septiembre 28, 2022

Soberanía alimentaria de último kilómetro

Por Ernesto Jordán Peña *-.


El “último kilómetro” es el camino final de transporte de mercancías y personas. La logística del comercio es sumamente eficiente transportando grandes cantidades de mercancía en larga distancia, con costos económicos mínimos (pero el costo ecológico alto), de tal manera que podemos tener cada día todo lo que necesitamos y no necesitamos a la mano. Es en el último kilómetro donde hay más problemas y cuellos de botella, el último recorrido desde el depósito o almacén de la ciudad hasta las manos de los clientes. En esta parte del camino es donde la economía de escala ya no funciona, los caminos y destinos potenciales se incrementan y con ello la complejidad de distribución.

En el caso de los alimentos se podría pensar que la situación es más simple, porque como las personas necesitan comer diariamente es fácil juntar en un solo lugar la oferta de alimentos donde uno puede acudir y abastecerse. Y así ha sido por miles de años, los mercados del mundo tienen algún sector donde se venden alimentos, ya sea frescos o elaborados. Los mercados además han sido por largo tiempo el centro de la vida urbana, donde se puede degustar lo mejor de la comida tradicional de un pueblo y donde se intercambia mucho más que solo dinero y mercancías.

Uno de los efectos del crecimiento de la clase media y el aumento de los ingresos es que cambian los patrones de consumo de la población. En este sentido, los supermercados aparecen como alternativa más cómoda frente al mercado tradicional. A pesar que no hay la opción de negociar los precios y estos son en general más altos (sobre todo en productos frescos), en los supermercados uno tiene la ilusión de disfrutar de más opciones de alimentos procesados y además que ofrecen más comodidad para los compradores. El supermercado parece una versión mejorada y eficiente del mercado.

Sin embargo, no hay que dejar de lado lo que ocurre tras bambalinas. En el mercado los productores y transportadores llegan con alimentos frescos desde el campo y los ofrecen a mayoristas y minoristas, quienes pueden escoger entre varias opciones; es un lugar de intercambio dinámico con múltiples actores ofertando y comprando. En cambio, los supermercados funcionan como un único ente que se encarga de intermediar, ellos toman la decisión de a quién comprar en base a precio y capacidad de abastecer la demanda, lo que tiende a favorecer a los productores más grandes y a los socios del supermercado. Se deja fuera del juego a los pequeños productores y a los productos que no son muy apreciados. Los supermercados ofrecen a los compradores solo aquello que vende mejor o lo que sus socios quieren vender. Es así que lentamente se uniformiza la dieta de las personas, se empieza a olvidar alimentos tradicionales y se sustituye los productos de la agricultura familiar con alimentos procesados de la agroindustria [1]. No se trata de eliminar los supermercados y obligar a todo el mundo a volver a comprar en el mercado, es cierto que hay numerosos productos que es conveniente comprar allí, pero se trata de dar una opción a los pequeños productores de llegar a las familias en condiciones de acuerdo a sus capacidades, además de promover una alimentación variada, sana y vinculada a la diversidad de culturas y gastronomías existentes.

Una de las soluciones propuestas por el Estado dentro del Proceso de Cambio para contrarrestar esta uniformización de la canasta familiar ha sido el Subsidio Prenatal y de Lactancia. Dentro de este paquete hay productos tradicionales poco conocidos o en peligro de olvidarse, que de paso son muy nutritivos, como la quinua, cañahua, asaí, sésamo y amaranto. Para varios productores el Subsidio les permite acceder a un mercado que normalmente sería cooptado por grandes empresas que venden alimentos procesados y/o importados, como fideos o pan. Esto ha permitido fortalecer y formalizar emprendimientos que producen alimentos tradicionales en riesgo de olvidarse, hecho que fue notado por medios extranjeros como El País, que dedicó una nota a una de estas productoras [2]. Si bien es evidente que el Subsidio tiene problemas relacionados a la atención de las beneficiarias, sobre todo aquellas que viven en áreas rurales, no se debe perder la oportunidad de acceder al mercado que significa para estos productores el Subsidio y la oportunidad para las beneficiarias de tener una dieta saludable.

Hay muchas organizaciones y asociaciones productivas en Bolivia que trabajan con productos sumamente interesantes, teniendo en cuenta la crisis climática y alimentaria que vivimos, agudizadas por la falta de ambición de países desarrollados y las guerras imperialistas [3], con gran potencial de aportar con soluciones pero que tienen problemas para competir con la agroindustria en el mercado de alimentos nacional. Como consumidores podemos aportar con soluciones si empezamos a ser conscientes de nuestras elecciones en el mercado y no nos olvidamos de nuestra posición en el sistema-mundo.


  • Biólogo ecosocialista, militante del Proceso de Cambio.

1       “The politics of food in Venezuela”. Publicado el 1 de junio de 2018 en Monthly Review, consultado en https://monthlyreview.org/2018/06/01/the-politics-of-food-in-venezuela/

2       “La ingeniera quechua que rescató del olvido al grano que resiste al cambio climático”. Publicado el 30 de julio de 2022 en El País, consultado en https://elpais.com/america-futura/2022-07-30/la-ingeniera-quechua-que-rescato-del-olvido-el-grano-que-resiste-al-cambio-climatico.html

3       “¿Liderazgo climático europeo? Solo mientras no afecte su economía capitalista”. Publicado el 29 de julio de 2022, consultado en https://www.la-epoca.com.bo/2022/07/29/liderazgo-climatico-europeo-solo-mientras-no-afecte-su-economia-capitalista/

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