mayo 19, 2024

La organización de un ingenio minero en 1966

Por Juan Pablo de Rada *-.


El 27 de mayo de 1966 el metalurgista Darío Claros Zurita mandaría una misiva al jefe del Departamento Metalúrgico de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), Ing. Carlos Antezana, en la que le indicaba las problemáticas de la administración de una empresa minera y cómo conservar las máquinas de un ingenio.

Si leen esto, puede sonarles intrascendente. Pero hubo un tiempo en la historia de nuestro país que el desarrollo técnico era muy avanzado, me refiero a las décadas del 50, 60 y 70 del siglo XX.

Esta es una pequeña historia de cómo pensaban los metalurgistas de la década del 60, en un periodo de oro de la industria minera boliviana, ya que se estaban construyendo moles mecánicas como Vinto (plomo, estaño y antimonio), o planificando la construcción de más plantas metalúrgicas de zinc y cobre.

Las preocupaciones de un metalurgista

Morococala era una antigua mina asentada cerca de la ciudad de Oruro, que se caracteriza por su sorprendente arquitectura británica. Eso porque su dueño era el minero británico Penny Duncan, allá por el siglo XIX.

Darío Claros era metalurgista de la empresa minera Santa Fé-Morococala. Dicha compañía era estatal y pertenecía al conjunto de las 21 empresas que tenía la Comibol en su seno. Claros asistió al Simposio Minero Metalurgista que se había desarrollado días antes en las ciudades de Potosí y Oruro, en referencia a temas de cómo mantener ingenios mineros.

En respuesta a este simposio, mandaba a sus superiores notas para ser corregidas. Una de ellas era: “¿Cómo debe ser un administrador de empresas minero? “.

Pues, él dejaba en claro lo siguiente: “El aumento continuo de los gastos generales en los costos totales de operación, es un problema constante que enfrentan todos los administradores de empresas”, como describía en su informe redactado con una máquina de escribir, a la vieja usanza, al que tituló: “Simposio Minero Metalúrgico Mantenimiento de Maquinaria e Ingenios”.

El problema era que los ingenios eran muy difíciles de mantener, ya que estos trabajan con ácidos que corroen cualquier material, además que los repuestos eran muy costosos. Sin embargo, la Comibol era uno de los principales clientes de compañías mundiales como Atlas Copco, especialista en diseñar máquinas para la industria minera, que iban desde taladros hasta pistones.

También hubo empresas soviéticas operando en territorios “comibolistas”, mismas que vendían sus piezas de máquinas elaboradas en gigantescas plantas en Volgogrado o Magnitogorsk.

La organización de un ingenio minero en 1966

Claros separaba la organización de un ingenio en cuatro departamentos:

División Mecánica. Anotaba que la parte mecánica se encargaba de “las inspecciones, de la conservación preventiva, reparaciones de emergencia y remplazo de máquinas”;

División Eléctrica. La sección eléctrica se encargaba del “sistema de alumbrado” y mantenimiento del “alambrado eléctrico”;

División de Servicios. Encargada de “las tuberías de aire comprimido, suministro de fuerza”, etcétera;

División de Infraestructura. Encargada de “la condición de los edificios, así como la pintura”, como reza dicho testimonio escrito.

Ahorrar tiempo

Una de las preocupaciones de Claros era lógica: la de ahorrar tiempo ya que los costos operativos de los ingenios se incrementaban si se alargaban sus operaciones.

Añadía otras cuestiones, como una planificación debida: “Las órdenes de trabajo aprobadas, y con toda la información, son las bases del sistema para planear y programar la conservación”, como describía en la página cinco de su largo informe. No dejaba lugar a la improvisación, sino a un control medido del tiempo.

El encargado de aplicar dichas órdenes era el “Capataz General”. Para su buen desenvolvimiento exigía que los planes de revisión de máquinas fueran diseñados con antelación. Por ejemplo, en un tono coloquial, pero muy práctico, Claros mencionaba que “un método sencillo de distribuir las órdenes es mantener una serie de cajas con los nombres de los capataces a quienes se les asigna el trabajo”.

La importancia de un archivo en los ingenios

Puede leerse como algo bien raro, pero un técnico metalurgista se daba cuenta de la importancia de tener un repositorio documental. Generalmente los archivos no son tomados en cuenta con la seriedad que se les debe en muchas empresas públicas y privadas de Bolivia.

Pero, para el técnico metalurgista Darío Claros, en el año 1966, un archivo tenía enorme importancia. Anotaba que “el mantenimiento de buenos registros de cada máquina en la planta es de gran ayuda”. Luego destacaba que “la tarjeta debe tener toda la información”, en referencia a los datos de la pieza y el fabricante de un repuesto específico de la maquinaria del ingenio. Esta tarjeta “debe mantenerse (como) un historial de todo el trabajo de conservación y el costo”, el cual imprimía en su informe escrito. Él mismo, por cierto, tenía una redacción pulcra que recordaba a su condición pragmática asociada a la técnica.

El resto del informe contiene el lenguaje de los ingenieros y técnicos, como lo es la partitura a los músicos, el lienzo a los pintores o un papel a los escritores, es decir, planos con diseños de máquinas elaborados con dibujo técnico y con fórmulas químicas que nos recuerdan las tablas del genio Dimitri Mendeléiev.

Epílogo

La historia minera de nuestro país no solo se compone de las acciones políticas y sociales en su seno, sino también de las historias económicas y técnicas que se movilizaban entre exportaciones y materiales industriales. Por ejemplo, en el tema de exportaciones la Comibol tenía oficinas despachantes en el puerto de Arica y Antofagasta, así como representantes en ciudades como Nueva York, quienes hacían de intermediarios para vender minerales estatales en la “Gran Manzana”.


* Estudió Historia en la UMSA y ejerció como archivista en el Archivo Histórico de la Minería Regional de Oruro.

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