julio 18, 2024

Tiempos de revolución: 56 años del ELN de Bolivia

Por Boris Ríos Brito *-.


El 23 de marzo de 1967, el destino quiso que la naciente guerrilla dirigida por el comandante Ernesto Che Guevara se encuentre con el Ejército boliviano; el encargado de la guerrilla para organizar una emboscada fue Coco Peredo, quien con un puñado de combatientes le dio un primer revés al Ejército, era el bautizo de fuego del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el nacimiento anticipado de un proyecto revolucionario continental que, con luces y sombras, sigue incomodando al poder y el dinero.

Los vientos de la revolución

El Che, indómito, se había propuesto poner en marcha un plan ambicioso para iniciar una revolución continental, el imperialismo norteamericano impulsaba guerras, masacres, represión en todo el mundo, sobre todo en ese Tercer Mundo que cuando se atrevía a levantar la voz era ahogado en su propia sangre.

Ya a finales de la década del 60 los pueblos tercermundistas habían encontrado no solo el yugo colonialista y la explotación capitalista, sino que también se encontraban bajo dominio económico, político y militar del imperialismo norteamericano, lo que se venía entre finales de los 60 y todo el 70 –y más–, como finalmente pasó, era una etapa cruel e inhumana de represión, masacres, torturas y encierro. El Che estimó que no había vuelta atrás, o se vencía al imperialismo en todas partes o nos esperaban días oscuros, la consigna era emular a ese pueblo vietnamita victorioso que hizo huir a las tropas militares yanquis de su territorio: “Crear uno, dos, tres, muchos Vietnam”.

El proyecto era novedoso y arriesgado, tomaba por un lado la experiencia victoriosa de la Revolución cubana y el método de la lucha armada; y por otro, una reflexión propia, profunda y audaz de la teoría revolucionaria, que por supuesto ponía en cuestión al positivismo historicista, a la “paciencia” burguesa de la farsa democrática y llamaba a abrazar una postura para asumir acciones radicales, un canto a la vida y a la emancipación humanas.

Me atrevo a relevar que el proyecto guevariano incluía una apuesta incómoda para la contrarrevolución: El “hombre nuevo” como meta, es decir, una sociedad ceñida por principios, relaciones y prácticas tangencialmente contrarias a la sociedad burguesa, a la miseria del capitalismo. Derruir al capitalismo no solo en sus formas, sino en sus sentidos es, pues, para una o un revolucionario uno de los retos más complejos, porque ello no empieza mañana cuando se ha vencido, sino ahora, cuando se está luchando, construyendo una conciencia y la semilla de la nueva sociedad.

Balance necesario

Claramente, el Ejército del Che, que tuvo combatientes extraordinarios como Inti Peredo, Maya, Imilla, Coco, Willy y tantas y tantos otros, se enfrentó con el reto de aprehender las enseñanzas guevaristas, asumir su línea política e ideológica, que por sí misma representa un reto, mientras combatían a un enemigo cada vez más sanguinario y violento; la lectura era correcta, pero se vino muy pronto una etapa negra, especialmente para la región sudamericana. El ELN, esas y esos combatientes, asumían un sentido de deber que les hizo levantarse una y otra vez, aunque en ese camino fueron alcanzados y muertos las y los mejores líderes, jefes que daban el ejemplo, que se imponían a sí mismos una cuota mayor de sacrificio.

No es extraño que las preocupaciones de análisis en el ELN hayan estado enfocadas en entender a las naciones y pueblos originarios, campesinos, como antítesis capitalista, y cercanos al comunismo por su sentido comunitario. Tampoco es extraño que en el ELN hayan lecturas diversas, visiones del porvenir y los andares disímiles; la primera expresión concreta y pública de aquello fue la fundación del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia (PRTB), que buscaba superar lo que consideraba como los errores de la “línea militarista” que se había alejado de una lectura clasista y de estar con las masas. Aunque diversa en sí misma y corta, la experiencia del PRTB fue un intento por unir ejército y partido en un mando único, subordinando la acción militar a las premisas partidarias guiadas por una ideología más clara y elaborada. Sorpresivamente, empero, las experiencias de masas más exitosas fueron las herederas de la “línea militarista” y se desarrollaron básicamente al margen del partido, que descabezado y en medio de una arrecia represiva sin precedentes no pudo desarrollarse.

Lo posterior en el ELN, que viene con la reapertura democrática, fue una gran falta de coordinación donde las estructuras clandestinas, ajenas al partido, continuaron en marcha, mientras preparaban una ofensiva revolucionaria que al final no se dio, a la par que las experiencias de masas fueron más fecundas.

Los agentes de la contrarrevolución

Está claro que ninguna organización sobrevive si no sabe construir(se), brindar una propuesta clara al pueblo, adaptarse sin perder el horizonte y dejar evidente su presencia. El ejemplo del ELN en estos tiempos de turbulencia política, tras un golpe de Estado que exigió examen a toda y todo revolucionario, y las contradicciones en el Bloque Social Revolucionario, son más vigentes que nunca: Una mística, una práctica y una teoría revolucionarias deben ser el espacio de desarrollo político e ideológico, mientras la politiquería, la miseria individualista, la falta de reflexión y autocrítica son las características de la contrarrevolución.

Es difícil vislumbrar el desenlace de las contradicciones actuales en la política boliviana, aunque está claro que los agentes de la contrarrevolución no tienen otro horizonte que el de hacerse ricos y poderosos, es decir, no tienen otro que un proyecto burgués, y si bien el pueblo –esa abstracción tan peligrosa a veces– es el sujeto último de las transformaciones sociales y políticas, es igualmente cierto que existe una relación estrecha y dialéctica entre lo colectivo e individual, porque las personas, las y los individuos, finalmente sí pesan a la hora de una construcción colectiva, más aún si el horizonte es la emancipación.

56 años del ELN y las premisas básicas de su lucha están vigentes, su apuesta radical e incómoda siguen siendo un horizonte, pues el enemigo también está en nosotros y es necesario vencerlo para no solo vencer al capitalismo, al imperialismo, al colonialismo, sino para salvarnos a nosotros mismos.


  • Sociólogo.

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