mayo 19, 2024

El mundo en peligro de una guerra nuclear

Por Pablo Ruiz *-.


El 2021, en un “Llamamiento por la Paz y el Desarme Nuclear”, firmado por organizaciones y personas del mundo, se advertía que “el cambio climático y la amenaza de una guerra nuclear son los dos más alarmantes peligros que tiene hoy la humanidad”.

En este 2022 aumentó significativamente el peligro del uso de armamento nuclear por los conflictos mundiales en curso entre Rusia y Ucrania, los Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan); pero también por la posible escalada que pudiera tomar las tensiones entre Taiwán-Estados Unidos y China, y entre Corea del Sur-Estados Unidos con Corea del Norte.

El único acuerdo vigente entre los Estados Unidos y Rusia es el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III), que limita el número de armas nucleares estratégicas a un máximo de mil 550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos, dispuestas al ataque o a una respuesta inmediata.

Lo que se había avanzado, en las últimas décadas, entre las dos principales potencias con armamento nuclear, en acuerdos y tratados, sobre control y limitación de dicho armamento, ya no existe, con la excepción del Tratado START III.

En 2001 el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, anunció la retirada de su país del Tratado de Antimisiles Balísticos (ABM), firmado por Richard Nixon con la antigua Unión Soviética en 1972.

En 2019, bajo el gobierno del presidente Donald Trump, su país abandonó el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), firmado en 1987 entre los entonces presidentes de los Estados Unidos, Ronald Reagan, y de la URSS, Mijaíl Gorbachov. Este acuerdo contribuyó a la eliminación de los misiles balísticos y de crucero nuclear o convencionales cuyo rango de ataque estuviera entre los 500 y los cinco mil 500km.

De acuerdo a la BBC, “como resultado del Tratado INF, Estados Unidos y la Unión Soviética destruyeron un total de dos mil 692 misiles de corto y mediano alcance entre finales de los años 80 y 1991”.

También, en 2019, los Estados Unidos se salieron del Tratado de Cielos Abiertos, firmado en 1992, y que permitía a los 34 países miembros realizar vuelos de reconocimiento, sin armas, sobre los países firmantes, lo que ayudaba a fortalecer la confianza mutua entre las naciones partes del tratado.

Pero volvamos al presente. En octubre la OTAN realizó ejercicios de “disuasión” nuclear y luego, en respuesta, lo mismo hizo la Federación de Rusia. Esto es un claro indicativo que las grandes potencias no descartan el uso de armamento nuclear y se preparan para esta fatal posibilidad.

Lo que sabemos, por la historia, es que solo Estados Unidos ha sido capaz de usar armamento nuclear y no le importó que en los ataques a Hiroshima y Nagasaki, en Japón, murieran civiles, como podemos recordar.

La guerra en Ucrania –antecedida por la creciente presencia estadounidense y de la OTAN en este país– no solo enfrenta a Rusia y Ucrania, sino que también indirectamente se están enfrentando los Estados Unidos y la OTAN contra Rusia, ya que Washington y la Alianza Atlántica proporcionan armamento e inteligencia al Ejército ucraniano, lo que podría llevar a una escalada y al peligro latente del uso de armamento nuclear.

Está claro, hasta la fecha, que los Estados Unidos y su alianza de la OTAN no están buscando ayudar a resolver este conflicto por la vía de la diplomacia ni por negociaciones de paz. Esta guerra, de verdad, se pudo haber evitado si se hubieran tomado en serio las preocupaciones y las propuestas que hizo la Federación de Rusia a la Casa Blanca y a la OTAN en diciembre de 2021. Esta guerra se pudo haber evitado si se hubieran cumplido los compromisos de no avanzar “ni un centímetro hacia el Este”, como se había prometido.

El único resultado a la vista, mientras los Estados Unidos y la OTAN siguen enviando más armas a Ucrania, es el aumento de las muertes de ucranianos y rusos y que, a nivel mundial, las sanciones unilaterales contra Moscú han tenido como efecto el alza de los precios de la energía y, por ende, de los alimentos más básicos para la población global. La FAO ya ha señalado que está aumentando el hambre en el mundo.

De verdad, la “inteligencia” de los Estados Unidos y de la OTAN no está funcionando en la búsqueda de lograr la seguridad y el bienestar de sus propias naciones, que son azotadas hoy por la inflación. Lo único que prefieren es echar más leña al fuego, más guerra, menos paz.

En octubre, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, advirtió que las tropas rusas serían “aniquiladas” por la UE, la OTAN y los Estados Unidos si la Federación de Rusia llegara a usar armas nucleares en Ucrania. Anteriormente, de acuerdo a CNN, “Estados Unidos comunicó en privado a Rusia, durante los últimos meses, que habrá consecuencias si Moscú decide utilizar un arma nuclear en la guerra en Ucrania”.

Por su parte, el representante adjunto de Rusia en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Andréi Beloúsov, descartó los señalamientos de que su país planea utilizar armas nucleares contra Ucrania. El embajador de Rusia en los Estados Unidos, Anatoli Antónovque, dijo también que “los diplomáticos y políticos rusos están haciendo todo lo posible para evitar una guerra nuclear”.

Como sea, estamos todos en peligro. Sería bueno, como sucedió en la crisis de los misiles de 1962, que principalmente la Casa Blanca y el Kremlin, junto a Ucrania, dialogaran y llegaran a un acuerdo de paz para poner fin a esta guerra.

La conferencia del TNP

Mientras está en pauta y en los medios la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Egipto, estuvo muy ausente de la “agenda pública” la Conferencia del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), realizada durante agosto, en la ciudad de Nueva York, luego de dos años de suspensiones.

La Conferencia del TNP no tuvo buenas noticias, no hubo avances importantes y no pudieron siquiera llegar a un consenso sobre el documento final.

En un artículo publicado en el sitio de la Asociación de Control de Armas, Gaukhar Mukhatzhanova comentó que se esperaba que la conferencia fuera un desastre.

Entre otros antecedentes escribió que “la mayoría de los Estados parte creían que era necesario que la conferencia expresara su preocupación por los crecientes riesgos nucleares y condenara las amenazas de uso de armas nucleares. Sin embargo, para los países europeos y otros países occidentales tal condena fue principalmente específica a la retórica y las amenazas nucleares de Rusia emitidas poco después de invadir Ucrania, mientras que para la mayoría de los países en desarrollo, así como para Austria e Irlanda, era importante condenar todas las amenazas de uso de armas nucleares, directas e indirectas”.

“Varios Estados, partes del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, propusieron basarse en el texto de la Declaración de Viena, adoptada en junio de 2022, en la que ‘condenan inequívocamente todas y cada una de las amenazas nucleares, ya sean explícitas o implícitas e independientemente de las circunstancias’. Sin embargo, no se pudo llegar a un consenso general”, aclaró Mukhatzhanova.

Durante agosto, en una entrevista con TN, el argentino Gustavo Zlauvinen, quien estuvo al frente de la 10° Conferencia del Tratado de No Proliferación en la ONU, dijo que “muchos estiman que tal vez estamos en un nivel de riesgo potencial de uso de armas nucleares, por accidente, mala comunicación o por malentendidos entre las partes. Tal vez estemos en los niveles más altos desde el fin de la Guerra Fría. Creo que estamos volviendo a esos niveles de riesgo”.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, con motivo del Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, el pasado 26 de septiembre, en referencia a la Conferencia del TNP manifestó que “aunque en esa ocasión inigualable no se pudo obtener el resultado que tanto necesitamos, exhortamos a los Estados a que empleen todas las vías de diálogo, diplomacia y negociación posibles para rebajar las tensiones y reducir los riesgos”.


  • Miembro del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile.

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