abril 20, 2024

¿Apostamos por otra ciudad o insistimos en parchar lo que hay?


Por Esteban Ticona Alejo * -.


Las recientes emergencias en la ciudad de La Paz, por las lluvias torrenciales que ocasionaron que varios ríos se desbordaran de su cauce, sobre todo en la Zona Sur, aunque también hay en la ciudad de El Alto y otros departamentos, nos hacen preguntar: ¿cómo afrontarlos de una mejor manera a futuro?

Más allá de atender lo inmediato a través de la declaratoria de “situación de emergencia y alerta roja”, la gran pregunta es: ¿seguimos apostando por una ciudad construida bajo los parámetros occidentales, sin ninguna planificación y menos pensado hacia el futuro?

Hay que recordar que la ciudad de La Paz se erigió sobre otra ciudad antigua denominada Chuqiyapu Marka. La Paz como ciudad fue pensada para un puñado de “ciudadanos” que querían un fortín para que no ingresasen los indios y otros indeseables. La Zona Sur imitó en alguna medida este espíritu exclusivista. Aún se dice “que vivir en la Zona Sur es estar lejos de las movilizaciones, los bloqueos y el acecho de los indios/as”. Aunque en algunos sectores de la Zona Sur hay habitantes aymaras, quechuas… Pero por el espíritu especial (clasista, racista, etcétera) hay barrios muy privativos, aunque no es la única en el país, porque, por ejemplo, en Santa Cruz algunos “condominios” tienen similares características.

Desde el año 2016 la ciudad de La Paz vive con dos climas extremos y creo que será una constante y no sabemos por cuánto tiempo. Es decir, la sequía extrema y el exceso de lluvias como las de este año. ¿Qué hacer frente a esta dicotomía que fue invariable en los Andes ancestrales? Creo que nunca será tarde para construir otra ciudad, que supondría tomar en cuenta las experiencias de los pueblos ancestrales como la estrecha relación con la naturaleza, el respeto a las cuencas, a las wak’as, etcétera. Pero también apostar por casas que no sean edificios ni tampoco chalets, sino moradas que brinden seguridad, que tengan patio, por supuesto dotado de los servicios básicos que hoy exige el vivir dignamente.

Por la experiencia ancestral, no es casual que varias denominaciones de los ríos que hoy están desbordados denotan sus características. Por ejemplo, Urqujawira, hoy castellanizado como “Orcojahuira,” que significa “el río macho o el gran río macho”. Como también Irpawi, hoy también castellanizado como “Irpavi”, que significa “el río que lleva la mayor torrentera”. Este último hace pocos días hizo estragos a su paso, mostrando porqué se llama así. Los habitantes actuales, ¿alguna vez se preguntaron por qué se denominan así los ríos o los lugares donde habitan? Aquí es clave saber sobre los topónimos en aymara y quechua, que es la orientación básica; pero creo que hoy han echado de menos.

Hoy “las casitas bonitas” o “los chaletitos” de la clase acaudalada en Achumani, Mallasa… y otros sectores de la Zona Sur, se han devaluado, ¿alguien querrá arriesgarse en el futuro comprando casas o construyendo por estos lugares que son amenazados por el gran desborde de los ríos?

Sin lugar a dudas hay grandes culpables para esta gran tragedia que se vive y que podría ser constante. Por un lado, está el Estado en sus diferentes niveles, sea municipal, la Gobernación, de permitir que se construyan casas y edificios en lugares poco aptos, pero también la empresa privada inmobiliaria o vendedores de terrenos, que salen a flote permanentemente con propagandas y lo único que han realizado es aplanar los cerros (varios fueron wak’as) y cubrir los causes de los ríos. Igual están los “loteadores”, que han intervenido con acciones similares a las citadas. Más el ciudadano necesitado de tener un lugar para habitar, que quedó obnubilado de vivir en los supuestos “lugares residenciales”, a pesar del riesgo que significa habitar en lugares cercanos a los ríos o debajo de los cerros.

¿Se seguirá apostando por construir más edificios atiborrados de gentes y sin ninguna garantía de una vida digna? No sería ninguna novedad que los empresarios de las viviendas lancen la propaganda “que desde los edificios veremos tragedias, como las ocurridas en Irpavi y Mallasa…”.

¿Cómo apostar y construir otra ciudad que no solo nos cobije, sino que nos de seguridad y nos permita interactuar con la naturaleza respetándola? Esta política de pensar en otra ciudad no pasa porque tengamos buenos gaviones, cementos que soporten todo, sino por respetar los cauces naturales de los ríos… que supondrá una relación especial con el agua, los ríos, las grandes torrenteras, etcétera. Jichhurunakanxa jiskt’asiñasawa, ¿kunjamsa akat qhiparuxa suma jakasnxa, utjasna?


*       Sociólogo y antropólogo aymara boliviano.

 

 

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