abril 21, 2024

Pioneros en la creación de bibliotecas en la guerra de la independencia y la era republicana

Luis Oporto Ordóñez *-.


La palabra impresa tuvo un papel decisivo en la lucha por la independencia y en los primeros años de la era republicana. Tan importante como las armas, los libros y las bibliotecas fueron letales para destruir el régimen colonial. Los cenáculos literarios, los centros de tertulia y las casas superiores fueron calificados como “semillero de ideas emancipadoras, formando espíritus netamente revolucionarios entre los criollos para que hicieran causa común con los mestizos e indios”, calificados como “cuartel general de la insurrección contra España”, pues, como afirma Rodríguez de Mendoza, allí “hasta las piedras conspiraban”.

En la ciudad de La Plata, la Academia Carolina para Practicantes Juristas, célebre escuela de leyes fundada por Ramón de Rivera y Peña en 1776, especie de centro de “postgrado” para abogados egresados de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde se formaron la mayoría de los conjurados de la Junta Tuitiva, como Bernardo Monteagudo (se le atribuye el Diálogo entre Fernando VII y Atahuallpa), Mariano Moreno (presentó en ella su disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios), Juan José Castelli (héroe argentino que propugnaba el fin del pongueaje), Jaime Zudáñez (asesor de O’Higgins, autor del Catecismo político cristiano, manifiesto redactado en Chile en 1810), como también un tercio de los miembros de la junta insurreccional de La Paz en 1809, tres miembros de la junta de Buenos Aires y 15 de los 31 diputados que en 1810 proclamaron la independencia argentina. Los patriotas cultivaron bibliotecas para impulsar las luchas independentistas. He aquí algunas semblanzas.

Pedro Domingo Murillo nació en La Paz, el 17 de septiembre de 1757. Estudió leyes en el Seminario de San Carlos y en la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca. Fue capitán de milicias en la provincia en 1781, combatiendo contra Túpac Katari; en el campo de las Peñas fue uno de los comisionados para la captura de los Quispe y demás coroneles indios. Formó una selecta librería en 1797, llegando a acopiar 82 ejemplares, los que fueron incautados en agosto de 1805. Fue papelista, consagrándose con admirable tesón y llegando a ser una especie de cedulario ambulante: “con bastante habilidad y admirable ingenio confeccionaba los pasquines, que cada noche, en diferentes lugares, calles, aparecían indicando la revolución, especie de diarios. Como muy bien podría clasificarse tatarabuelo de los periódicos de la República, los que tenían en continuo sobresalto a las autoridades españolas, sin poderlo adivinar de dónde procedían”, afirma Aranzáes. Más tarde formó parte de un grupo de conspiradores contra el gobierno español (1805), pero fue descubierto. En julio de 1809 lideró a un grupo de patriotas que se sublevó el 16 de julio, quienes suscribieron la Proclama de la Junta Tuitiva, deponiendo a las autoridades españolas. Fue combatido en la Batalla de Chacaltaya por José Manuel de Goyeneche. Derrotado, fue apresado por el coronel Domingo Tristán, quien lo entregó a Goyeneche, que ordenó su ejecución en el cadalso el 29 de enero de 1810.

Faustino Cabezas de Loza, lideró su club literario, pues siendo joven universitario se dedicó al aprendizaje de “tendencias filosóficas francesas, que dieron lugar y fruto a la grandiosa revolución que él deseaba intensamente para su patria”. Gregorio García Lanza “eximio abogado, conocedor perfecto de la legislación española, el derecho romano, cultivando además conocimientos completamente extraños en esa época, siendo el estudio su pasión constante como lo acredita la vasta biblioteca que poseyó tal vez la primera en esta ciudad como posesión de un particular, con 827 volúmenes” que “llevan un sello especial”. Francisco Javier Iturri Patiño ha dejado un diario de los primeros movimientos de la revolución que le fue secuestrado al ser tomado preso. Baltazar de Alquiza fue abogado por la Universidad de Chuquisaca, “donde conoció a distinguidos personajes de la época”; fue desterrado por Goyeneche a las islas Malvinas, saliendo escoltado el 7 de marzo de 1810; en Córdoba los proscritos se dispersaron al enterarse de la revolución del 25 de mayo; retornó con las tropas argentinas siendo designado subdelegado de Yungas, pero tuvo que salir otra vez al destierro luego de la derrota de Guaqui. Volvió después de Ayacucho, ocupando altos cargos como presidente de la Corte Suprema; falleció en Sucre, en 1837. Bartolomé Andrade, doctor en ambos derechos (Universidad de Chuquisaca), regresando a la Paz (1795) integró el Ejército argentino con grado de capitán y participó en Guaqui, Sipesipe y otras batallas.

Bernardo Monteagudo. Nació en Tucumán, Argentina, el 20 de agosto de 1789. Fue asesinado en Lima el 28 de enero de 1825. Abogado, político, periodista, militar y revolucionario, con actuación destacada en el Río de La Plata, Chile y Perú. Fue auditor del Ejército de los Andes del general José de San Martín. Redactó el Acta de la Independencia de Chile, que firmó Bernardo O’Higgins (1818). Fue ministro de Guerra y Marina, y de Gobierno y Relaciones Exteriores durante el primer gobierno independiente del Perú. Luego fue colaborador del Libertador Simón Bolívar. Fundó y dirigió los periódicos independentistas Gaceta de Buenos Aires, Mártir o Libre y El Grito del Sud (Argentina), El Censor de la Revolución (Chile) y el Pacificador (Perú).

José Hipólito Unanue. Nació en Arica, Perú, el 13 de agosto de 1755. Falleció en Cañete, el 15 de julio de 1833. Médico, naturalista, meteorólogo, catedrático universitario, político, precursor de la independencia del Perú. Reformador de la Medicina y fundador de la Escuela de Medicina de San Fernando (Universidad Nacional de San Marcos). Miembro de la Sociedad de Amantes del País y redactor del Mercurio Peruano. Colaboró con los últimos virreyes del Perú y luego con los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar. Fue ministro de Hacienda (1821-1822 y 1824-1825), de Gobierno y Relaciones Exteriores (1824 y 1825) y presidente del Consejo de Gobierno (1825-1826). También fue diputado y presidente del primer Congreso Constituyente del Perú (1822-1823).


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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