abril 18, 2024

La ignorancia o intención oculta del presidente Uruguayo


Por La Época -.


El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, afirmó el jueves pasado, ante varios medios de comunicación nacionales e internacionales, que en Colombia, Paraguay, Bolivia y Europa se esconden los peces grandes del narcotráfico, y minimizó la forma en la que el tráfico de drogas se presenta en su país.

Las declaraciones del jefe de estado uruguayo pueden ser tomadas de dos maneras, ambas contradictorias: o tiene un desconocimiento total de la geopolítica de las drogas en América Latina y el mundo, o lo que quiso hacer es desviar la atención de los medios sobre la responsabilidad de su gobierno en la otorgación de un pasaporte a Sebastian Marset para salir de Emiratos Árabes Unidos, donde estaba detenido.

Si fuera lo primero, Lacalle desconoce que el tráfico de drogas actual, sus formas y métodos, ha dado por finalizada la clasificación utilizada en las décadas de los 80 y 90 para estudiar el campo del narcotráfico. Nos referimos a la separación de países productores, de tránsito y consumidores. Con esa caracterización se justificaba la teoría de que había que presionar sobre la oferta a través del uso de intervención militar en las zonas de plantación de la hoja de coca. Así nació la Guerra Internacional Contra las Drogas y con eso la represión de los campesinos cultivadores.

En los últimos años esta clasificación fue modificándose por varias razones, como el impacto de las políticas de lucha contra el narcotráfico en cada una de los estados, lo que se profundizó desde la pandemia del COVID-19. Por ejemplo, Bolivia –que desde los 80 cultiva menos coca y produce menos cocaína que Colombia y Perú–, no es que haya dejado su condición de país productor, pero ha empezado a ocupar el papel de país tránsito de la droga que se produce en Perú. El otro ejemplo es Ecuador, que no figuraba en la anterior clasificación, ahora, después del desplazamiento del narcotráfico en Colombia hacia sus fronteras, ha empezado a ser un país tránsito y algunas investigaciones incluso sugieren productor en pequeña escala.

Una investigación del periodista brasileño Salvador Neves, un estudioso del narcotráfico en la región, señala que Uruguay se ha ido convirtiendo en uno de los principales puertos de salida de la droga a Europa, pero también en un centro preferencial del lavado de activos del narcotráfico. De lo que sabe hasta ahora de Marset, confirma que esa es una realidad incontrastable.

Por tanto, un abordaje en serio del tema del narcotráfico no podría caer en la ligereza del presidente uruguayo. El tráfico de drogas –en la que la cocaína está siendo desplazada por el fentanilo– es un delito transnacional que tiene, por tanto, operadores y empresarios con nacionalidades no plenamente identificadas. La estigmatización sobre colombianos, peruanos y bolivianos todavía tiene peso en la construcción de una narrativa bastante interesada, pero que contrasta con lo que en realidad está sucediendo en uno de los mejores negocios del capitalismo.

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