abril 18, 2024

El Maestro, Carlos Daza Leytón

Tuve la fortuna de contactarme con El Maestro, Carlos Daza Leytón, una leyenda viva del rock nacional, fundador de la banda más icónica del país: Wara. No está demás decir que el disco de vinilo más cotizado para coleccionistas de Bolivia es El Inca.

Lo interesante es que pude ir a su estudio, donde estuvimos más de tres horas. El lugar está lleno de premios, discos de oro y platino, afiches de distintas épocas y cuadros. Es un museo de Wara y de su trayectoria musical personal. Aproveché de tomar algunas fotos, incluyendo una selfie. Me mostró su discografía, tanto en vinilos como en cds.

La influencia

“Desde niño me gustaba la música. Mi mamá me llevaba a los festivales de música en el Coliseo Cerrado –que en ese entonces no era cerrado–, al Teatro Al Aire Libre, a los programas de música como El Show de los Sábados, de Micky Jiménez, a través de Radio Méndez, una emisora muy escuchada en los 60 e inicio de los 70. Ahí había grupos nuevaoleros: The Crickets, Los Grillos, los Donkeys, los Loving Darks, cantantes de música latina. Veía el entusiasmo de la juventud.

Mi madre era muy joven e iba con sus amigas. Yo tendría cinco o seis años, me impresionaba todo eso.

En casa escuchaba la música que oían mis papás, como rancheras mexicanas, boleros, tangos, todo lo que estaba de moda en este tiempo.

La música nuevaolera estaba comenzando a surgir en América latina, con gran influencia de grupos mexicanos y argentinos.

Desde niño me gustaba mucho la música, en los cumpleaños trataba de improvisar un escenario, usaba las sábanas, las cortinas (para darle un toque de realidad). Con mi hermano y mis primos hacíamos un conjuntito y tocábamos con peines y bombos hechos de ollas de cocina, esas cosas.

En el año 1963, cuando estaba en los primeros cursos de primaria, fui a un cumpleaños y uno de los amiguitos que tenía un tío medio gringo trajo de los Estados Unidos el primer disco de The Beatles, Please please me, que se grabó prácticamente en un solo día, bajo la presión de su casa de discos. Me encantó el tema ‘A Hard Day’s Night’, pero esa es otra historia. En ese cumpleaños bailamos, los The Beatles me impresionaron demasiado, me encantó su música, pese a que nadie sabía inglés a esa edad los ritmos rockeros eran contagiosos y nos llamaban la atención, porque esa música no sonaba en Bolivia todavía.

En secundaria comencé a escuchar música que llegaba de afuera, no solamente los Beatles, sino The Animals, The Monkeys, The Doors, The Rolling Stones, y todos los grupos que estaban de moda. Ya para el año 1967 aparecieron Steppenwolf, The Who, Cream, Led Zeppelin y Jimi Hendrix, que fue un gran guitarrista y cantante afroestadounidense que contaba además con raíces cheroquis, y más adelante en su carrera participó en el festival de Woodstock de 1969.”

La guitarra

“Esos antecedentes marcaron una influencia para que yo me dedicara a tocar la guitarra.

Cuando tenía 11 años sufrí de un accidente en mi pie, por lo que estuve enyesado un tiempo y mayormente en cama. Mi padre me compró una guitarrita de cuerdas de nylon para que me distraiga. Ahí comencé los primeros avances con la guitarra acústica.

A mis 14 años me compré en una tienda (de las pocas de música) un micrófono para guitarra. Lo amplifiqué en el tocadiscos, porque no tenía un amplificador profesional. Hice magia y sonaba algo parecido.

Así empecé con el gusto a la guitarra. Yo vivía en el barrio de San Pedro, por el Olympic, que de los años 60 hacia adelante fue un lugar muy importante. Fue la Plaza de Toros Olympic, ubicada en la calle Nicolás Acosta. Allí se albergaba mucha concurrencia, había corridas de toros, llegaban circos, había lucha libre y se usaba como campo deportivo. Ahora es un lindo recuerdo.

Con los amigos de barrio jugábamos a tratar de imitar a Jimi Hendrix y a la banda Cream, con su guitarrista y vocalista Eric Clapton, que se caracterizaba por tener un sonido híbrido de blues, rock psicodélico y pop.

Mis padres vieron esa afición por la música. Yo estudiaba en el Colegio La Salle, cuando este estaba ubicado en la calle Loayza. Lo paradójico es que no me aceptaron en la banda, alegaron que no tenía la capacidad para soplar las trompetas. Entonces entré al coro del colegio. Ahí a prendí a cantar y a hacer voces. Finalmente mi padre me dijo que si sacaba buenas notas me compraban una guitarra eléctrica. Me rajé en los estudios y me compraron mi primera guitarra eléctrica, una Yamaha.”

Trash

“El año 1969 empecé a tomar más en serio la música. Seguía en colegio y, con un amigo, a quien de igual manera le gustaba la música, mientras otro amigo tenía el bajo eléctrico, armamos nuestra primera banda, un trío llamado Trash, y empezamos a tocar covers. Su afición (de mi amigo) lo llevó que se haga construir una batería. Había un señor que hacía eso en el barrio de San Antonio.

El año 1977 ya estaba acabando el Conservatorio, que por entonces quedaba en la Av. 6 de Agosto. Teníamos un profesor de armonía, el maestro Gustavo Navarre, que era muy respetado. Era un gran maestro. Cuando estaba dando mis últimos exámenes me pregunta: ‘Carlos, ¿qué vas a hacer ahora que has terminado de estudiar? ’. En ese momento se llegaba a un cierto nivel, no había licenciatura. Le dije: ‘quiero ser director de orquesta’ (porque iba a los conciertos y el director era el capo). Sin embargo, no había en La Paz estudios superiores de música, había que salir al exterior, y lo más cercano era ir a Buenos Aires a estudiar; y, claro, resultaba muy caro para mis padres.

El año 1973 había grabado un disco, El Inca. Tenía mi grupo que era Wara. El Maestro me dio un consejo: estudiar algo más para tener algo de estabilidad fuera de la música. Como la Universidad Mayor de San Andrés estaba cerrada por la dictadura de Banzer entré a la Escuela Industrial y estudié para técnico superior en Electrónica, porque estaba relacionado con la música. Tocar con amplificadores, parlantes y pedales me llamaba la atención. Una vez que egresé conseguí trabajo como jefe de mantenimiento electrónico en la Administración Autónoma de Almacenes Aduanero, donde al mismo tiempo veía con interés el flujo de los contenedores, camiones con mercancías, el ferrocarril de Arica cargado de granos; y por el trabajo cotidiano me identifiqué con la parte del comercio exterior, por lo que ingresé a la Escuela Nacional de Aduanas, donde estudié tres años y salí profesional como Técnico en Comercio Exterior y Aduanas.”

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