julio 21, 2024

Colombia en la encrucijada

Por Alberto Pinzón Sánchez -.


Dentro del abanico analítico aportado por la izquierda, y aún la teoría crítica, sobre la coyuntura actual por la que atraviesa Colombia, sacada a flote por el “culebrón mediático” Sarabia-Benedetti, relacionado directamente con el Poder Ejecutivo y su presidente Petro, van decantándose dos versiones que, reflejando el movimiento de la realidad, se entrecruzan o se entremezclan.

Una, autocrítica, pone el acento en analizar los propios errores cometidos por el presidente Petro a la hora de escoger sus colaboradores cercanos y, además, separando el concepto de Gobierno del concepto de Estado trata de introducir en el análisis el papel del frente político diverso llamado Pacto Histórico que llevó a la presidencia a Petro, tomando también en consideración el abigarrado llamado movimiento social, campesino, étnico y popular. Dentro de ellos deseo desatacar, entre los muchos, el aporte analítico clasista de Fernando Dorado así como la importante reflexión de la sociología y periodista Sara Tufano

La otra, un poco arraigada en la tradición analítica de izquierda, centra su análisis en el concepto que ha hecho carrera en América Latina y caribeña de “golpe blando”, detrás del cual se encuentra el pentágono estadounidense. Tal como lo reconoce el apurado jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, “generalísimo” Mark Milley, en su discurso del 7 de junio, quien a pesar de que subestima a las otras potencias que conforman la troika Europa y Japón y a otras potencias aliadas como Corea del sur, Canadá y Australia, reconoce que “la situación geopolítica está cambiando de manera fundamental… y cada día es más claro que realmente estamos en un entorno internacional multipolar con, al menos, tres grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia, y tres es más complicado que dos y ciertamente más complicado que uno”. Lo que induce a pensar que el concepto “multilateral” se va quedando corto frente al concepto de “multicéntrico”.

Dentro de este segundo enfoque vale destacar el muy importante contexto colombiano (coca, selva amazónica, conflicto interno, etcétera), aportado por el bastante conocido periodista uruguayo Aram Aharonian, fundador de Telesur (“el Norte es el Sur”), quien ampliando la mirada a todo un escenario continental latinoamericano y caribeño plantea una serie de preocupaciones que dada la alta probabilidad de que ocurran en el vidrioso contexto global referido por el generalísimo Milley bien vale la pena volver a leer (cito en extenso):

“Las interrogantes son las que sobran: ¿esto apunta para una guerra civil en Colombia que quedará en una destitución tipo Pedro Castillo? Una destitución, en caso de que la logren, precipitaría una crisis grave que desembocaría en una reactivación de la guerra. Quizá eso es lo que quiere Estados Unidos.

Para algunos analistas, atrás de todo el escándalo está la mano peluda de la inteligencia estadounidense, necesitada de asestar un golpe al progresismo que al menos empañe la movida de Lula desde Brasil promoviendo el ingreso de Sudamérica a los Brics. En las urgencias de los Estados Unidos para frenar a China en su patio trasero vale todo. No sorprende: Benedetti pidió protección al Departamento de Estado estadounidense.

Los medios de derecha ya construyen lo que pretenden sea el escándalo político más grande de los últimos 20 años. Pero la tensión tendrá también un capítulo en las calles.

El momento de este escándalo, cuando se juegan cuestiones centrales para el programa de gobierno de Petro, es tan oportuno que es difícil pensar que haya sido casual. Cabe preguntarse también qué hacía en el gobierno de Petro un personaje como Benedetti, estructuralmente de derecha y hábil para estar en el centro de la escena pero en su propio beneficio. ¿Se puede gobernar por izquierda con políticos de derecha en puestos claves?

A los estadounidenses no les queda otra que patear la mesa y ‘africanizar’: lo mismo que están haciendo en el ‘Continente Madre’ para parar a los chinos.

No se trata de un conflicto cualquiera en un país cualquiera. Tiene que ser una explosión de megatones, una guerra civil en Colombia, de manera que todo el entorno se vea impactado: Ecuador (que se les está escapando), Perú, Venezuela y el mismo Brasil (un conflicto serio) en Colombia ‘justificaría’ el regreso de la doctrina de Seguridad Nacional y del papel rector de los militares en la política nacional.”

No vale la pena seguir insistiendo en los oscuros designios del oscuro Benedetti. Si un animal camina como pato, tiene plumas de pato, nada como un pato y de su pico plano amarillo sale un “cuac, cuac”, es porque simplemente es un pato. Esto nos lo recordaba el expresidente Ernesto Samper, en medio del ahora vuelto a recordar proceso ocho mil de mediados de los 90, y, guardando las distancias, la imagen sirve para aplicarla al sr. Benedetti (al “man” colombiano, no al novelista uruguayo): Si un “man barranquillero” que habla como paraco, hace orgías y tiene tufo de paraco, mete polvo blanco, se comporta como un matón paraco, tiene amistades con jefes de clanes paracos, hace negocios con paracos, con el Ejército colombiano y con el de los Estados Unidos (ver por favor aquí un amplio informe de los negocios del sr. Benedetti); además reconoce sus altos vínculos con la DEA americana. O sea, es muy probable que sea un paraco, con una oscura misión paraca en Venezuela (¿recoger información?), para la cual “se hizo nombrar” por el presidente Petro. Entonces, ante tantas casualidades y en el complejo escenario de las relaciones colombo-venezolanas y el turbulento escenario continental arriba planteado uno tiene el derecho a preguntarse: ¿cómo llegó ahí y a hacer qué cosas?

El magma profundo que alimenta la guerra en Colombia sigue intacto hoy en día, tal vez más cerca de hacer erupción volcánica. El importante y aliviador acuerdo logrado entre el Estado colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) este 9 de junio, celebrado por toda la opinión pública mundial, ha sido llamado por el arrogante y despótico capitoste político de la rancia oligarquía trasnacional colombiana Vargas Lleras, quien calificó el acuerdo alcanzado de “chimbo” (palabra despectiva de origen sexual que en la jerga colombiana indica fraude, estafa).

La falsimedia adicta continúa su campaña antipetrista, por ejemplo, ya opacó la importancia de generar una discusión profunda de lo firmado poniendo en frente la noticia del rescate “milagroso” de los niños que la selva no logró devorar. Mientras, en paralelo, el proceso de organización del “partido militar” sobre la base de los militares retirados y reservistas (¿Pinzón Bueno?) sigue su marcha imparable en las diversas regiones del país como parte del aumento de las actividades conspirativas de la derecha hirsuta, el uribismo, el santismo, el llerismo, la socialdemocracia de derecha (Claudia López y Fajardo), entre otros, que cada día cierran filas para continuar con sus intrigas, conjuras y confabulaciones con las que pretenden tumbar a Petro, pero, por sobre todo, para dividir y paralizar al Pacto Histórico y evitar así su continuidad hacia el futuro. Es el magma oscuro desestabilizador de una posible operación mayor de tipo militar como la señalada por el periodista Aharonian.

Si Colombia no es un país cualquiera, ¿entonces de qué nos preocupamos Sancho?


*       Cortesía del portal web Rebelión – https://rebelion.org

 

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