abril 12, 2024

Un poco de pragmatismo político

Por Alonso Enrique Rodó -.


Hacer como que la problemática no se encuentra latente es jugarse nuevamente a ignorar que el bloqueo de carreteras por más irracionalidad que sea consigue también bloquear la economía. Que en el acuerdo no diga que se debían aprobar los proyectos de ley no significa que la oposición acepte callada su firma. ¿Cómo confiar en quienes creemos que son representantes de derecha o de la nueva derecha? No importa si se dice que hay un secuestro de la economía, o si se enuncia cualquier comisión delictiva, el Legislativo es uno de los cuatro órganos de poder y mientras no sea mayoritariamente oficialista se tendrá que remar por esas aguas oscuras de la prebenda.

El pragmatismo político también tiene que ver con reconocer el terreno electoral al que se ingresará, para que haciendo cálculos se construya una estrategia electiva. Por ejemplo, Luis Arce no puede llegar al año electoral sin haber controlado la salida de divisas, la especulación de los combustibles y los bloqueos de caminos. Evo Morales, por su lado, seguramente cree que desgastando al Gobierno su imagen subirá, pero ha reducido su popularidad en la clase media al punto que tener una diputación será un logro.

El Proceso de Cambio ha conseguido que las brechas existentes entre ricos y pobres se reduzcan considerablemente, se han sustituido las clases medias o al menos se acumuló en esa franja mayor cantidad de personas. Entonces, si antes la clase media estaba copada mayoritariamente por académicos, servidores públicos o empresarios medianos y pequeños, ahora fue engrosada por comerciantes, mineros y personas de otros rubros que, con los beneficios de un gobierno social, han podido mejorar su economía. En ese sentido, se debe pensar en el número de votantes que exige la victoria en primera vuelta y este tiene que ver con apuntar a analizar tres elementos: el ideológico, la edad del votante y la conveniencia sectorial.

Lo ideológico lamentablemente no fue alimentado en la primera etapa del Proceso de Cambio; el mejoramiento de las condiciones de vida no estuvo acompañado con la exposición constante de las razones materiales de ese cambio que, sin duda, debería ser el objetivo primario de izquierda, no se ha diferenciado claramente que con la izquierda alcanza para todos y que con la derecha solo pocos se enriquecen; por ello, quizá sea muy poco el electorado que tenga a su ideología como la motivación de su voto.

Por otro lado, el aspecto etario complica que la votación gire hacia la izquierda, como no se ha profundizado en la formación de cuadros, no se replicó generacionalmente los logros conseguidos y que la transformación del país se ha alcanzado por las decisiones que tomó la izquierda, y es que muchos han llegado a su mayoría de edad con derechos consagrados, no conocen la historia que tuvo que vivir Bolivia para llegar a donde estamos, por lo que su intención de voto repercutirá o en la corriente de redes sociales o en el panen et circenses.

De hecho, aquí y entre paréntesis surge lo identitario, con quién te identifiques se hará con tu voto. Si Evo Morales y David Choquehuanca disputan la simpatía indígena, con Álvaro García Linera apartado, Luis Arce encuentra a su rival para ganarse a la clase media en el alcalde de Cochabamba, que midió su popularidad el pasado fin de semana y no le fue mal participando en eventos de jóvenes. Y, con la recuperación de la Laguna Alalay, va utilizando el ecologismo como moda para sumar más adeptos.

Este es el parteaguas entre los candidatos. Por ello, Evo tenía su García Linera y Lucho Arce su David Choquehuanca. Y si está muy reducido el caudal en el campo, la clase media buscará con quién identificarse y como consecuencia verá qué candidato mantendrá su estatus y/o le prometa mejorar su condición de vida.

Lo peor de todo es que, mientras exista la pugna, la popularidad de otro personaje crece. Por ello el pragmatismo con el que se inicie la carrera electoral debe afianzar pactos con los dueños del voto corporativo y también con no permitir que un potencial contrincante crezca a la sombra de la pugna interna; o es que tal vez sea esa la intención de algunas autoridades que pareciera que jugaran al menos a dos manos.

 

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