junio 15, 2024

Apuntes sobre la pugna del MAS

Por Alejandro Lafuente Cartagena (Analista político)-.


En la democracia el Estado como algo específico, es solo específico, como general es el universal real, y por tanto, no se distingue de los otros contenidos como una calidad propia. Los franceses modernos lo han interpretado en el sentido de que el Estado político tiene que desaparecer en la verdadera democracia; interpretación correcta, en cuanto el Estado, como Estado político, como Constitución, deja de valer por el todo. Carlos Marx

En el escenario político actual tenemos en boga –tanto para los opositores al horizonte comunitario al Proceso de Cambio, como por los partidarios a este horizonte– la pugna del “partido más representativo” –en el país actualmente es el Movimiento Al Socialismo (MAS)–, cuya repercusión ha generado susceptibilidades a la hora de apoyo, sobre todo internamente, al liderazgo que se debe seguir y de la continuidad o quiebre de la construcción de la Revolución Democrática y Cultural.

Empezamos este análisis con el extracto del escrito de Marx, poniendo énfasis en la categoría democracia, pues asumimos que engloba lo que debería ser el camino que se debe tomar para salvaguardar el Proceso de Cambio, que tuvo su génesis en las luchas suscitadas en los primeros años del primer decenio del nuevo siglo, cuyo resultado fue la victoria de los sectores populares y la constitución de un gobierno y, por ende, un proyecto político alternativo que los representase más allá del neoliberalismo.

La democracia, analizándola desde el texto citado de Marx, puede llegar a tener diversas formas de interpretación. Por ejemplo, tenemos la vieja interpretación liberal, y la que se construyó desde la Constituyente de 2008, teniendo como resultado eso que denominamos la democracia intercultural. Marx escribe: “En la democracia el Estado como algo específico, es solo específico, como general es el universal real, y, por tanto, no se distingue de los otros contenidos como una calidad propia”. Vale decir Estado liberal o Estado Plurinacional, en el momento que se constituyen, imponen su universalidad real, independientemente del contenido que manifiestan. Aunque el contenido es importante, depende de la especificidad del tipo de democracia que se maneja: la democracia liberal en su universalidad real cree que su representatividad y participación es universal, aunque solo se maneja ante un núcleo elitizado y tecnocrático. Por otra parte, la democracia intercultural, en su horizonte, lo que quiere es que esta representatividad y participación llegue a cada ser humano que es parte de su universalidad real.

Entonces, si el MAS-IPSP fue el aglutinador de las potencialidades de lo popular y cuyo fruto es lo que denominamos la democracia intercultural, debería irradiar esta nueva forma de democracia, incluso internamente.

Si partimos de esta premisa de Marx: “(…) en el sentido de que el Estado político tiene que desaparecer en la verdadera democracia; interpretación correcta, en cuanto el Estado, como Estado político, como Constitución, deja de valer por el todo”, y asumimos al Instrumento Político como un partido político tradicional, en función a la nueva especificidad de democracia intercultural, su futuro es el de desaparecer, pero constituyendo e irradiando esa nueva democracia en todos los ámbitos. Entonces, de manera interna, deberían irradiar esa forma de democracia. Ahí tenemos algunas contingencias qué van de lo general a lo particular y de lo particular a lo general, mencionando cuatro contingencias qué creemos de suma importancia.

La primera contingencia (general) que podemos mencionar es que, a pesar de los esfuerzos para superar el modelo de Estado liberal, no se pudo concretar de manera total la consolidación del nuevo Estado Plurinacional. Teniendo como ejemplo la burocracia (el cambio de palabras de funcionario a servidor público no tiene mucha incidencia si no se aplica el valor ético de qué se trata de instaurar en la praxis), que malversada es el fermento de la corrupción. Esto quiere decir que aún estamos utilizando formas de ejecución en el gobierno del Estado liberal.

La segunda contingencia (particular) tiene como núcleo la falta de formación de cuadros, de líderes nacidos desde, en, y por el Proceso de Cambio, tanto en la ciudad como en el área rural, dando énfasis a este último espacio político, pues consideramos que es la representación de la Bolivia profunda y negada en los otros tipos de Estados. Esta formación debe estar centrada en el conocimiento y ser crítica al Proceso de Cambio, en pro de este.

Marx escribe: “por ejemplo en (el terreno de) la ciencia, un “individuo” puede realizar lo que es cosa de todos y son siempre individuos quienes la realizan. Pero la ciencia no es realmente universal hasta que deja de ser cosa de individuos para convertirse en obra de la sociedad”. En este sentido, la ciencia es el conocimiento hasta ahora generado y acumulado por el ser humano –sea social, tecnológico, natural, comunitario–, que tiende a lo común, vale decir, está al servicio de todos.

Citando al exVicepresidente, uno de los actores fundamentales para la construcción del Estado Plurinacional, escribe: “eso significa que el capitalismo se ha apoderado de una fuerza productiva ilimitada, el conocimiento humano; y al hacerlo, ha hecho emerger dos contradicciones fundamentales. La primera, que al estar subsumiendo una capacidad humana de fundamento comunitario universal –pues la ciencia ya no es el producto de genios individuales, sino cada vez más un producto colectivo-universal–, a la larga se está socavando la base de la apropiación privada capitalista que se hace de esta fuerza productiva comunitaria”. Esto quiere decir que si la Revolución Democrática y Cultural nació como un proyecto político alternativo al capitalismo y al Estado liberal, debemos recuperar el conocimiento como capital humano comunitario, y en este caso como arma política crítica para la formación de nuevos cuadros, de nuevos líderes qué, por medio de la irradiación interna en el MAS-IPSP, de la democracia intercultural, es sumamente necesario que emerjan, para que, como decía Marx, “(…) el crítico pueda empalmar con todas las formas de la conciencia teórica y práctica, y desarrollar a partir de las propias formas de la realidad existente, una verdadera realidad como imperativo y fin último”.

La tercera contingencia (particular) consideramos que es un problema fundamental en la Historia, por la construcción de un horizonte diferente al que vivimos, y que será la antesala para nuestra última contingencia. Creemos que un error craso en los gobiernos y Estados alternativos al liberal es el culto a la personalidad. Es evidente que un líder es el cohesionador y aglutinador de voluntades, imprescindible para concretar proyectos en cualquier campo sea político, económico, social, etcétera. Sin embargo, esto puede tener victorias como derrotas, basta con mencionar cómo fueron los destinos de la URSS y China.

Marx escribe: “El principio de la política es la voluntad. Cuanto más parcial, o sea cuanto más perfecta es la razón política, tanto más cree en la omnipotencia de la voluntad, tanto mayor es su ceguera frente a los límites naturales y mentales de la voluntad, tanto más incapaz es por tanto de descubrir la fuente de las dolencias sociales”. Entonces si el liderazgo, que es aglutinador de voluntades, queda anquilosado y deviene en una especie de mesianismo, el liderazgo se torna despótico (sumando a ello la megalomanía), cuyo efecto es la miopía ante la interpretación de la universalidad real, de la realidad existente, olvidando un papel fundamental para la consolidación de cualquier proyecto de larga data: la continuidad de este.

La cuarta y última contingencia (general) que avizoramos, y creemos de suma importancia, está ligada, como puntualizamos, a la anterior. Tomando en cuenta las revoluciones rusa y china, rescatando también acá la vietnamita y cubana, el papel cohesionador de sus principales líderes es innegable, pero el factor común entre todas ellas es uno: qué llegaron al poder por las armas, con violencia. “La violencia material no puede ser derrocada sino con violencia material”, decía Marx, liquidando de un plumazo los resabios del viejo Estado. Para salvaguardar lo recientemente creado, los nuevos proyectos alternativos de Estado, se apoyaron en el principal líder (el que lleva la teoría y la praxis, generalmente) y cuya dirección llegó a ser vitalicia en todos los casos.

Esto nos lleva a lo que consideramos central en este análisis. En los casos mencionados lo común es la violencia (la teoría sumada con la crítica por las armas); y el eliminar de manera radical y definitiva el viejo Estado. Esto permite generar nuevos contenidos e interpretaciones de poder que pueden ser totales, ya que el proyecto, para su consolidación, necesita de una dirección férrea. En el caso de la construcción del nuevo Estado Plurinacional no permite ello, pues es una Revolución Democrática y Cultural (la teoría con el arma de la crítica).

El papel que juegan acá los principales líderes, incluso los más radicales (cuyo interés debiera ser solamente la profundización y radicalización del Proceso de Cambio), asumiendo el papel democrático, es el de generar nuevos líderes para la continuidad del proyecto alternativo. Entonces nos encontramos ante una disyuntiva crítica: la de profundizar y radicalizar el Estado Plurinacional o el de volver al Estado liberal de los 90; perder el horizonte comunitario ante el capitalismo neoliberal; la pugna de poder y liderazgo interno puede llevar al quiebre del Proceso de Cambio y devolver el poder a las viejas formas de interpretación del país, que carecen de proyecto político y de liderazgo, a pesar de la batalla cultural qué traten de universalizar. Vale decir: o nos hundimos o nos unimos.

“Allí donde existen partidos políticos, cada uno encuentra la razón de todos los males en el hecho de que es su adversario y no él quien se encuentra al timón del Estado. Incluso los políticos radicales y revolucionarios buscan la causa del mal no en la esencia del Estado sino en una forma concreta de Estado, que es lo que quieren sustituir por otra forma”, escribía Marx. La crítica interna es fundamental dentro de un partido político, es en el campo de las ideas donde se toma el camino a seguir mediante el consenso. La pugna debería ser la forma concreta del Estado, el plurinacional o el que añoran las viejas élites políticas; pero esta pugna, esta lucha, es con los adversarios al Proceso de Cambio.

“Todo lo que no es esa realidad efectiva puesta por el concepto mismo es existencia concreta pasajera, contingencia externa, opinión, fenómeno no-esencial, no-verdad, engaño, etcétera. La configuración que el concepto se da en su realización efectiva es, para el conocimiento del concepto mismo, lo otro de la forma de ser solo como concepto: distintos momentos esenciales de la idea”, escribía Hegel. Apoyándonos en lo que acá está redactado, vemos que en la actual pugna existe una contingencia que no posee una lectura precisa de la realidad existente. La verdad es concreta, la incidencia política de la otra interpretación del “partido”, del Instrumento, queda un poco anquilosada, pues está forzando hasta el momento a un quiebre y se encuentra en un proceso de continuo aislamiento con el sector popular; esto es sumamente crítico, pues le obliga a una política aventurera.

Si partimos del concepto de Proceso de Cambio, desde el instante que se introduce esta lectura de la realidad la consideramos como un antes y un después en la política boliviana, en busca de una “política franca (…) mejor, y (…) política basada en (…) principios es (…) práctica”, como escribía Lenin. Es a partir de este concepto que se quiere construir el país que quedó truncado y negado en la República. Separado de las viejas teorías que nos imponían se trata de construir una visión de país desde nuestra interpretación real efectiva del mismo.

El concepto Revolución Democrática y Cultural apoya esa construcción política nueva al ser inclusiva, mediante el consenso, irradiando la oportunidad de opinión a todos los sectores, incluso sean opositores. Pero también al interior del Instrumento Político, del partido. Y es por medio de la crítica y autocrítica que se consolida la parte democrática dentro de un partido que se considera revolucionario y en donde debe primar la “(…) unidad de acción, libertad de discusión y de crítica: he ahí nuestra definición. Sola ente una disciplina así es digna del partido democrático de la clase avanzada”, como escribía Lenin.

El mismo líder de la revolución soviética optaba por la irradiación democrática dentro del partido, escogiendo para ello la persistente autocrítica y la formación de líderes en la juventud: “(…) y a la responsabilidad ante el partido, se impone la mayor descentralización posible. El liderazgo del partido debe recaer en el menor número posible de los grupos más homogéneos de revolucionarios profesionales que tengan una gran experiencia práctica. Pero la participación en el movimiento debe extenderse al mayor número posible de los grupos más variados y heterogéneos, pertenecientes a las capas más diversas del proletariado (y de otras clases de la sociedad). (…) Debemos centralizar la dirección del movimiento. Esta descentralización es condición indispensable para la centralización revolucionaria y un correctivo imprescindible de la misma”.

Debemos recalcar que consideramos al MAS-IPSP imbuido por las ideas y conceptos de estos filósofos revolucionarios citados en todo este artículo, y vemos imprescindible reencausar la lucha revolucionaria por una nueva Bolivia, más allá de las visiones de los líderes (fundamentales, es evidente) actuales, apoyándonos en la formación de nuevos cuadros. Para ello vamos a culminar este aporte, que busca la unidad en nuestro Proceso de Cambio, con el siguiente texto, que creemos es lo más fiel e importante en la consolidación de nuevas formas de interpretación de la realidad y de los conductores de ellas. Dice Lenin: “Somos el partido del futuro, y el futuro pertenece a la juventud. Somos un partido de innovadores, y es siempre la juventud la que más ansiosamente sigue a los innovadores. Somos el partido que libra una lucha abnegada contra la vieja podredumbre, y la juventud es siempre la primera que emprende la lucha abnegada… ¡Nosotros seremos siempre el partido de la juventud de la clase avanzada!”.

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