los militantes son producto de esas prácticas, entonces desde la militancia ¿cómo y a partir de dónde se efectúan los cambios, las revoluciones?

Actualmente la formación política se caracteriza por prácticas de decir “sí” a todo, no cuestionar a los líderes, no cuestionar al Gobierno, replicar o repetir lo que el capacitador dice. Foucault buscaba las grietas, las brechas, donde las cosas empiezan a dejar de ser lo que son, el momento en el que las personas dicen “no”, y comprendió que hay prácticas diferentes de las discursivas y no discursivas, son las prácticas de subjetivación, donde cada uno asume los lenguajes y las formas de existencia, y las llamó “prácticas de libertad”. Entonces en esas formaciones políticas de la Vicepresidencia y del Movimiento Al Socialismo (MAS) no se cuestiona, critica, debate, confronta, autocritica, y lo que están produciendo a partir de las prácticas de la dominación son militantes pasivos.

Un ejemplo histórico de esas prácticas de libertad fueron esos cientos de warmis y chachas jóvenes gritando “ahora sí, guerra civil”, que, sin ninguna formación política, trotaban en la Ceja, cabreados y emputados por la ofensa que había sido objeto su wiphala. Esto fue una realidad, porque sus formas de existencia les hicieron comprender que la sensibilidad es política, o sea, que el otro te importe porque entre el otro y tú hay algo en común. Aquí se cumple a rajatabla lo que exigían Foucault y Butler: primero son las prácticas y después el sujeto.

Construir militantes, a los que Brecht llama “imprescindibles”, no es tarea per se. Para que esos militantes realicen pequeñas y grandes acciones, reuniones, activismo social consistente, organización, riesgos y más riegos, intervenciones institucionales cuando es el caso, ayuda mutua, fraternidad, tenacidad, se requieren prácticas de libertad, o sea que los lenguajes y las formas de existencia de las capacitaciones políticas tienen que cambiar.


  • Exmilitante de las Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ¿Conspiración avisada, derrota del Proceso de Cambio? (Tercera parte) | La Época - Con sentido del momento histórico

Deja un comentario