febrero 4, 2023

El enemigo principal


Por Claudia Miranda Díaz * -.


En los análisis políticos de la izquierda, durante el siglo pasado, se concluía que era muy importante saber definir con claridad quién era “el enemigo principal”. Para la izquierda era la derecha, representada en el dictador de turno; para la derecha, era el comunismo, personificado en los partidos políticos de izquierda y el pueblo que los seguía.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial hubo una reconfiguración política global, y surgieron dos imperios: el ruso y el estadounidense; contraponiéndose dos modelos económicos y políticos: por una parte el marxismo-socialismo; y por la otra, el liberalismo-capitalismo. Como consecuencia surgió la Guerra Fría, dividiendo al planeta en dos bloques: el occidental-capitalista, liderado por los Estados Unidos; y el oriental-comunista, encabezado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El pensamiento político-ideológico de la Revolución rusa de 1917 se difundió en todo el planeta; el marxismo-leninismo fue la teoría y práctica que siguió la juventud del siglo XX.

En el contexto de la Guerra Fría el Imperio estadounidense aplicó en nuestro continente el Plan Cóndor, imponiendo dictaduras militares en los países de Sudamérica: Paraguay (1954), Brasil (1964), Bolivia (1964), Uruguay (1973), Chile (1973), Argentina (1976).

La irradiación del marxismo-leninismo, la importancia política de la Guerra del Chaco y la Revolución cubana influyeron en el surgimiento de los primeros partidos políticos de izquierda en Bolivia: el Partido Obrero Revolucionario (POR) en 1935; el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) en 1940. De una escisión del PIR nació el Partido Comunista de Bolivia (PCB) en 1950; de una división del PCB nacería el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) en 1965. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1967; el Partido Socialista (PS) en 1970, y de una disensión de este el Partido Socialista-1 (PS-1) en 1978. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en 1971.

Todos esos partidos fueron de tendencia marxista-leninista, les diferenciaba su estrategia de lucha, su táctica política y, sobre todo, “el liderazgo”. Les unía “el enemigo principal”, es decir, derrocar a las dictaduras militares (1964-1982).

La resistencia popular, junto a los partidos políticos de izquierda, depuso a todas las dictaduras militares del siglo XX. Desde 1978 empezó a avizorarse una apertura democrática, cuando una avalancha de personas –especialmente jóvenes– ingresaron a participar en los partidos políticos de izquierda; y como resultado sufrieron escisiones y sus principios ideológicos fueron cambiados u olvidados, terminando algunas fracciones en la derecha, el centro (socialdemocracia) y la izquierda.

No se había pensado entonces que “el enemigo principal” (la derecha mundial y sus representantes nacionales) cambia sus tácticas, que ya no precisa colocar dictaduras militares, sino que es más efectivo corroer a los partidos políticos desde dentro, con sus mejores armas: el individualismo, la ambición de poder, la corrupción, el pragmatismo, todo a nombre de “renovación generacional”. Así sucedió con los partidos políticos más grandes, como fueron el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y el MIR.

Con el fraccionamiento y posterior desaparición de los partidos políticos de izquierda el movimiento popular quedó huérfano de conducción política, trayendo como consecuencia un reflujo de masas desde 1986 hasta el año 2000 (Guerra del Agua), donde nuevamente vuelve a resurgir. En este período nació una nueva alternativa política de izquierda, el Movimiento Al Socialismo (MAS), que se convierte en el instrumento político más grande de nuestra historia.

Para continuar un proceso revolucionario no basta con la unidad, es preciso solidez orgánica, política e ideológica. Que al MAS no le suceda lo que al MNR y al MIR.


*       Economista.

 

Sea el primero en opinar

Deja un comentario