abril 21, 2024

Reciprocidad con la Madre Tierra

Por Jasivia Gonzales -.


Uno de los indicadores de la economía de un país y del mundo son las exportaciones, y en ese marco una de las principales diferencias entre los países del llamado Primer Mundo y los llamados países en vías de desarrollo, es que aquellos exportan productos ya elaborados como resultado del desarrollo industrial y tecnológico, siendo que su mayor impacto es generar la mayor parte de las emisiones de los gases de efecto invernadero; mientras que los segundos continúan exportando materia prima a costa de la destrucción de sus ecosistemas naturales, como son los bosques tropicales. En ambos casos se provoca un impacto al planeta, entendido en su integridad de componentes, sus complejas interacciones que hacen posible la vida la Madre Tierra, que en el caso de algunos países como Bolivia se ha reconocido como sujeto de derechos a través de sus marcos normativos [1].

En el caso de Bolivia las exportaciones aún se basan en la explotación de materia prima con reducido valor agregado, tanto de los recursos no renovables como los derivados del petróleo y minerales para la industria y joyería, seguidos de recursos renovables o biológicos como semillas de árboles amazónicos como la castaña o nuez amazónica (Bertholletia excelsa), maderas tropicales, con un tratamiento básico para la exportación, palmito (Euterpe precatoria), productos de la agricultura como la quinua (Chenpodium quinoa), bananos y productos de la agroindustria como la soya, girasol y sus principales derivados en aceites, semillas de sésamo y chía, y finalmente carne y cuero de bovinos [2].

Se sabe que la industria petrolera genera impactos en el medioambiente. Sin embargo, al tratarse de empresas consolidadas y con altas exigencias de calidad, gestionan mejor la mitigación de sus impactos a nivel ambiental y social. Lamentablemente con la minería no sucede lo mismo, ya que esta actividad, a cualquier escala, causa efectos muy nocivos a la naturaleza, en tanto no solo es contaminante, sino que también destruye la estructura del paisaje natural, ya sea la de un río o el suelo de un bosque, lo que implica deforestación, haciendo más difícil su reposición. Por otro lado, la informalidad de esta actividad va acompañada de prostitución y descomposición social.

Algunos ejemplos de esta realidad son: la recolección de castaña amazónica no deja de ser conflictiva, la intensidad de su extracción no está dejando semilla para su regeneración, donde ya ni se controla la zafrilla (recolección de castaña en la última época, donde se debiera dejar la semilla para la dispersión y alimentación de la fauna dispersora) y aún persiste el habilito (siendo los acopiadores que endeudan a los recolectores a cambio de víveres y demás insumos mientras dure la zafra); la extracción del palmito de la especie Euterpe precatoria, en que se elimina o mata al individuo en lugar de aprovechar su fruto, el asai, lo que le da a la palmera una vida útil de más de cinco años de producción y genera mejores ganancias locales; la agricultura de la quinua, que ha causado la destrucción de los tolares (varias especies de arbustos típicos del Altiplano) y yaretales (Azorella compacta) del altiplano más occidental y seco de Bolivia, generando fuertes procesos erosivos de la tierra; la agroindustria, que ha reemplazado bosques tropicales en campos uniformes de monocultivos, provocando pérdida de biodiversidad, reducción del agua, disminución de humedad, incrementando el riesgo de incendios; la ganadería, ya sea por deforestación o cambio de composición de pastos en las sabanas naturales, que también causa pérdidas de biodiversidad y en conjunto una alteración de los flujos naturales, de la que ni siquiera sospechamos los impactos negativos que estamos ocasionando.

Toda esta producción conlleva impactos ambientales negativos. Solo aquellas empresas que logran incorporar algún tipo de certificación cuentan con algunas medidas de mitigación y salvaguardas ambientales, las cuales van siempre como acciones de rebote a la denominada Responsabilidad Social Empresarial, como el triple sello de libre de trabajo infantil, libre de discriminación y libre de trabajo forzado, además de otras certificaciones de eficiencia energética y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que coadyuvan pero que aún no logran articularse para disminuir los efectos negativos al medioambiente y detener la destrucción de la naturaleza. Incluso se ha incorporado al vocablo empresarial el término “ecosistema”, refiriéndose solamente a las medidas favorables o desfavorables del crecimiento de capital monetario de las empresas en relación a las exigencias impositivas de la estructura estatal; no sé si desnaturalizando la palabra o simplemente ampliando su significado, ya que habrá que ver si esto trae responsabilidad con la naturaleza.

Aún la naturaleza nos da mucho, ¿y nosotros qué hacemos por ella? Así como se describe, la relación aún carece de reciprocidad.

A nivel país vemos que uno de los lineamientos para alcanzar el desarrollo es la industrialización en el entendido de dejar de ser exportador de materias primas y más bien lograr procesos de generación de valor agregado. Sin embargo, este esfuerzo para que funcione deberá ser proporcional al desarrollo de capacidades humanas e insistir en un modelo de desarrollo sustentable. Debemos comprender que la extracción de recursos biológicos en una región con alta biodiversidad y de ecosistemas frágiles su renovabilidad dependerá de cómo logramos migrar de un simple extractivismo a un proceso de aprovechamiento cuya dinámica de extracción de los recursos no supere su capacidad de regeneración, además de incorporar adecuadas prácticas de manejo, aspecto que debe ir de la mano del respeto en los diferentes niveles de nuestra estructura social (desde lo personal, local hasta el gobierno central y trascendiendo las fronteras país), sin sucumbir a la presión de los mercados externos y logrando acuerdos de complementariedad y respeto con nuestro entorno, un modelo de desarrollo sustentable, en aras de buscar la reciprocidad con la Madre Tierra.


* Bióloga, doctora en Ciencias Naturales con mención Botánica, Zoología y Geografía.


1       Ley 071, Ley de los Derechos de la Madre Tierra, 2010.

2       Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). 2022. Año 30, Nro. 298, Santa Cruz, Bolivia.

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