diciembre 3, 2022

Bolívar irrenunciable

Por Sara Valentina Enriquez Moldez -.


Reivindicar a Bolívar en este tiempo para algunos resulta ser interesante por el peso matriz en la identidad latinoamericana, aun siendo que las luchas por la independencia hayan ocurrido hace más de 200 años.

Hoy pronunciamos el nombre de Bolívar e inmediatamente pensamos en la Revolución Bolivariana de Venezuela, que se autodefine como socialista, por lo tanto, surgen un conjunto de preguntas acerca del tránsito y contrastes que fue adquiriendo este precioso proceso que reinstala la discusión sobre el socialismo, y no como una cuestión de académicos, sino como agenda desde los movimientos sociales. Al mismo tiempo, fue el comandante Hugo Chávez quien puso sobre la mesa la problemática acerca de los orígenes de las guerras de independencia, y lo planteó también en el movimiento popular.

Llama particular atención que en el documento de Santa Fé IV, donde los estrategas del Pentágono demarcaron la agenda a los militares del Pentágono, se ubica a Simón Bolívar como un enemigo estratégico de la “democracia” y del “mundo libre”. Es decir, lo exponen como un enemigo vigente del imperialismo, no solo como un enemigo histórico. Precisamente por ello hablar hoy de Bolívar es ser consecuentes del legado histórico antiimperialista que existe en estas tierras hace ya mucho tiempo. Si el Departamento de Defensa tiene como enemigo formal a una persona que falleció hace ya casi 200 años, nos quiere decir claramente que existe una idea que va en contra de los intereses del Norte, que se ve representada por el propio Bolívar. Y es de esta mencionada idea bolivariana que emana Chávez junto a la Revolución Bolivariana de Venezuela, e igual las FARC. Por eso, el Norte identifica a Bolívar como la base ideológica de estos movimientos.

Muchos señoritos “académicos” intentan hacer calumnias históricas en contra de Bolívar, algunos diciendo que era un criollo privilegiado, jugando a un anacronismo hasta antagonizarlo con los indígenas, únicamente por su condición de criollo. Otra facción desorientada de la derecha trata de apropiárselo acusándonos de tener una mala lectura de él.

Estas desviaciones expuestas se pueden explicar con un motivo puntual: ambos distorsionadores caen en el intento de folklorización de Bolívar.

Por el contrario, Chávez tenía una lectura espectacular de Bolívar, en constante redescubrimiento. Por ejemplo, se animó a poner en duda si era realmente malo José Tomás Boves, cuyo nombre fue casi una mala palabra porque era un fuerte enemigo de Bolívar y de la causa patriótica. Sin embargo, se atrevió a organizar una lucha guerrillera de los llaneros de Venezuela, donde peleaban los negros, los mestizos, los indígenas, en contra de los mantuanos, que era la clase rica en ese momento.

Evidentemente en los libros nos muestran a Boves como un enemigo de la causa patriótica, pero al mismo tiempo encabezaba guerrillas de los que estaban en el subsuelo de la tierra, de los esclavos, de los indígenas. Es ahí donde Chávez dice, firmemente, cuestionando incluso verdades asumidas, que Boves no era defensor de la Corona, sino de los esclavos.

Al lado de Bolívar, a un comienzo, luchaban los criollos independentistas, es cierto, pero con el tiempo se dio cuenta que sin la libertad de los esclavos no iba a poder triunfar en las guerras anticoloniales. A partir de allí cambia y profundiza en su concepción social de la independencia.

En la academia nos hablan bastante del “bicentenario”, como que toda la gran rebelión nació recién en 1810. En Europa, el Rey Fernando VII cayó prisionero de Napoleón Bonaparte, quién invadió varios países europeos expandiendo la revolución burguesa, y como consecuencia de la caída del rey español la historia eurocéntrica nos cuenta que ahí empieza la independencia de nuestro continente, dependiendo de una variable subordinada a procesos políticos ni siquiera nuestros. Nosotros, en ese caso, seríamos los hijos de Napoleón, siguiendo esa perspectiva mediática eurocéntrica. Pero las rebeliones en nuestro continente en realidad empiezan cuando llegan los colonos. Los aymaras, por poner un ejemplo, pelearon varios años antes de que naciera el abuelo de Napoleón.

Túpac Amaru II encabezó una rebelión continental en el sur de América en 1780, es decir, 30 años antes de que Napoleón accione en Europa. Con la rebelión de Túpac Amaru II empieza la rebelión de nuestra América. En 1790, 10 años después de la primera rebelión del sur, en términos formales, en Haití se da la rebelión de los esclavos negros con el guerrillero François Mackandal. En consecuencia, la independencia de nuestro continente no es un derivado de procesos europeos, nuestras luchas empezaron antes, no obstante cobraron mayor intensidad con la caída del Rey español.

Si se nos siguen impartiendo conocimientos con perspectivas eurocéntricas y destacando solamente héroes locales, pretendiendo ocultar la lucha como continental, estaremos lejos de reivindicarnos como continente. De una sola Gran Nación que planteó Bolívar en el Congreso de Panamá en 1826, hoy somos más de 20 países. Por supuesto, eso no se debe al azar del destino. Existieron agentes políticos británicos y estadounidenses que accionaron de acuerdo con sus intereses como imperios.

“Los colonialistas no solo atacan el presente del pueblo sometido, se meten con el pasado”, esta frase de Fanon es trascendental, debido a que los colonos después de haber hecho tanto daño a nuestros pueblos ahora, con la historiografía colonial- burguesa, nos niegan nuestra propia historia con el objetivo de que nuestros pueblos sometidos no tengan identidad política.

Entonces, es totalmente revolucionario decir que la independencia de América fue un proceso continental, debido a que estas luchas independentistas no se dieron país por país de forma aislada, por el contrario, tuvieron ejércitos continentales. Así fue el Ejército Libertador de Simón Bolívar, al igual que el Ejército de los Andes de San Martin.

Es un error epistemológico desconocer que en este continente hubo resistencias que fusionaron los ejércitos regulares de San Martín, Bolívar y Sucre con otras fuerzas insurgentes en contra del colonialismo. Asimismo, los Estados Unidos hace 200 años denominaban a Bolívar como un “loco de Colombia que estaba al frente de un ejército de negros liberados”, ya que para ellos era muy peligroso porque podía llevar el ejemplo de sublevación a los esclavos en los Estados Unidos.

Dicho esto, Bolívar representa a esta otra mirada de la historia, y nos recuerda cómo el imperialismo estuvo acechando desde el comienzo y fue convirtiéndose en el verdugo de los pueblos.

En el Capítulo 24 de El Capital, Marx nos cuenta cuál fue el rol de la conquista de América en el desarrollo del sistema capitalista mundial. Sin la conquista de América, sin el robo a los pueblos indígenas del oro o de la plata, no se hubiera podido constituir el capitalismo mundial.

Somos marxistas, por supuesto, pero existen categorías formales que resultan complicadas aplicarlas a rajatabla en América Latina, porque las condiciones materiales fueron otras. Resulta complejo entender el sometimiento a los pueblos originarios, la plantación esclavista, y muchos compañeros por querer encasillar nuestra realidad a una categoría concebida en Europa dijeron que nuestro modelo era feudal, sin embargo, dentro de la plantación esclavista el poseedor al mismo tiempo vendían sus productos en el mercado mundial y cotizaba en bolsa. Claramente a este modelo no se lo puede llamar feudal, porque no existe feudalismo que cotice en bolsa, no existe el feudalismo que produzca para un mercado mundial. Posteriormente se manifestaron compañeros respetando y reinterpretando el marxismo en estas tierras latinoamericanas, como ser Mariátegui o Bagú, quien, por su parte, después de rebatir el supuesto feudalismo que se vivía en América Latina llegó a la conclusión de una nueva categoría diciendo que lo que hubo en realidad fue un “capitalismo colonial”, porque “la esclavitud acá no tenía nada de feudal y todo de capitalista”.

Por otro lado, si nos atenemos estricta, esquemática y mecanicistamente a las categorías europeas, Bolívar y San Martín terminarían siendo un par de demócratas burgueses. Y por supuesto que llamarlos así sería una profunda injusticia con la historia y la verdad. Además que acá tenía un contenido mucho más radical el proceso revolucionario, con otras categorías, fusiones y horizontes.

En ese sentido, podemos destacar a Robespierre, líder jacobino, odiado por los colonos europeos ya que era un fuerte anticolonialista que presenta un discurso en 1791 donde propone a la Asamblea Constituyente de París liberar las colonias que habían heredado de la Corona. Robespierre pierde la votación. La Revolución francesa mantuvo las colonias, incluso para someter a los haitianos mandaron al cuñado de Napoleón, al general Saint Domingue, con una expedición de 43 mil hombres, que por suerte fue derrotada por los haitianos.

Los derechos del hombre que tanto se hablaba de la Revolución francesa no eran válidos para el Tercer Mundo, solo valían para los europeos, propietarios y varones. Pero para los pueblos africanos e indígenas no existía la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Por esos motivos, nuestras revoluciones de independencia fueron mucho más radicales, ya que Bolívar, San Martín y Mariano Moreno eran fieles seguidores de Robespierre y Rousseau. Moreno incluso tradujo El contrato social.

Las preguntas en tono de crítica que hizo nuestra escuela marxista a los patriotas siglos después eran principalmente si tenían algún proyecto para desarrollar las fuerzas productivas. Bueno, si le preguntamos a Túpac Amaru en 1780 es probable que no tuviera un programa para desarrollar las fuerzas productivas. Entonces, ¿a nombre de marxismo vamos a condenar las rebeliones indígenas o patrióticas independentistas?

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